Cartier-Bresson, el ojo del siglo XX

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'Madrid, 1933', una de las imágenes de Cartier-Bresson expuesta en la Fundación Mapfre. / Juan Carlos Hidalgo (Efe)

La Fundación MAPFRE acoge, desde el 28 de junio hasta el 8 de septiembre, una de esas muestras que van a hacer del Paseo del Prado y el de Recoletos madrileños una de las grandes citas europeas del verano en lo que respecta al arte: a la de Richard Hamilton en el Reína Sofía y la retrospectiva sobre Mitos del pop en el Thyssen y el consagrado a la figura de El Greco en el Museo del Prado -gran exposición que intenta acercar la obra del genial pintor barroco a la Modernidad-, se suma ahora la que esta Fundación consagra a Henri Cartier-Bresson, uno de los grandes fotógrafos del siglo XX, cofundador de la Agencia Magnum y testigo excepcional de la Guerra Civil española y de la II Guerra Mundial cuando se afilió al Partido Comunista, y fue uno de los primeros en dar cuenta, con su cámara, de las venganzas habidas con los colaboracionistas del campo de concentración de Dachau. Retratos escalofriantes de una época que también supo captar en su lado lúdico, amable, la semana ciclista de París, por ejemplo, o el retrato psicológico como pocos han logrado hacer , los que realizó de  Sartre, Giacometti, magníficos, Matisse, Truman Capote, en fin, sus fotorreportajes de Magnum en Cuba, en Indonesia, en los funerales de Gandhi, en mayo del 68 en París, la muerte de Stalin, la despedida de Benny Moré en Cuba. Una actividad que abandonó cuando el fotoperiodismo adoptó el color y la llegada masiva de la publicidad. Era el año 68.

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Una serie de 500 fotografías que resume muy bien, en las siete secciones temáticas en que está dividida, toda la obra de Cartier-Bressson, desde sus inicios, cuando se hizo amigo de André Breton y los surrealistas hasta el final de su vidas, cuando después de pasar por mil vicisitudes y ya en la vejez quiso volver en su obra a la iluminación poética de las fotos realizadas en su juventud. Es la misma muestra que ha arrasado en el Centro Georges Pompidou de París hasta este 7 de junio y que no sólo ha reunido fotografías sino también grabados, dibujos, pinturas y documentales, pues no hay que olvidar que Cartier-Bresson quiso ser pintor, dedicarse al arte, y que sólo se dio cuenta de las posibilidades que le abría la fotografía cuando se hizo con una Leica, cuando dejó los pinceles y los lápices con los que realizaba líneas constructivistas, geométricas y comenzó a captar instantáneas que le acercaron a lo surreal. Algún día habría que contar la importancia enorme que la invención de la máquina Leica de mano tuvo no sólo en la historia de la fotografía, en su desarrollo, sino también en la formación de varios genios de la fotografía, como Cartier-Bresson, y desde luego en el fotoperiodismo, que no volvió a ser el mismo después de ese invento.

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La exposición también recoge parte de la obra pictórica de Cartier-Bresson. En la imagen, 'Taller de André Lhote. 1927'. / J. C. H. (Efe)

La muestra recoge lo mejor de la obra de Cartier-Bresson, pero conviene resaltar su faceta menos conocida, muy bien representada en esta exposición: Cartier-Bresson fue ayudante de dirección y figurinista cuando militaba en el Partido Comunista de Jean Renoir y aquí se recogen algunos documentales que Bresson realizó sobre la guerra de España, como el titulado La victoria de la vida, que le encargó el Centro Sanitario Internacional. Las imágenes son excelentes, con una técnica expresionista muy propia de los documentales soviéticos a lo Dziga Vertov, y describe la vida con los heridos del frente en varios hospitales españoles, el trabajo de los médicos, de las enfermeras y concluye con una voz que pide ayuda para la España mártir.

Cartier-Bresson fue, ante todo, un fotógrafo rebelde: cuando se celebró la proclamación del rey Jorge VI de Inglaterra en mayo de 1937, en vez de fotografiar al rey decidió dar voz a la gente fotografiándolos a ellos en tamaña ocasión. Esa rebelión que se conformó como una ruptura con todo convencionalismo en el modo de hacer fotografía le vino de su amistad con los surrealistas, de los que aprendió ese compromiso ineludible con la libertad y el mirar siempre con cierto resquemor al poder .

Regards, la revista del Partido Comunista Francés, que dirigió Louis Aragon, el afamado surrealista de El campesino de París, fue la publicación en la que Cartier-Bresson comenzó a colaborar. Allí expresó su manera de entender el mundo haciendo instantáneas de gitanos, de mendigos, de los débiles que deambulaban por las calles de París. De este modo se aunaron durante una temporada el espíritu poético de aquel Aragon que cantó los Pasajes parisinos, como analizó genialmente Walter Benjamin, y el espíritu de los desheredados que Cartier-Bresson fotografió con genio desmedido.

A partir de aquí, de retratar a la pintora Leonor Fini, artista del erotismo sugerente e hiriente, de mostrar en un urinario al poeta Charles Henry Ford, gesto que luego se ha copiado hasta fotografiar a Jorge Luís Borges en tamaña disposición, Henri Cartier-Bresson se convirtió en Henri Cartier-Bresson, dueño de un estilo propio, irrepetible, de maestro. La exposición que le montó nada menos que el MOMA de Nueva York en 1947, cuando nace la Agencia Magnum, marcó el momento álgido de la obra de Cartier-Bresson, momento que se extendió durante décadas en el fotoperiodismo hasta su retirada del mismo en 1968, año de las revueltas del mayo francés. A partir de estas fechas se dedicó al retrato, convirtiéndose en uno de los grandes del siglo XX por su penetración psicológica y la belleza plástica de sus encuadres, instantáneas que poseen el valor de un cuadro y el valor de un momento captado en vida, propio de la fotografía.

El material expuesto en MAPFRE proviene de varias instituciones: el Centro Georges Pompidou, la Fundación Cartier-Bresson, la Cinemateca Francesa, el MOMA de Nueva York, el Art Institute de Chicago, el Philadelphia Museum of Art y el Metropolitan neoyorkino.

Algo grande.

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