La ley Cospedal de caza permite matar perros y gatos “de la manera menos nociva posible”  

Galgo
Galgo español adoptado. / Wikipedia

La Ley de Caza aprobada por el parlamento castellanomanchego que se está poniendo en práctica esta temporada da rienda suelta a cazadores y aficionados a matar en general, ya que permite “por razones higiénicas” abatir perros y gatos asilvestrados, sin detallar condiciones que hagan dicha actividad menos vergonzante de lo que ya avergüenza a España entera el maltrato que se prodiga a los animales. También aplaude el lancear a los animales, poner trampas, que niños de 14 años usen armas y que se cierren caminos y senderos turísticos para uso exclusivo de los señores cazadores. Además, se amplía la zona de caza a lugares que hasta ahora han sido refugios de fauna, lo que deja desprotegidas a más especies.

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Hay perros y gatos “asilvestrados” porque son abandonados por sus dueños, muchos de ellos, cazadores, así que cabría deducir que los primeros asilvestrados son ellos. Pero, volviendo al asunto que nos trae aquí. Ya es triste tener que admitir que la caza sea un deporte y, además, con pedigrí aristocrático, antiguo como las guerras de religión, y bello, aseguran, porque propicia un contacto con la naturaleza y la armonía sideral de las criaturas y las estrellas, etc., etc. Pero lo más desgarrador es comprobar cómo año tras año, en las campañas de Navidad y verano, los desalmados arrojan de sus casas a los perros y gatos que compraron con tanto empeño para que el nene fuera feliz mientras el animal era un cachorrito.

Esos “asilvestrados” son animales sufrientes que vagan como almas en pena por donde nadie pueda agredirlos, apedrearlos, torturarlos, ahorcarlos o matarlos a golpes. Se refugian en el monte o en el campo una vez que comprueban que en los pueblos y ciudades nadie se apiada de ellos. Hay que admitir que el consejero de turno ha tranquilizado a las almas cándidas asegurando que las masacres de animales domésticos se harán "de la manera menos nociva posible". No ha sido posible aclarar los detalles de tal afirmación por parte de ecologistas ni periodistas.

La señora de Cospedal -que ha hecho caso omiso del clamor de más de 100.000 firmas en contra de la ley -la mayor recogida de firmas de la historia de la comunidad autónoma-  debiera esforzarse más en la redacción de una ley capaz de castigar los abusos de manera contundente; podría, por ejemplo, modernizar la ley que protege del maltrato a los animales domésticos para que salga caro abandonarlos o maltratarlos, igual que puede salir caro atizar al animal racional que dicen que somos.

Ecologistas en Acción, que se tiene bien estudiada la nueva ley, que sustituye la de 1993, alega que lo de limpiar de animales asilvestrados los montes les parece bien, pero que se puede hacer de manera incruenta. Que lo que hay que eliminar es esa manía tan vernácula, tan genuina, de matar por las buenas –tipo lo que le pasó al pobre Excalibur, el perro del Ébola- sin plantearse siquiera otros medios de solucionar los problemas.

Por suerte, en España crecen las asociaciones de personas que tratan de paliar el sufrimiento de los animales abandonados y maltratados y que ofrecen su esfuerzo y su trabajo para ayudarlos a recuperarse y recolocarlos en familias responsables y conscientes. La Marca España más conocida en Europa es la de los galgos espantosamente torturados por los galgueros y los cazadores sin entrañas. Los que son rescatados con vida y recuperados psicológica y físicamente, son enviados a familias adoptivas de toda Europa, Alemania, Suiza, Francia… Ya es triste.

Pero la caza es un negocio y de los rentables, aunque no crea tantos puestos de trabajo. Como la prostitución, la venta de drogas o el tráfico de armas. El caso es que doña Dolores de Cospedal ha perdido una oportunidad de oro para dejar a una de las regiones más cazadoras de España en un lugar honorable del respeto por la vida de nuestros mejores amigos. Nunca es tarde, señora; igual podría revisarse esa desgraciada ley. Hay cientos de miles de personas que lo están exigiendo, señora.