Diez grandes libros de viajes

David Torres

Dejando aparte los clásicos intemporales (Herodoto, Ibn Batuta, Marco Polo, Alí Bey, Bernal Díaz del Castillo), la literatura de viajes conoció un auge esplendoroso en el pasado siglo, justo cuando el mundo terminó de desvelar sus últimos secretos y el turismo acercó el mundo a cualquiera con ganas de recorrerlo. Trabajé casi una década en la ya extinguida librería de viajes Altaïr de Madrid, una experiencia de la que aprendí muchas cosas, saqué muchos amigos y leí muchos libros. He aquí una selección necesariamente breve y probablemente injusta.

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El peor viaje del mundo, de Apsley Cherry-Garrard

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Apsley Cherry Garrard. / Wikipedia

El clásico absoluto de las exploraciones polares es este volumen de uno de los supervivientes de la expedición de Scott, un libro escrito en estado de gracia en cuya primera página ya hay una descripción de las incomodidades de una travesía antártica en donde se lee que en el polo sur "se está más solo que en Londres". Cherry-Garrard erigió el canto del cisne de una época, la de los grandes descubrimientos, en que, entre otras cosas, cuenta su odisea en busca de un huevo de pingüino emperador en las entrañas de la noche polar.

Cordero negro, halcón gris, de Rebecca West

Considerado por muchos como el mejor libro de viajes jamás escrito, este volumen, que abarca apenas un recorrido de mes y medio por los Balcanes (Croacia, Dalmacia, Herzegovina, Bosnia, Serbia, Kosovo y Montenegro), es un fascinante estudio de las costumbres, el arte, la historia, la política y la cultura de una de las zonas más convulsas de Europa a finales de los años treinta, en pleno auge de los fascismos. Sufragista militante y feminista acérrima, West levanta acta del desastre que se avecina con una lucidez que profetiza el homenaje que le hará, muchas décadas después, Robert Kaplan en un volumen que podía considerarse su heredero directo: Fantasmas balcánicos.

El tiempo de los regalos, Patrick Leigh Fermor

En 1933 un joven de veinte años emprendió una caminata que lo llevó de Rotterdam a Estambul cruzando media Europa. Cruzó ríos, visitó palacios, entró en aldeas, durmió en establos, habló con campesinos, posaderas y aristócratas. Cuarenta años después, con la distancia que da el tiempo, la experiencia y la vida, Patrick Leigh Fermor rememoró las impresiones y notas de aquel viaje para alzar un monumento literario y un testimonio histórico de una época perdida. Este es el primer tomo de una trilogía cuyo embrujo inigualable sigue seduciendo a sucesivas generaciones de lectores.

El pez escorpión, de Nicolas Bouvier

Tras un periplo de dos años a través de Turquía, Irán y Pakistán, en 1955 el escritor suizo Nicolas Bouvier recaló siete meses en Sri Lanka por culpa de un absurdo papeleo burocrático. La espera en un hotel destartalado, casi sin dinero, enfermo y sin otra lectura que un tratado de entomología se transformó en una odisea alucinatoria que plasmó en esta extraña obra maestra.

Lejos de África, de Isak Dinesen

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Lejos de África. / Wikipedia

"En este libro no hay una sola página que no se estremezca de vida, como un árbol en una tormenta". Con estas palabras describía Truman Capote la formidable sensación de belleza que desprende la lectura de las memorias africanas de Isak Dinesen, pseudónimo de Karen Blixen, la aristócrata danesa que encontró la gran experiencia de su vida en una granja al pie de las colinas de Ngong. La emoción de la caza, la naturaleza, el amor y el desamor, la nobleza de los sirvientes nativos, la luz de los atardeceres en Kenia: todo está contado de una vez y para siempre.

Marca de agua, de Joseph Brodsky

Venecia ha sido explorada y consignada por escritores y viajeros de todo tiempo y lugar, de Casanova a Jan Morris, de Paul Morand a John Berendt. Brodsky nos ofrece Venecia en la visión de un gran poeta, un reflejo más de una ciudad hecha de reflejos. Igual que un ave migratoria hibernando en África, Brodsky pasaba los inviernos en Venecia, enfrentándose al misterio interminable de esta aleación de agua y piedra que finalmente le inspiró este libro, del que puede decirse que está a la altura de su espejo. En palabras de Brodsky, Venecia es “la mayor obra de arte sobre la tierra”.

El antropólogo inocente, de Nigel Barley

Entre los dowayo, una casi desconocida tribu del Camerún, un joven científico descubre que la antropología es un arma de doble filo y un estudio de ida y vuelta. Porque, mientras él levanta acta de sus descubrimientos y analiza las conductas de esa gente tan primitiva, a su vez los dowayo analizan el comportamiento de esa gente tan extraña llamada “hombre blanco”. Un desternillante estudio de relativismo cultural para reír y aprender a carcajadas.

En la Patagonia, de Bruce Chatwin

La búsqueda de este lugar mítico, uno de los más remotos rincones del mundo, empieza a partir de un supuesto trozo de piel de dinosaurio que fue uno de los tesoros de su infancia. Desde ese inverosímil punto de partida y siguiendo la pista de un curioso tráfago de aventureros, pistoleros y emigrantes, Chatwin emprende un viaje que mezcla la realidad con la ficción en un texto de encanto inagotable.

En las Antípodas, de Bill Bryson

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Bill Bryson. / Wikipedia

Sobre el remoto continente australiano hay muchos y muy buenos libros de viajes, de Chatwin a Leguineche, pero ninguno tan completo e hilarante como este volumen de Bill Bryson, un hombre que es capaz de contar su disparatada natación entre un campo de medusas mortales como si fuese un chiste. De los arrecifes de coral a Ayers Rock, de Sidney al gran desierto inexplorado del interior, la narración fluye en un incesante caudal de anécdotas protagonizadas por toda clase de animales, vegetales y gentes.

 El sueño de África, de Javier Reverte

Un largo viaje por Tanzania y Kenia, siguiendo las huellas de los grandes exploradores británicos pero también de aventureros de todo tiempo y lugar, es la excusa que sirve a Javier Reverte para levantar este canto a la aventura que es también una declaración de amor a la literatura y a la vida. Livingstone, Stanley, Hemingway, Dinesen, Burton, Speke, los grandes cazadores blancos y los militares alemanes, los negreros y los liberadores, entre muchos otros nombres propios, sirven de hitos geográficos en un mapa lleno de luz y de vida que es un homenaje a las tierras y los pueblos de África.