Almagro y Mérida, el color del teatro

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Cartel de Edipo Rey
Detalle del cartel de Edipo Rey, que este año cierra el Festival de Teatro de Mérida. / festivaldemerida.es

Ya en plena efervescencia, las dos capitales del teatro clásico, Almagro y Mérida, despegan del suelo sus mejores artes sobre las tablas para levitación general de las almas amantes del drama. Para que acabe de ser gore, al cartel del Festival de Almagro le faltan unas gotas de sangre y cierta recreación de la herida producida en la palma de la mano por una rosa, pero la verde y fresca hierba del fondo suaviza la impresión producida.

Aunque empezó el pasado 3 de julio, el trigésimo séptimo Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro tiene mucho que ofrecer hasta el 27 de este mes, cuando baje el telón hasta el año que viene: 52 compañías en 16 escenarios distintos pondrán en marcha 98 representaciones de 58 obras, de las que, burla, burlando, como digo, algunas ya han sido. De todas esas representaciones, once supondrán estrenos absolutos de autores de los que creíamos que se había representado ya todo: Calderón, Shakespeare, Lope de Vega, Moreto o Rojas Zorrilla, entre ellos. Pero a los clásicos se suman los autores contemporáneos que juegan con los clásicos; algunos, como el director italiano, Andrea Baracco, repiten este año con una recreación de Hamlet, Amleto, tras el éxito que tuvo su Julio César de hace dos años. Los británicos, Laurence Bolwell, que dirige, con Rafael Díez-Labín, El perro del hortelano, el día 26; y Paul Adkin, que presentará el día 12 Noticias del nuevo mundo descubierto en la luna. Es tan rica la programación que conviene mirársela despacio.

Una novedad interesante es la inclusión de la danza –que, por lo visto, formaba parte del corral de comedias cuando fue creado en el siglo XVI- presente en un Taller de Danza del Siglo de Oro que dirige María José Ruiz Mayordomo, con la Compañía de Danza Histórica Esquivel. Eso será del 22 al 24 de este mes.

En cuanto a Mérida, agotadas ya las representaciones de la ópera Salomé, de Richard Strauss, se inició el calentamiento que prepara para el día 9 la obra Medusa, la guardiana, el ballet flamenco de Sara Baras, quien planta a los bailaores en el seno del templo de Atenea. Dos obras de Aristófanes, autor debilidad del director de Mérida, Jesús Cimarro, forman parte del programa de este año, Las ranas (del 23 al 27 de julio) y Pluto (del 30 de julio al 3 de agosto).

El festival incorpora este año una película documental sobre los 60 años de teatro clásico que está celebrando en 2014: Mérida, el gran teatro del mundo, el 20 de julio. Muy buena idea la de recoger un titulo de Calderón, autor no suficientemente celebrado y que deslumbró al mismo Goethe, en su día, con toda la razón.

El festival se cierra con Edipo Rey, de Sófocles, una alegoría de los extremos a los que puede llegar un ser humano para obtener el poder y uno de tantos ejemplos literarios que han ayudado a la ciencia a esclarecer los puntos oscuros del conocimiento humano, en este caso, los males de la mente. Los clásicos encierran la sabiduría insuperada de la especie. Si aprendiéramos bien de ellos nos ahorraríamos muchas desgracias. Pero se ve que la condición humana es poco de aprender y mucho de repetir errores. Sólo hay que ver un telediario para constatarlo. Mejor, el teatro.

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