Cabañas para pensar

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Cabaña de Gustav Mahler
Cabaña de Gustav Mahler /fundacioncerezalesantoninoycinia.org

Hay, a unos 20 kilómetros de León, en Cerezales del Condado, un lugar dedicado al arte y a la literatura donde exponen, hasta el primero de marzo, una curiosa muestra de cabañas, casetas, refugios, chamizos más o menos sofisticados, donde mujeres y hombres se retiraban a pensar. A crear, a meditar, o a sentirse a solas con la naturaleza y el propio ser, lo que –en este año en que se recuerda el quinto centenario del nacimiento de Teresa de Jesús- no es mala experiencia. Aunque acaso sí sea algo fuerte para el tipo de vida que lleva la mayoría de la gente.

La exposición, Cabañas para pensar, que se inauguró hace dos meses y medio, deriva de un libro previo de igual titulo, de varios autores, (Maia Editores, 2011), aunque ampliada con piezas inéditas y, en todo caso, montada con mucho mimo e inspiración, gracias a las fotografías de Eduardo Outeiro -autor del proyecto- y los comisarios Alberto Ruiz de Samaniego y Alfredo Olmedo, profesor de Estética en la Universidad de Vigo, el primero, y artista plástico y diseñador de moda, el segundo.

Un detalle que me parece importante es la aportación de un herbario que sitúa cada cabaña en su medio natural, en su paisaje, pues la cabaña no era sólo el monto de maderas o las cuatro piedras que la componían, sino además los árboles y la vegetación que se veía a través de sus ventanas.

La “cabaña” que acoge esta exposición es la Fundación Cerezales Antonino y Cinia, donde se cocinan más cosas interesantes, quizá para mostrar que fuera de las grandes urbes también hay vida. La muestra se fija solamente en once personalidades de la cultura universal de los siglos XIX y XX (occidental, sobre todo, hay que admitirlo) que en algún momento de sus vidas dejaron la corte para refugiarse en la aldea, para decirlo según lo dijera Antonio de Guevara.

Se trata de Virginia Woolf, George Bernard Shaw, Dylan Thomas, Thomas Edward Lawrence (el de Arabia), Knut Hamsun, August Strindberg… Pero no todos son escritores, también los músicos Gustav Mahler y Edvard Grieg, y los filósofos Ludwig Wittgenstein y Martin Heidegger, además del cineasta Derek Jarman. Unos les resultarán más simpáticos que otros, como está mandado.

La idea de buscar una construcción elemental para apartarse a sentir el silencio y poner en órbita la mente suele asociarse con Henry David Thoreau, por su famosa Walden, pero el original hay que buscarlo en los eremitas más clásicos, en el inefable Diógenes, que quizá se pasó eligiendo un espacio elemental como vivienda.

Comoquiera que sea, la exposición es de una oportunidad incuestionable pues, si entonces estas personas buscaban alejarse del mundanal ruido, ahora que el ruido se cuela en nuestros castillos a través del ordenador, por no hablar de la televisión y otros artilugios electrónicos como el teléfono móvil, la idea de apartarse a un lugar donde ni siquiera haya luz eléctrica –de donde, tampoco wifi- ni cobertura para el móvil causa estupor si no pánico directamente.

Aunque de aspecto amable, la idea es radical y admite pocas bromas sobre cómo sobrevivir a la experiencia. Al mismo tiempo, es casi inevitable sentir atracción por una escapada de esa naturaleza, salga o no una novela o una partitura de ello.

Como dicen los comisarios, esta vuelta al eremitismo baila entre el regreso al origen y el renacimiento vital: el descubrimiento de las cosas esenciales de la existencia de cada cual. Sin cámaras, sin testigos, solos la naturaleza, el silencio y el ermitaño de que se trate. Algo de lo que, me parece, serían incapaces los actores que andan preparando el terreno de juego para sus andanzas políticas, entre el ruido y la furia de las elecciones que se van anunciando.

Una práctica que también experimentó un matemático genial que acaba de morir -en silencio- y del que se acuerda Xenaro García Suárez en FronteraD: Alexandre Grothendieck, que se retiró al silencio y, de una manera radical, quemó sus palabras, sus ensayos matemáticos, quizás para no añadir más ruido al ya existente. Radical, ya digo. La exposición es gratuita y está abierta de martes a domingo.

4 Comments
  1. me says

    Thoreau se fue a las afueras del pueblo porque no queria pagar impuestos!

  2. me says

    Simplificando mucho el asunto, claro.

  3. Y más says

    Un poco de detalle vendría al pelo, me.

  4. me says

    Llevas razón, Y más. Si no fuera por el gripazo que tengo encima… Este enlace dice algo. Es una anEcdota local (vivo en Boston)
    http://www.todayinliterature.com/stories.asp?Event_Date=7/23/1846

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