El superagente 86 ya tiene nuevo nombre

Imagen de archivo del agente Andrew Wylie, conocido com 'Chacal'. /  Efe
Imagen de archivo del agente Andrew Wylie, conocido com ‘Chacal’. / Efe

Y lo habrán podido adivinar porque no se habla de otra cosa en los mentideros literarios en los últimos días. Se llama Chacal, nombre de título de best seller, y aquel con el que fue registrado para la sociedad es Andrew Wylie, y pasa por ser el gurú de los agentes literarios del mundo, el superagente del momento. La noticia que ha conmocionado al mundillo literario español, y periodístico, al contrario que el anglosajón, que ni siquiera da cuenta de la noticia, es que Chacal se ha quedado con la representación de los escritores que llevaba Carmen Balcells, la superagente literaria que no tiene alias, pero que podría ser la de Agente 99, y que se ha jubilado. En los diarios la noticia ha sido triunfalista, con titulares como nace Balcells & Wylie, que recuerda a Standars & Poors, la nueva superagencia literaria, es decir, insistiendo en que se ha formado una superagencia integrada por primus inter pares. Los que llevamos ya algunos años en esto de la cultura sabemos que entre Carmen Balcells, la superagente 99, y Chacal, con su alias de novela best seller, no hay comparación posible, y la diferencia no consiste en nada que tenga que ver con el talento, con el olfato profesional y ese tipo de cualidades, sino con el dinero mondo y lirondo. La verdad es otra, por mucho que a muchos les duela: Wylie se ha comido a la Balcells , y el ansiado encuentro entre 86 y 99 no se ha producido: no hubo trato de igualdad alguno, solo fagocitación, algo que entraba en los planes de Chacal desde hace por lo menos quince años, ¿quince años ya?, en que abrió oficina en Madrid y puso al frente de ella a Ruth Toledano, que había trabajado antes con Raquel de la Concha.

Publicidad

Anuncio

Ahora Wylie, que quería quedarse con los derechos de Gabriel García Márquez, Vargas Llosa y unos cuantos escritores más ya que, no lo olvidemos, nuestra Carmen Balcells es agente de por lo menos unos seis Premios Nobel entre españoles y latinoamericanos, sencillamente tiene vía libre para formar un entramado de monopolio con las dos Américas: en realidad la noticia de que el matrimonio Balcells & Wylie forma una superagencia es optmista, cuado no irreal, y el problema consiste en que este hombre va a romper el mercado editorial español, ya muy tocado.

No podemos olvidar que el éxito de Roberto Bolaño en los Estados Unidos es cosa suya y, desde luego, los agentes literarios españoles, en este caso habría que hablar casi en exclusiva en femenino, las agentes literarias españolas, porque son mayoría en el sector, están, digamoslo suavemente, preocupadas. No es para menos. Chacal va a entrar como un chacal con el hombre que ha dejado por estos pagos, Guillem d´Efak, y querrá comprar a tocateja a cualquier escritor español que vea pueda remontar las escasas ventas nacionales.

La cosa es terrible porque este hombre ha entrado como un M-45 en un escenario de Hazañas Bélicas en una tierra, sino baldía, sí afectada de pertinaz sequía. Y cuando uno no tiene para comer se lanza a cualquier señuelo que le recuerde, sigamos con el símil de la trucha, una mosca. Wylie ha venido para quedarse… y arrasar, con una estrategia de mercado muy similar a la de otros ámbitos empresariales. Sólo que el terreno literario es especialmente sensible a cualquier terremoto: puede dejar un escenario de tierra arrasada, estéril, durante años.

Pero, ¿hay otra solución en un mundo en que aún se dilucida si apostar con el papel o lo electrónico y donde Chacal, que creía que al formato en papel le quedaba poco tiempo, se ha dado cuenta que es probable que el libro en papel subsista y, es más, gane la partida al electrónico? La única respuesta seria a Amazon, Google y demás, es la concentración editorial y el caso reciente de Penguin Random House es sintomático, pero Wylie juega a todo y posee una editorial digital, la Odyssey, mientras argumenta y desea una larga vida al libro en papel.

Todo esto es cuestión empresarial y en estos pagos no suelo entrar porque nadie me ha llamado. Nunca he terminado de entender la importancia de pervivencia cultural que se le ha dado al agente literario tal y como lo conocemos, que cada se parece más al de los deportistas, y todo este barullo me debería resultar ajeno sino fuera porque se de antemano que todo esto es otro golpe, esperemos que no el definitivo, para la literatura tal y como la conocíamos.

Mientras muchos celebran la llegada de la mega agencia Balcells & Wylie, uno se pregunta ya en qué mundo vive, donde las opciones posibles son Amazon o el modo de actuar que tiene este superagente, capaz de poner de moda a un escritor como Roberto Bolaño en un país remiso a la literatura del continente latinoamericano. ¿Y después de poner de moda al Gabo, a Vargas Llosa y a quien se le ocurra, cual será la próxima jugada?

Imagínense que funda su propia editorial y se apresta a publicar a los autores que representa. Casi, casi, que volveríamos a una nueva manera de sufrir actitudes respecto a la cultura que la Ilustración creyó erradicar.

Y no es lo peor por venir.

Publicidad