Las nuevas tribus urbanas de Miguel Trillo

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Una de las fotografías que se pueden contemplar en la exposición 'Afluencias. Costa Este-Costa Oeste', en La Tabacalera de Madrid. / mecd.gob.es

En la sede de Tabacalera, en la Plaza de Embajadores, se ha inaugurado, estará entre nosotros hasta el 19 de noviembre, Afluencias. Costa Este-Costa Oeste, una magna exposición sobre tribus urbanas que tiene como autor a Miguel Trillo, el fotógrafo que en los años ochenta comenzó a fotografiar lo que luego se convertiría casi en un tópico de la profesión: tribus urbanas. Miguel Trillo, fotógrafo de la Movida madrileña, con permiso de García Álix, no se si decir de Ouka Leele, se dedicó a tirar fotos y diapositivas de grupos de chicos de los barrios de Usera, Vallecas. Villaverde y también del centro de Madrid, Malasaña, claro, hasta conseguir realizar en imagen una crónica que es ya histórica: dar cuerpo, rostro, figura, en torno a esos jóvenes 'poperos, punkies, heavys', que pululaban por los polígonos madrileños y que en gran parte fueron, como casi siempre, las víctimas anónimas de la historia. Esta vez bajo el rostro de la droga.

La muestra, Afluencias. Costa Este-Costa Oeste, es importante porque une simultáneamente distintos conceptos, como nos dijo su comisario, Javier Díez, que está muy satisfecho del planteamiento: “En realidad es una exposición que reúne varias y la muestra hay que contemplarla desde un cierto orden. Primero las fotos de los ochenta, en blanco y negro; luego, hay otra sala en la que se mezclan las nuevas fotos en color con las antiguas en blanco y negro. Tenemos también, como preludio una muestra de las antiguas técnicas de hacer fotografía, para que la gente que viene a este local, sobre todo la joven, sepa lo que se estilaba hace veinte años. A este respecto hemos habilitado una sala con diapositivas, que ahora se nos antojan antediluvianas. Luego entramos ya en la obra actual del fotógrafo”.

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Imagen de la exposición. / mecd.gob.es

Una obra, por lo demás, curiosa. Durante cuatro años Miguel Trillo ha estado recorriendo Estados Unidos, Vietnam y Marruecos y ha hecho fotos de sus tribus urbanas y, esta vez en color, las expone ahora por primera vez. En principio puede parecer, por lo menos aleatorio, que ligue tribus urbanas de tres paises tan distintos, pero hay un hilo que las une. Estados Unidos es la matriz de donde surgen, a mediados del siglo pasado, este tipo de gente de barrio. De ahí que Trillo haya optado por un reconocimiento personal de lo que está ya inscrito en el imaginario popular del mundo. Pero ha querido completarlo con un país de marcada ideología comunista que en su día estuvo en guerra con los propios Estados Unidos y otro, Marruecos, que pertenece al Islam, aunque mantenga ciertas instituciones políticas semejantes a las occidentales.

El resultado es espléndido y conviene verla en el orden que contempla Javier Díez. Las tribus madrileñas: el glamour del pop, que aquí es escaso porque, salvo en el casco urbano, se identifica con los deseos y ambiciones de la clase media. Así que en su mayoría contemplamos mucho heavy, mucho punk, y sobre todo, cierta estética quinqui, de garaje español, de chiringuito de carretera que a los que vivimos aquellos años, no se nos escapa. Las fotos son limpias, los personajes posan porque no hay nada que más les guste a los componentesde las tribus urbanas que posar en esos instantes que les suena a gloria eterna y celestial, algo que la realidad cotidiana les niega y, claro, en esa pose se decanta una relajación que delata la extrema inocencia de la cosa. Contemplando las fotos de hace ya treinta años se percibe una cierta inocencia en la mirada y la pose de estos chicos que nada tiene que ver con el paso del tiempo sino con la experiencia de lo que aconteció luego. Se les han limado las asperezas y aunque hay una inquietante foto de unas navajas, esos objetos nos aparecen ahora con su artificio artístico. Como si su tremenda realidad se hubiera difuminado al mismo tiempo que los muertos por heroína, algo que en las fotos no puede reflejarse, pero que sabemos está ahí, detrás de toda esa pose de inocencia relajada.

Luego entramos en la muestra actual y la cosa cambia. Desde luego porque las tribus que se reflejan son, al no sernos tan cercanas, más propicias a la curiosidad, incluso cultural, casi de antropología social. Desde luego reconocer algunas instantáneas de norteamericanos, hasta con sus rarezas que se han convertido ya en cosas cotidianas, de tan repetidas, pero, sobre todo, sobrevolar por las poses de los vietnamitas, pura pose glamuorosa que desvela una clase media pujante y muy, muy banal, como las que despliegan los chinos, no así los japoneses. Fotos donde el que posa oculta un profundo deseo de poder, algo bastante inquietante que Miguel Trillo ha sabido recoger, y, luego, gente que se nos muestra más cercana, la de las tribus urbanas de Marruecos, que no terminamos de ubicar aunque nos tememos que existe en ellos una marginalidad doble, la de su condición y la del país donde viven, ya que las familias pobres de Marruecos son las que están más profundamente ligadas a los preceptos religiosos.

Afluencias. Costa Este-Costa Oeste, es una de esas muestras que revelan a un gran fotógrafo y cuya obra hay que verla en conjunto pues la idea de concepción, la intencionalidad, sólo se desvela cuando llevamos vistas ya varias decenas de fotos. Es una gran exposición y demuestra que Miguel Trillo, lejos de haberse dormido en los laureles de una pretendida Movida, siempre ha abierto caminos nuevos. Lo que sucede es que convenía unir su obra para percibir su tremenda coherencia, su teoría de conjunto.

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