JUAN ÁNGEL JURISTO | Publicado: - Actualizado: 7/1/2017 16:16

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Fotografía facilitada por el Festival de Bayreuth de un ensayo de la ópera ‘El oro del Rhin’, dirigida por Frank Castorf, que se representa hoy domingo. / Efe

Increíble pero cierto: el Festival de Bayreuth, el incontrovertible, el símbolo de Alemania, el peaje obligado de dimes y diretes respecto a la filia pronazi de muchos de sus directivos, la nieta de Wagner se rodeó de la corte hitleriana en su momento y el mismo Führer se dejó agasajar por ella desde los tempranos tiempos de la Fundación del Partido, el Festival motivo de escándalo año tras año por sus montajes estrafalarios, y mediáticos, sobre todo mediáticos, este año se inaugura sin apenas notición periodístico, recordemos que el año pasado las dos biznietas se pelearon públicamente por la dirección del Festival,que ha pasado finalmente a Katharina Wagner hasta el año 2020, salvo que Angela Merkel, por primera vez en veinte años, no asistirá a la gala de inauguración del mismo. Todo un símbolo, pues la Canciller es asidua del Festival, le gusta, se hace acompañar de su marido y afirma complacida que ama la parafernalia wagneriana… a pesar de los escándalos.

Bueno, eso y que por primera vez en su historia, el Festival se celebra desde 1876, el aforo no se ha completado por lo que la reventa, algo obligado en Bayreuth y donde muchos sacaban enorme tajada, se ha desfondado, tanto que todavía quedan entradas libres. Increíble si se tiene en cuenta que altos directivos de empresas de Estados Unidos y Japón, amén de los cargos políticos, tenían a gala asistir al Festival el día de su inauguración y que no era nada fácil asistir a la misma.

Que Bayreuth necesita un cambio es evidente porque ha sido un Festival en el que, a pesar de su enorme repercusión mediática, o quizá por ello mismo, ha sido desnaturalizado en lo que el propio compositor quiso se convirtiera, un Festival en loor de su obra, sí pero también algo más, no una caricatura que amenace con desmoronar todo un legado musical y teatral. Por no salvarse no se salvan ni las cubiertas del teatro, que amenazan desprendimientos. Katharina Wagner dijo no tener fondos suficientes para su reparación y la sombra de la corrupción se ha cernido, por si fuera poco, no tenían bastante con lo del nazismo, sobre el Festival. La verdad: llueve sobre mojado.

Este año, en el pueblo donde se asienta el teatro, se ha inaugurado una exposición sobre Franz Wilhelm Beidler, primer nieto de Wagner, era hijo de Isolde, la hija ilegítima de Richard y Cosima Wagner cuando aún no estaban casados y Cosima era Cosima Liszt, hija de Franz Liszt, que fue un destacado antinazi y un adversario declarado de la parafernalia de Bayreuth. Esta es la contradicción en que se desarrolla el Festival: posee un lado ligado en el pasado al nazismo que es mejor no remover. Y eso hasta el día de hoy.

Este sábado además, la inauguración fue un desastre. Angela Merkel mandó al Ministro de Sanidad, Groehe, que cumplió a rajatabla con el protocolo. El público estuvo escuchando la Obertura de Tannhauser en la Colina Verde a fin de dar paso a la audición de la ópera dentro del recinto del teatro, una obra con montaje de Sebastian Maurgarten, que no despertaba grandes entusiasmos. Nada más acabar la Obertura se oyó un estruendo proveniente del interior del recinto y una voz por megafonía anunció que por motivos de seguridad la ópera quedaba interrumpida. Una parte del decorado se vino abajo, la correspondiente al Venusberg, y una vez subsanado el problema la representación de la obra ha comenzado. Una hora de retraso.

Pero para muchos esto es una metáfora ruidosa de un Festival que está haciendo aguas. El montaje de Maurgarten no ha despertado grandes ánimos, pero ni siquiera una batuta como la de Kyril Petrenko, que dirigirá nada menos que la Tetralogía del Anillo es capaz de hacer remontar la edición de este año, el mal fario que se ha apoderado de Bayreuth. Ni tan siquiera el saber que Christian Tieleman dirigirá El Holandés Errante.

Y es que este año, por no haber, ni siquiera se han preocupado de informar con criterios periodísticos elementales, algo imperdonable, como ha ocurrido con la cancelación de la rueda de prensa internacional que se ofrece todos los años. A falta de rueda de prensa han subido 5 euros las tasas de aparcamiento en los alrededores del Teatro y, para colmo, la previsión meteorológica anuncia fuertes lluvias a lo largo de la semana que viene.

La razón de que Merkel no haya asistido a la inauguración es motivo de conjeturas, de hecho el sillón que ocupa en Bayreyth se va a quedar vacío y nadie tomará su lugar, y muchos creen que ello se debe a no querer tomar postura ante el desafío que ha lanzado Frank Castorf, vapuleado el año pasado por la dirección de la Tetralogía y que pasa por una mala racha en la administración del Volkbühne de Berlín, que regenta desde 1992, contra Katharina Wagner a la que acusa de involutiva, por no llamarla pronazi, y perseguidora de todos los montajes vanguardistas habidos en Bayreuth en los últimos años. La acusa de filonazi pero también de convertir Bayreuth en una sala con ambiente de la RDA. Ya todo vale.

Por si fuera poco hay que decir que Katharina Wagner fue discípula del genialoide Castorf, a quien considera su maestro y mentor. El caso es que hay rumores de que si la cosa no va a más, Angela Merkel se personará el último día, el 31, en que se clausura el Festival.

Castorf, que parece no hay año en que no quiera ser sujeto mediático, ha dicho de Bayreuth y de la gestión de Katharina Wagner que le recuerda la RDA porque el tedio ha vencido al ímpetu y el servilismo y el miedo se han enseñoreado del Festival. En cualquier caso éste está tocado y lo sucedido este sábado es el peor anuncio de lo que se espera: que el aburrimiento haga que los diarios dejen de hablar de Bayreuth como piedra de escándalo en los montajes, y si los diarios no hablan de Bayreuth el Festival no puede sostenerse con la semana wagneriana. Nos quedan siete días para saber en qué acabará todo esto. Mientras, los aficionados confían en la reposición de Lohengrin, de Hans Neuenfels y Andris Nelson. Ya dijimos: una reposición. Así vamos.

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