Grandes novelas del siglo XX

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David Torres

Reducir la narrativa del siglo XX a diez libros es un empeño ciertamente imposible, aparte de ridículo, entre otras cosas, porque nos falta perspectiva para saber qué selección hará el tiempo, que es el juez supremo, y porque de momento juzgamos desde un canon blanco, indoeuropeo, masculino y occidental. Aun así, aunque sólo sea por diversión, no estaría de más repasar unos cuantos títulos más o menos fundamentales, de ésos que sospechamos que el futuro colocará en un pedestal.

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Cubierta de la primera edición de Ulises. / Wikipedia

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Ulises, de James Joyce

Para unos, el libro más hermoso del mundo; para otros, una de las más solemnes formas del tedio. Entre los primeros, algunos de los grandes narradores del siglo, Anthony Burgess y Vladimir Nabokov; entre los segundos, Paulo Coelho. “La historia es una pesadilla de la cual estamos intentando despertar” escribió Joyce, que despertó con este libro inmenso donde intentó meter todo lo que antes había quedado fuera de la novela: las horas muertas, las funciones fisiológicas, el rumor de la conciencia, la cháchara insustancial, el goteo imperceptible del presente. Lo hizo con un lenguaje esplendoroso, con la plantilla de la Odisea homérica aplicada sobre una jornada dublinesa perfectamente trivial y con un humor irlandés que no renuncia ni a la obscenidad ni a la lujuria ni a la escatología.

 Por el camino de Swann, de Marcel Proust

En el primer tomo de En busca del tiempo perdido, probablemente el mayor empeño narrativo de la historia, Proust va rompiendo todas las leyes de la novela para ir armando la suya partir de un instrumento esencial: la memoria. Si Joyce intentaba atrapar el escurridizo momento presente, Proust es el poeta del pasado, el sabueso melancólico que rastrea entre sus más nimios recuerdos a través de la jungla de los cinco sentidos y que, como un paleontólogo arma el esqueleto de un dinosaurio con la pista de un único hueso, es capaz de reconstruir la infancia entera a partir del aroma de una magdalena mojada en té.

El proceso, de Franz Kafka

Novela inacabada y estrictamente inacabable, El proceso es una pesadilla de la vulgaridad, un infierno burocrático escrito en círculos concéntricos que despide ese aroma intangible a absurdo y a vértigo que le ha dado a la literatura universal un adjetivo único: kafkiano. La odisea de Joseph K., quien un día es acusado de no se sabe qué delito y que va enredándose a cada paso que da por los pantanos de la jurisprudencia, profetiza los horrores de un siglo de dictaduras, injusticias y masacres que tiene en el gran visionario checo su cirujano más preciso.

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William Faulkner en una imagen de 1954. / loc.gov
El ruido y la furia, de William Faulkner

La epopeya de una saga familiar que ocupa varias décadas se reduce a cuatro únicas jornadas minuciosamente desmenuzadas. Ya sólo por su estructura, este libro alucinante constituye el mayor laberinto temporal de la narrativa contemporánea. Pero es mucho más que eso, puesto que también oculta un canto a la decadencia, al incesto, al deseo, al suicidio, a la inocencia y al olvido. En la primera de esas jornadas, el lector, exasperado por el estilo elusivo y torpe del monólogo, tardará un tiempo en comprender que está contemplando el mundo desde el interior de un discapacitado psíquico, Benjy, una proeza sin parangón en la literatura moderna.

Las uvas de la ira, de John Steinbeck

Después de escribir varias crónicas que plasmaban la miseria y la pobreza de las familias sacudidas por la Gran Depresión, Steinbeck comprendió que el periodismo se le quedaba corto y que necesitaba echar mano de la ficción para contar toda la verdad. Documento implacable de un lugar y un tiempo, Las uvas de la ira es la historia del éxodo de la familia Joad en busca del sueño imposible de California, un monumento al dolor, a la esperanza y a la dignidad humanas y una denuncia casi insoportable de la brutalidad esencial del capitalismo.

Pedro Páramo, de Juan Rulfo

En poco más de cien páginas, Rulfo levantó el relato de fantasmas más aterrador de la literatura, una odisea de muertos que transcurre a pleno sol, en la llanura ardiente de México, y que cifra también la historia de la revolución traicionada. Cincelada en un castellano seco, mineral y perfecto, con diversos flujos temporales entrecruzados en varios planos de realidad, esta novela transciende los géneros, la fantasía y el realismo en un territorio literario prácticamente virgen. García Márquez contaba que hay dos novelas cortas que se leyó de un tirón y que lo dejaron sin dormir toda la noche: una, La metamorfosis de Kafka; la otra, Pedro Páramo.

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Edición conmemorativa de 'Cien años de soledad' hecha por la RAE. / rae.es
Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez

Poco se puede decir que no se haya dicho ya sobre esta novela asombrosa, una de las cimas de la imaginación humana. Las sucesivas generaciones de la familia Buendía, los Aurelianos y los José Arcadios, las Amarantas y las Úrsulas, forman un microcosmos de la historia latinoamericana que, en manos del gran narrador colombiano, se eleva al rango de una tragedia griega. La política y la poesía, la selva y la civilización, la paz y la guerra fluyen a lo largo y lo ancho de trescientas páginas cinceladas en una prosa geométrica y sensual en donde no sobra ni una sola palabra.

El tambor de hojalata, de Günter Grass

En un ensayo célebre escrito poco después de la Segunda Guerra Mundial, George Steiner se preguntaba si la lengua alemana, el mismo instrumento glorioso que había sido el laúd de Goethe, de Nietzsche, de Mann y de Rilke, podría sobrevivir a los ladridos de Hitler. La respuesta vino pocos años después cifrada en esta novela asombrosa que es, entre otras cosas, un análisis exacto de las condiciones que hicieron posible el nazismo. Con la historia de Oskar Matzerath, el niño que no quiso crecer y que aporrea sin cesar su tambor ante los despropósitos del mundo, Grass escribió también la historia secreta de Europa.

Hijos de la medianoche, de Salman Rushdie

Antes de hacerse tristemente célebre por la fatwa que lanzó contra él el imán Jomeini a raíz de la publicación de Los versos satánicos, Rushdie ya había asombrado el mundo con este libro delirante donde se perciben las huellas de Sherezade, de Rabelais, del Ramayana, de Grass y de García Márquez. En ella intentó explicar en clave fantástica el drama de la India a través de la historia de mil y un niños nacidos justo en el primer minuto de la independencia.

Poderes terrenales, de Anthony Burgess

A través de los recuerdos de un octogenario premio Nobel de Literatura, homosexual y declarado apóstata, Burgess levanta un grandioso fresco histórico que abarca de Inglaterra a Malasia y de Italia al Caribe, los movimientos de vanguardia, el fascismo, el nazismo, el catolicismo, la Segunda Guerra Mundial, la teología, la música, el cristianismo y las huellas del mal en una narración oceánica que fluye con el pulso de una sinfonía. Humor, amor, horror, emoción, fe, desesperación, Dios y el diablo: todo cabe en este libro glorioso que parece un compendio del arte de contar elevado a su máxima potencia.

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