Philip Larkin, la experiencia es la verdad

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Juan Ángel Juristo

Portada de la obra Poesía Reunida de Philip Larkin.
Portada de la obra Poesía Reunida de Philip Larkin.

La reciente edición por parte de Lumen de la Poesía Reunida recoge la casi totalidad de la obra en verso de Philip Larkin -falta su primer libro, El barco del norte-, uno de los grandes poetas británicos del siglo XX, lo que es decir mucho en un tiempo enseñoreado por el magisterio de T.S. Eliot y W.H. Auden, sin ir más lejos, y pasado por la figura de Dylan Thomas, del que se cumple este otoño el centenario de su nacimiento. El volumen incluye Engaños, Las bodas de Pentecostés, para muchos su mejor libro, y Ventanas altas, tres libros, poemarios, que con dos novelas, entre las que se encuentra Jill y un libro sobre jazz, era un apasionado del género, completan la totalidad de la obra del escritor. Esta edición, muy bella, añade algunos poemas, una selección bastante amplia, no publicados en forma de libro y que se hallan desperdigados por revistas. Sin poseer la categoría otorgada a los poemas publicados en libro, se encuentran en este apartado algunos de ellos que son reconocidos por su excelencia y fama, como Albada, poema que resume con justeza todo el apartado larkiano. La versión de los poemas ha estado a cargo de Damián Alou y Marcelo Cohen, que han preparado la edición y autores de un esclarecedor prólogo y un epílogo.

Para entender la importancia de Philip Larkin conviene situarlo en su tiempo dentro de la poesía británica, que además suele contar con bastante tino la sucesión de las generaciones. Así, a la generación de principios de siglo, los Ezra Pound y Eliot, les sucede los de los años treinta, con Auden, Louis MacNeice y Stephen Spender, una generación comprometida en lo social, recordemos el poema de Auden, Spain, motivado por la guerra civil española y la presencia de Stephen Spender en el Congreso de Escritores en Defensa de la República, que tuvo lugar en Valencia en el 37 y que repitió, tuve con él una hermosa conversación en el cincuentenario de ese Congreso, que reunió en Valencia en el 87 a figuras importantes del mundo cultural en español, Octavio Paz, que fue presidente del Congreso, Mario Vargas Llosa, Jorge Semprún, Guillermo Cabrera Infante...

En la década siguiente reina como un astro solitario en su genialidad Dylan Thomas, ya en los cuarenta, un poeta preterido en su país y adorado en Nueva York, murió de un delírium trémens después de haberse bebido dieciocho whiskies, hasta el punto de que un joven poeta y cantautor llamado Robert Zinmmerman se cambió el nombre por el de Bob Dylan en honor de su maestro. Hay que tener en cuenta que la actitud de Dylan Thomas prefiguró en cierto modo a la generación beat, que vino poco después y ésta lo tuvo siempre como un predecesor suyo.

A Larkin hay que entenderle en el contexto de la generación de Los Beatles, tiene un hermoso poema dedicado al primer disco que grabó el conjunto, cuando Harold Wilson era primer ministro y el Swinging London arrasaba en medio mundo. Es decir en el contexto de los Jóvenes Airados, que en su versión poética se llamó The Movement, que contaba con poetas como Gunn, Enricht y el también novelista Kingsley Amis, amigo personal de Larkin y que ahora es citado por todos como "el papá de Martin Amis". Y esa contextualización es esencial pues Larkin es poeta que se ajusta como un guante a ese ir contra la retórica de las generaciones anteriores intentando propiciar un cambio radical en las costumbres de la isla, algo que no le impidió manifestarse propicio a algunas propuestas de la señora Thatcher, él, que rechazó todos los premios que le otorgaban, incluso el de poeta laureado, y se encerró durante toda su vida en un rincón apartado de la isla Hull, de difícil acceso, en cuya universidad ejerció de bibliotecario.

Tan antirretórico se mostró que aún hoy su propia retórica escuece a algunos: "Cuando veo una parejita e imagino/que él se la folla y ella toma/píldoras o usa un diafragma/sé que ese es el paraíso/que todo viejo soñó la vida entera/ataduras y prejuicios desechados/como una cosechadora obsoleta, y los jóvenes/deslizándose sin límites, ladera abajo/hacia la felicidad". Ni que decir tiene que el poema, Ventanas altas es uno de los más grandes de Larkin, pero lo que me interesa destacar aquí no es el esplendoroso final, que no he transcrito, sino el comienzo para que caigamos en la cuenta de lo muy sixtie en que hoy día se percibe el poema. La alusión a la píldora y el diafragma marca indiscutiblemente una época y la poesía de Larkin fue el diafragma contra la retórica poética de las generaciones anteriores, de marcada tendencia hacia la densidad intelectual.

De ahí que Philip Larkin pase por ser el padre de la llamada 'poesía de la experiencia', que aprendió curiosamente de un poeta despreciado, Thomas Hardy, despreciado por Eliot, se entiende, y poseedor de un tino que fue lo que mejor aprendió de Yeats. El arco que va de Hardy y Yeats a Larkin resume casi más de medio siglo de poesía británica, en medio dos o tres generaciones que ofrecieron una calidad, comparable con la de siglos anteriores por la intensidad con que se desarrolló y tan decisiva como lo fue la generación romántica en el siglo anterior.

Este libro de Larkin es un acontecimiento en el mundo de la edición por la calidad de las versiones y porque reúne prácticamente su obra poética, lo que es un logro. Larkin ha tenido suerte en España: no hay que olvidar que ha sido el último poeta popular y que en los setenta sus ediciones se contaban en miles de ejemplares, lo que para un libro de poemas es excepcional.

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