Bohumil Hrabal, antiguo como el mundo, juvenil como el alba

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Juan Ángel Juristo

Bohumil_Hrabal_Tierno_Bárbaro
Cubierta del libro de Bohumil Hrabal.

Inédita hasta ahora en español, se acaba de editar por Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, Tierno bárbaro, una nueva novela de Bohumil Hrabal, uno de los grandes narradores europeos del siglo pasado y que, sin embargo, no ha adquirido la notoriedad que de su excelencia literaria cabría esperar. Hace unos meses, la Casa del Lector, en Madrid realizó una exposición sobre la figura del escritor checo, a la que siguió la biografía monumental que sobre él escribió Monika Zgustová, Los frutos amargos del jardín de las delicias, que ha publicado igualmente Galaxia Gutenberg Círculo de Lectores, empeñada en editar de nuevo la obra de Hrabal que se halla desperdigada en ediciones españolas ya inencontrables. Este encuentro, con asistencia de autoridades de instituciones checas, fue el último que ha habido en Madrid sobre Hrabal y hay que decir que a pesar de no ser reconocido en su valía el escritor siempre gozó de cierto eco en España debido quizá a circunstancias políticas muy determinadas, los años setenta y la lucha por las libertades democráticas en el tardofranquismo, pero también porque Hrabal fue un escritor cuya obra ha sido profusamente llevada al cine, desde Trenes rigurosamente vigilados a Yo, que serví al Rey de Inglaterra, aunque todo esto fuera cosa de Jiri Menzel, admirador de la obra de Hrabal y que ha llevado a la pantalla unas versiones de novelas que pasan por ser canónicas, como Alondras en el alambre, Fiestas de campanillas blancas y Tijeretazos.

Tanto las versiones cinematográficas de las novelas de Hrabal como su fama en los años setenta en Europa, coincide justo con la prohibición de su obra en Checoslovaquia por ser miembro firmante de la Anticarta, en la Primavera de Praga, siendo expulsado de la Asociación de Escritores Checos y teniendo que buscar refugio en las tabernas que adoraba y en su casa del bosque. Hrabal era el escritor checo que en esos momentos, desde luego mucho más que Havel, se convirtió en figura emblemática de la resistencia checa a la invasión soviética y, por tanto, en el símbolo de la literatura checa más excelente, a pesar de Jaroslav Seifert y algún que otro poeta mayor que había optado por el silencio. Luego vino el lanzamiento de Milan Kundera, cuando la literatura dio un giro a posiciones menos relacionadas con el interés político y eso jugó en detrimento de Hrabal, un escritor nada vinculado a la política, como Havel, pero si símbolo de la Chequia de los viejos tiempos, un país que necesitaba renovarse para los nuevos y que se encontró en el exilio a un Milan Kundera.

Tierno bárbaro es una novela, casi me atrevería a llamarla nouvelle, muy de aquella época de prohibición. De hecho la escribió en 1973, cuando su obra se publicaba en la clandestinidad, de hecho Una soledad demasiado ruidosa, una de sus obras maestras, escrita en 1977, tuvo que ser publicada en samizdat y editada ya en los ochenta pero en Colonia. La narración es un estallido, un canto lírico como pocos me ha sido dado leer de un novelista y las dos primeras páginas del libro son de un atrevimiento estético excepcional. Tierno bárbaro es un homenaje a la memoria del pintor y poeta Vladimir Boutnik, que fue vecino suyo y amigo durante muchos años y con el que compartió borracheras que no acababan nunca. El libro, escrito en la soledad de su casa del bosque, en Kersko, rememora los años en que Hrabal y Vladimir, como una pareja a lo Beckett, se paseaban por las tabernas de una Praga surreal, poblada de personajes tan mágicos y atrabiliarios como ellos.

Muchos han querido ver en esta novela, por el tratamiento de los personajes, una influencia de la cultura beat que se enseñoreaba de la literatura norteamericana, pero una mirada más atenta nos hace ver que si bien esa actitud puede ser paralela, la correspondencia de los gestos y actitudes en el arte en un determinado momento puede ser pasmoso, lo cierto es que no hay nada en ella que no esté presente en toda la obra anterior de Hrabal: la imaginación delirante de las situaciones, la enorme carga poética que otorga a lo cotidiano, sacando retazos mágicos del polvo, del barro,del maullido de un gato, del trazo de una línea de espuma de cerveza en un labio... y Tierno bárbaro es el homenaje a un amigo, uno de los cantos más bellos que se han escrito últimamente sobre la amistad, su lado luminoso, de comunión entre dos personas, de lenguaje hecho de signos, de susurros, de silencios. Vladimir era uno de los artistas checos más proclives a enseñar a sus amigos lo que significaban las vanguardias de los años cincuenta y sesenta. Es probable que de esta actitud, que influyó enormemente en Hrabal, se haya querido ver la supuesta influencia beat, pero sucede que ese tono es el adecuado para escribir sobre Vladimir, ese modo de impregnar el aire de una época con el perfume de la misma, y Hrabal, escritor de enormes recursos, haya en ese canto a los materiales humildes, a la ternura hacia todo lo existente, sentimientos de Vladimir, encontrado un modo casi cósmico de entender la vida, de reconciliarse con ella, y eso a pesar del posterior suicidio de Vladimir, a raíz de los sucesos de Praga del 68. La fuerza que se desprende del libro es descomunal, en relación inversa a la extensión del mismo y hay una condensación de imágenes en un estilo llano hasta el paroxismo que otorga a esta narración una categoría cercana a la de pequeña obra maestra.

Extravagante, poseedor de capacidades presentes en la tradición expresionista de la cultura centroeuropea desde la Edad Media, hay momentos en la narración que parecen escenas de Cranach,Tierno bárbaro es un libro que quiere dar cuenta de la vida como celebración Ahí reside su coraje, su valía. Es el homenaje a un amigo pero también la salvación obligada de un escritor recluido en su casa del bosque y perseguido por las autoridades de su país, una casa en la que los gatos le esperaban junto a la carretera para acompañarle a la misma cuando se ausentaba de ella durante el día. Esa celebración, la de los gatos, es metáfora de su modo de concebir la vida. Los gatos le esperaban, y la anécdota es cierta, pero hasta eso hay que sabérselo ganar.

La traducción es de Kepa Uharte.


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