Nadine Gordimer, la escritora que supo denunciar como nadie el ‘apartheid’

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La escritora surafricana y premio nobel de literatura, Nadine Gordimer, en una imagen de archivo tomada en La Habana (Cuba). / Alejandro Ernesto (Efe)

Nadine Gordimer, la escritora sudafricana que supo como nadie, fue su coraje moral e intelectual, denunciar el estado del apartheid, ha muerto a los 90 años en la tarde del domingo, según ha informado la South African Radio. Le había sido concedido el Premio Nobel de Literatura en 1991. Eran tiempos en que había que recompensar en cierta manera una labor silenciosa, heroica, pocas veces descritas en la literatura. Tan arduo era el asunto que una novela como El factor humano, de Graham Greene, nos habla bien a las claras de lo terrible del aquel régimen. Era aún 1978.

Leí varias novelas de Nadine Gordimer, que entre nosotros publicó primero Versal, y ahí caí en la cuenta de lo que era el apartheid por dentro, es decir, las implicaciones sociales, políticas y morales del mismo. Lo que sucede es que hay otro escritor sudafricano, J.M. Coetzee, que me parece un escritor de mucho mayor fuste que Nadine Gordimer, pero también hay que decir que siendo los dos representantes blancos en abierta confrontación con la política del apartheid, lo cierto es que fue Nadine Gordimer, de una generación anterior, la que sostuvo una actividad y un compromiso político más claro, hasta el punto de adherirse al Congreso Nacional Africano, de Nelson Mandela, mientras Coetzee construía un mundo desolador, una tierra baldía y terrible, casi apocalíptica, sin redención posible, pero emigrando a Inglaterra como sabemos si leemos Juventud, un libro bello y lleno de esperanza.

Pero Nadine Gordimer, en una postura muy en la línea de los liberales anglosajones, adquirió un compromiso moral ineludible y en sus novelas trató el tema del apartheid de manera casi obsesiva. Nadine Gordimer había publicado dos novelas, un libro de relatos y una obra de teatro representada cuando, en 1962, conoció a Nelson Mandela a través de los abogados del líder negro, que además la representaban a ella por otras causas.

Fue más que un flechazo pues conocer a Mandela fue la que le dio un destino como escritor, lo que es decir mucho. Hasta entonces, Nadine Gordimer era una escritora que defendía la libertad en términos abstractos. A partir de entonces supo donde se encontraba su camino, las historias que tenía que contar, su país se le apareció de forma coherente, como un vasto panorama de esperanza.

Ayudó a perfilar algunos discursos de Mandela, de la que ella era autora, refugió en su casa a perseguidos políticos y como era blanca y escritora supo que la repercusión internacional de su obra estaba ligada a esa causa y que esa causa no podía ser traicionada.

De ahí que todas sus novelas, en principio, se refieran a temas relacionados con el apartheid. El conservador, por ejemplo, es el retrato terrible de un empresario blanco, reaccionario, que es abandonado incluso por su familia porque no soportan su mundo lleno de odio y violencia. Su libro más famoso, sin embargo, sea probablemente La hija de Burger, que es obra mucho más esperanzada hasta el punto de que muchos le han reprochado con los años, por ejemplo su biógrafo Robert Shures Robert, que con el tiempo se hubiera convertido en la portavoz de las esperanzas del Congreso Nacional, obviando los problemas reales y terribles que seguían, y siguen, consumiendo ese país como si la abolición del apartheid la hubiese dejado sin objeto real con que reaccionar.

La Hija de Burger es el relato de dos generaciones de blancos comunistas de Johannesburgo. Creo que ese ha sido el límite que el tiempo otorga a cada persona, ese ha sido el límite de la persona Nadine Gordimer: si su vida estuvo ligada a Mandela y al Congreso, cuando estos se normalizaron, la obra de Gordimer quedó justificada porque ese fue su destino. No quiso ir más allá y el Nobel además, salvo casos raros, otorga una especie de púrpura institucional de que Nadine Gordimer supo aprovechar para llevar a buen término su propaganda a favor del Congreso Nacional, pero que acabó por cobrarle factura en forma de símbolo de la reconciliación y así ha pasado a los manuales de literatura. Ella fue consciente de esa merma cuando, en unas declaraciones, afirmó que se había dedicado toda su vida a escribir novelas y que por eso era una escritora.

Muchas veces los malentendidos tienen que ver con el éxito. Sobre todo.

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