Diez grandes discos de jazz

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David Torres

El siglo XX fue horrendo por muchas razones pero también es el siglo del cine, de la cirugía, de la informática, de la farmacéutica y del vuelo a motor, entre otras maravillas. También fue el siglo del jazz, esa música extraña que empezó siendo la expresión de la raza negra estadounidense y ha acabado por dar la vuelta al mundo, contagiando a blancos, latinos, escandinavos y asiáticos, apareándose con el blues, el rock, el pop, el flamenco y otros folklores étnicos. En la ya larga y variada discografía del jazz hay centenares de joyas que brillan con luz propia, de manera que he intentado hacer una selección que documentase la evolución de sus principales géneros, desde la época de las grandes orquestas hasta hoy día, pasando por el bebop, el cool y el free jazz. Aun así el aficionado echará en falta muchos nombres imprescindibles: Count Basie, Ella Fitzgerald, Louis Armstrong, Lester Young, Coleman Hawkins, Charlie Parker, Dizzy Gillespie, Chet Baker, Thelonious Monk, Bill Evans, y un interminable etcétera. Faltan muchísimos discos, es cierto, pero creo que no sobra ni uno en este decálogo:

Ellington Uptown, Duke Ellington

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La orquesta de Ellington es, junto con la trompeta de Armstrong, el magma primigenio de donde el jazz tomó la vida. Pianista genial, autor de multitud de temas inolvidables, alquimista de atmósferas, de arreglos y de empastes, aquí está la quintaesencia de uno de los compositores fundamentales del siglo, pura elegancia en corcheas.

Solitude, Billie Holiday

Billie Holiday. / Wikipedia
Billie Holiday. / Wikipedia

Como ocurre con Ellington, con Armstrong y con algunos de los otros pioneros, es muy dificil elegir un solo disco de Billie Holiday. Pero escoger entre la jarra resquebrajada de Solitude y el ánfora rota de Lady in Satin, el penúltimo disco de la dama, es casi imposible; lo que me ha decidido finalmente por el primero es la ausencia de arreglos de violines, el equilibrio de ese acompañamiento en el que la voz más solitaria y desgarrada del jazz va buscando consuelo en el piano de Oscar Peterson y la guitarra de Barney Kessel.

Ah Hum, Charlie Mingus

Compositor extraordinario, arreglista único, contrabajista irascible que espoleaba a sus grupos como el que arrea un tiro de caballos, Mingus firmó una obra maestra en este disco que se abre con una cabalgata endiablada en 6/8 (Better Git Hitl in Yo’ Soul), que sigue jalonada de temas inolvidables y que posee el sonido único de su artífice: una big band de ocho miembros.

Kind of Blue, Miles Davis

Miles Davis, el Picasso del jazz, se jactaba con razón de haber cambiado el rumbo de la música del siglo XX al menos tres veces. Quizá el giro más impresionante lo represente este disco, que certificó la defunción del bebop y que inaugura el cool y el jazz modal. Flanquean la trompeta solitaria y dorada de Miles, nada menos que el piano de Bill Evans, el contrabajo de Paul Chambers, el saxo tenor de John Coltrane, el saxo alto de Cannonball Adderley y la batería de Jimmy Cobb. Sin duda, una de las grabaciones esenciales del siglo XX.

Time Out, Dave Brubeck Quartet

Uno de los exponentes del denominado jazz blanco, el cuarteto de Dave Brubeck logró una obra maestra con este disco elegante y brillante, lleno de cambios de compás, de humor y de alegría; un experimento rítmico que resultó una delicia absoluta y que ha dado clásicos intemporales al repertorio como Take five (en un legendario 5/4) o Blue Rondó a la Turk.

The Bridge, Sonny Rollins

Rollins, el único aun vivo de todos los dinosaurios del jazz, regresó del silencio y la drogadicción con esta absoluta obra maestra donde lo acompañan Jim Hall a la guitarra, Bob Cranshaw al contrabajo y Ben Riley a la batería. El mordiente, el grito, la alegría y la melancolía de un Rollins en plena forma, quizá el único saxo tenor capaz de hacer sombra a Coltrane.

A Love Supreme, John Coltrane

Se ha dicho que el cuarteto de John Coltrane (McCoy Tyner al piano, Jimmy Garrison al contrabajo y Elvin Jones a la batería) es la más fecunda conjunción de cuatro hombres en la historia del arte. Para probarlo bastaría este disco, una larga y bellísima plegaria dividida en cuatro partes, una oración que documenta la búsqueda artística y espiritual de Coltrane.

The blues and the abstract truth, Olivier Nelson

Mucho menos conocido que otros saxofonistas contemporáneos, el sonido de Nelson se enmarca dentro del hardbop (una reacción contra el cool y una vuelta a los sonidos duros del bop) y en la investigación sobre el misterio del blues. La razón de su inclusión en la lista son las seis composiciones originales, obra del propio Nelson, tocadas en estado de gracia y que son ya seis clásicos inmortales del repertorio.

Virgin Beauty, Ornette Coleman

Coleman no sólo es el padre del free-jazz sino también el dueño de una discografía inmensa que ha abierto nuevos caminos y campos de juego a multitud de músicos contemporáneos. De su interminable catálogo de creaciones, ásperas e impenetrables a veces, líricas y bellas casi siempre, he elegido este hito de 1988 con el conjunto Prime Time (dos guitarras, dos contrabajos, una batería y un percusionista rondándole alrededor), cuajado de tensiones rítmicas y armónicas, de inventiva melódica y del lejano perfume de África.

Travels, Pat Metheny Group

Al guitarrista de Missouri le sobra lo que desgraciadamente les falta a muchos otros músicos tan virtuosos como él: mesura, control, elegancia, claridad de líneas, variedad estilística y un sonido de un lirismo único. Desde el hardbop al blues, pasando por el jazz-rock, el free-jazz y la música brasileña, su guitarra es el delta de un siglo de jazz resumido con un buen gusto exquisito. Una de las cimas de su inmensa discografía es este doble directo donde le acompaña un grupo de lujo.

3 Comments
  1. chinorrin says

    GRACIAS

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