¿Es Gilliam Flynn la nueva Patricia Highsmith?

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Juan Ángel Juristo

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Portada de la novela.

Después de ejercer la crítica literaria durante décadas, no muchas, ha asistido uno a surgimientos de talentos sin cuartel, algunos sin remisión posible, incluso ha visto surgir algún que otro genio, cuya genialidad, por no decir su rastro mismo, ha desaparecido al cabo de pocos años; ha visto, asimismo, resurrecciones sin límite y una revisión mercantil del canon respecto a los clásicos realizada según las necesidades de almacenaje de las editoriales, sucedió con Robert Musil, se frustró con Beltolt Brecht, tuvo más suerte con Joseph Roth, fue un fracaso con Henry Roth, y creo que algo similar ha sucedido con Scott Fitzgerald, la publicación de algunos inéditos de Ernst Hemingway, que por algo estaban inéditos, por no hablar de Henry Miller e incluso la reivindicación temporal de Faulkner, que acaece cada cinco años. Y pongo estos casos por ser los más sonados, nombrados así, a bote pronto. A esto se le llama industria cultural y sucede que frecuenta más la narrativa que la poesía o el ensayo, que también. La razón es que sencillamente la narrativa vende más.

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De ahí que cuando se dice que Gilliam Flynn es una joven escritora estadounidense que está considerada por la crítica actual como la primera dama del thriller psicológico, algo así, como la digna sucesora de Patricia Highsmith, uno se remita a lo escrito en el primer párrafo. Pero aceptando el aserto, espero que ese parecido no se de en el carácter, que rendía justicia a la autora de El amigo americano: un día, en el transcurso del Festival de Cine de San Sebastián la saludé de espaldas y el respingo que dio fue aterrorizante, de situarse en el límite de un personaje suyo, cosa que me confirmó Guillermo Cabrera Infante, que de esas cosas sabía mucho, casi tanto como de cine. Pero Patricia Highsmith era una mujer de extraño talento, no olvidemos que escribió Extraños en un tren cuando apenas se asomó a la veintena y que un hombre dotado para gustar de la perversidad como Hitchcock se prendó del libro, claro.

He leído a Gilliam Flynn, leí Perdida, que fue la novela que la otorgó éxito entre el público y fama entre la crítica; leí La llamada del Kill Club, elegido libro del año 2009 nada menos que por los críticos de The New Yorker, y ahora, se ha publicado en español apenas hace unas semanas, Heridas abiertas, por Roja y Negra, la colección de serie negra de Random House, que es en realidad su primera novela, pero que ha sido editada a rebufo del éxito de las otras dos. He leído a Gilliam Flynn la producción publicada en España y creo que si bien no sé muy bien si es la reina actual del thriller psicológico, sí puede decirse de ella que en ciertos aspectos es la digna sucesora de la creadora de Ripley, y ello sin desdoro alguno a la particular originalidad de esta escritora, que tiene tendencia, es parte de sus señas de identidad, poblar el mundo de perversidad femenina, mientras que la Highsmith creía que tal tendencia estaba más repartida entre los géneros.

Pero leer a estas alturas a Gilliam Flynn reconforta en más de un sentido. Que las mujeres sean posesivas, manipuladoras, increíbles neuróticas capaces de pasar por respetables damas y que los hombres estén todos, o casi todos, un poco por debajo de la inteligencia de ellas, no deja de ser un modo muy actual de llamar la atención, por aquello de la corrección política, pero lo que en realidad ha hecho Flynn ha sido darle la vuelta a personajes de la talla de Ripley, por seguir con la Highsmith, cambiándoles sencillamente el género. Si a eso le añadimos una influencia notable de las atmósferas opresivas a que tan dadas han sido las grandes damas de la literatura norteamericana, desde Eudora Welty a Carson McCullers pasando por Flannery O´Connor, todas del Sur, como nuestra Patricia Highsmith, por otro lado, no es de extrañar el poder de fascinación que ejerce esta escritora entre las nuevas generaciones, llenas de lectores que no habrán leído Reflejos en un ojo dorado o ni siquiera han oído hablar de los relatos llenos de voces opacas de la O´Connor.

Referirme así a escritora tan fascinante es producto de haber ejercido la crítica durante años, donde se propende a rastrear, aun sea lo obvio, lo que no resta un ápice para que gustemos con intensidad de la lectura de sus libros, por ejemplo, esta Heridas abiertas.

Camille Preaker, reportera de un diario de Chicago, regresa a la ciudad donde nació después de una ausencia de once años, con vistas a realizar una serie de reportajes sobre unos asesinatos ocurridos allí, y a los que que tendrá que hacer frente sola para su esclarecimiento, ya que la policía local se siente sobrepasada por los mismos. Tan manida trama, que es una excusa en toda regla aunque hay que decir que Gilliam Flynn es autora que despliega unas complicadas historias, sencillas en apariencia, le sirve a la autora para construir el retrato feroz de una ciudad norteamericana del Medio Oeste, de la América profunda, y cuyo contraste con los personajes surgidos de Nueva York, Chicago o San Francisco es una constante de la narrativa norteamericana y del cine, un viejo tópico literario, tan viejo como el Gilgamesh, que enfrenta los valores obsoletos del medio rural al de las ciudades, más libres, más abiertos. A Gilliam Flynn se le dan muy bien esas atmósferas cerradas y, sobre todo, la descripción de caracteres obsesivos, manipuladores, al límite de la psicosis, como la madre de la reportera Camille Preaker, uno de los personajes más acabados de la narrativa de Flynn.

Heridas abiertas es la primera novela de su autora, pero no la peor. Casi me atrevería a afirmar que en ciertos aspectos las posteriores no la han superado. Desde luego no en lo mejor sabe construir, la atmósfera opresiva que genera personajes tiránicos y su intensa violencia. Es el thriller del verano.

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