La conciencia ética de Rafael Chirbes

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El escritor valenciano Rafael Chirbes, que ha sido galardonado con el premio Nacional de Narrativa, en una imagen de marzo de 2013. / Andrea Dalmau (Efe)
El escritor valenciano Rafael Chirbes, que ha sido galardonado con el premio Nacional de Narrativa, en una imagen de marzo de 2013. / Andrea Dalmau (Efe)

Rafael Chirbes ha sido galardonado con el Premio Nacional de Narrativa de este año, lo que celebro por dos motivos: desde luego porque es un autor que ha escrito narraciones notables de las más secretas y excelentes de los últimos años, muchas de una calidad mayor que la de otros escritores que gozan de más fama y leyenda, y, last but not least, porque es hombre que conozco hace muchos años, de la etapa en la que colaboraba en Gourmet, junto a Constantino Bértolo y Manuel Rodríguez Rivero, y siempre es agradable y reconforta saber que una obra que uno considera de calidad es galardonada, vale decir, reconocida. De hecho, no hace muchos años formé parte del jurado que otorgó el Premio Dulce Chacón a Crematorio, antes de que comenzara la crisis y, por tanto, antes de que a alguien se le ocurriera pensar que Rafael Chirbes era un especie de gurú que había pronosticado antes que nadie la crisis económica y moral de la que ahora todo el mundo es muy consciente.

Pero sucedió lo de Lehmans Brothers y todo se lió y Occidente se sumió en una crisis comparable a la del 29 y con pocas posibilidades, a no ser la del suicidio colectivo, de que una guerra solucionase la cuestión. Y hete aquí que un narrador que ha escrito novelas de gran calado, desde que leí Mimoun, en el 88, caí en la cuenta de que me hallaba ante un escritor de esos que el tópico quiere se diga “de raza”, luego vinieron En la lucha final, La buena letra, que está esperando a que alguien la valore en su justo término, en fin, La larga marcha, La caída de Madrid, Crematoiro, y En la orilla, estas dos magníficas novelas pero que no son mis preferidas. Ya digo, Mimoun y La buena letra, sobre todo La buena letra. Y no son manías.

Dije que dimos el Premio Dulce Chacón a Crematorio. El autor nos vino de su Levante y estuvimos con él unas horas. Tímido, algo cansado de algo más que de algo físico, se le veía contento, pero, sobre todo, extrañado de que comenzaran a reconocerle una obra que hasta entonces había sido preterida. No era cuestión de decirle a Chirbes lo que uno pensaba: cuídate de los Idus de Marzo. No esperaba que la fama incipiente se convirtiera en tópico un tanto previsible, tanto que le dije a un amigo, cuando me comentó que La otra orilla había sido galardonada con el Premio de la Crítica, que le darían el Nacional de Narrativa. Previsible.

Es digno de debate, de descripción exacta de cómo se forjan las leyendas literarias, el caso de Rafael Chirbes. Preterido en los años del dinero fácil, tolerado en tiempos en que la novela que se llevaba rechazaba el realismo de la vieja escuela y, sobre todo, la concienca ética, tomada como cosa pesada y un tanto viejuna, ahora con la conversión de lo moderno en la indignación contra todo lo que suene a corrupto, la obra de Chirbes, mejor dicho las dos últimas novelas de Chirbes se han convertido en casi un manual narrativo para saber cómo era la España del dinero fácil, como si los que hubiéramos vivido esos años, que todavía somos mayoría, no nos hubiéramos enterado de nada.

Tengo para mí que detrás de estos consabidos Premios sucesivos, amén de cierta pereza mental, hay una catarsis de una índole que deberían estudiar los psiquiatras. Chirbes sirve como autor de la catarsis colectiva. ¿Por cuanto tiempo?

3 Comments
  1. ADMIRADORA says

    Me alegro mucho por el tardío reconocimiento a Rafael Chirbes. Yo le «conocí» gracias a su éxito en Alemania. Y creo que esto es una de las claves: Rafael Chirbes es un sutil observador, profundo, sugerente…. vamos, lo que en España se considera un «plomo». Su compromiso radical con el individuo, su entorno social y político, su descarnada capacidad de observación, no responde al gusto literario español. Una pena.

    Espero que no sea un reconocimiento efímero, que el aprecio no se limite al hecho de haber presentado un libro que puede «sintonizar» con un momento político, que no se le lea únicamente por el «marco». Aparte de las circunstancias sociales están los personajes y sus conflictos personales, interiores, sociales, sus vivencias. Desearía que se valore su calidad literaria. Yo he leído sus novelas como «grandes obras» equivalentes a las novelas del siglo XIX. Probablemente, en la época de Whatsapp, sin tiempo, extensión ni ganas de profundizar, no termine de cuajar

    A mi solo me queda darle las gracias por su trabajo. ¡Y enhorabuena!

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