Marga Gil, la mujer que se suicidó por Juan Ramón

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Portada de la obra.

Bajo el título de Marga, la Fundación José Manuel Lara ha publicado el diario que la joven artista Margarita Gil Roësset escribió durante el último mes de su vida dando cuenta de su pasión desenfrenada por Juan Ramón Jiménez, un diario que fue propiedad el poeta y que desapareció de su biblioteca cuando la asaltaron para dispersarla y llevarse sus manuscritos, los falangistas Félix Ros, Carles Sentís, que era jefe de espionaje de Josep Pla en los tiempos en que los de Cambó colaboraron con Franco, y Martínez Barbeito. El libro va precedido de una introducción de Carmen Hernández Pinzón, representante de los herederos de Juan Ramón, a la que sigue una semblanza de la escritora Marga Clark, sobrina de Marga Gil. La edición del libro ha sido posible gracias al empeño de los herederos del poeta, que siempre quiso que estos papeles fuesen publicados.

En Españoles de tres mundos, Juan Ramón realizó una bella semblaza de Marga: “Si pensaste al morir que ibas a ser bien recordada, no te equivocaste, Marga. Acaso te recordaremos pocos, pero nuestro recuerdo te será fiel y firme. No te olvidaremos, no te olvidaré nunca. Que hayas encontrado bajo la tierra el descanso y el sueño, el gusto que no encontraste en la tierra. Descansa en paz, en la paz que no supimos darte, Marga querida”.

El día 28 de julio de 1932, Marga había ido a casa de Juan Ramón y Zenobia, tenían amistad su hermana Consuelo con la mujer de Juan Ramón y así habían entrado en sus vidas, con el pretexto de recoger unas herramientas con las que estaba esculpiendo un busto de Zenobia. Allí le deja unos manuscritos y le ruega que dilate su lectura unos días. Juan Ramón, que estaba trabajando, dejó la carpeta en una mesa pensando que serían algunos poemas que la joven le dejaba cuando escribía alguno. Ésta deja la casa, pasa por el Retiro donde coge un taxi hasta un chalet de Las Rozas que tenían unos familiares y allí se pega un pistoletazo que acaba con su vida. Esos papeles constituyen el diario.

En él se puede leer: “ Ya no quiero vivir sin ti... no... ya no quiero vivir sin ti... tú, como puedes vivir sin mí, debes vivir sin mí” y más tarde, “ La muerte es... infinita... el mar es… infinito... la soledad infinita... yo con ellos... ¡Contigo!... Mañana, tú ya sabes... yo, con lo infinito... lunes noche” Esto está escrito en el apartado “Noche última”. El 28 de julio era lunes.

Marga y Consuelo entraron en la vida de Juan Ramón y Zenobia gracias a una amiga de ésta. De ese primer encuentro, el poeta tenía 51 años y Marga 24, Juan Ramón escribió: “Aquella tarde Marga era, y era morena pálida, de verdoso alabastro, con hermosos ojos grises, y pelo liso castaño. Sentada tenía una actitud de energía, brazos musculosos, morenos, heridos siempre de su oficio duro. Y al mismo tiempo ¡tan frágil! Llevaba el alma fuera, el cuerpo dentro. Le dije al momento. Amarga. Persa. Fuerte. Viril”. Fascinación por parte del poeta ante el talento y el carácter de la joven artista. Para Marga la experiencia fue mucho más trágica, determinante. Se enamoró perdidamente de Juan Ramón y eso la llevó a un sufrimiento tan terrible, que optó por quitarse la vida aquel verano del 32. Era joven prometedora, y su busto de Zenobia había recibido los beneplácitos de Victorio Macho, cuya influencia es notable.

Carmen Hernández Pinzón relata en la introducción la desolación que aquel suicido dejó en Zenobia y Juan Ramón, cuyo recuerdo les persiguió durante años. De no ser así no se hubiese escrito ese hermoso retrato de Españoles de tres mundos. Marga Clark está contenta, pues por fin ha logrado hacer realidad el empeño de su padre, que fue publicar estos diarios. Hecho: durante los años de amistad entre Juan Ramón y Francisco Hernández Pinzón, el poeta siempre le dijo que su mayor deseo era recuperar aquellos diarios embutidos en una carpeta amarilla y publicarlos como único homenaje que podía hacerse a una amiga. Los herederos se hicieron con la carpeta y, finalmente, ha sido publicada. El testimonio contenido en estas páginas es tremendo, abrumador, y revela las dotes artísticas e intelectuales de esta mujer que, como otras muchas en su tiempo, los años han oscurecido. La juventud, entonces, no reconocía a sus propios mártires.

Amor loco llevado a extremos que hubiesen dejado pasmado a André Breton, lo suyo fue un relámpago extraño que se cruzó con el flirteo propio de un poeta ya famoso y que sabía de las tablas de la fascinación. Ella escribía cosas como : “Amor mío, Juan Ramón, siento que la muerte no le da sensación de vértigo” y él debía pensar que se encontraba ante alguien de una sensibilidad exacerbada, como por otra parte le ocurría a él mismo.

Exacerbada y talentosa. Conmueve... y asusta, saber de la determinación de esta mujer, pues el fin de semana anterior a su muerte se dedicó a destruir su obra y no sólo poemas y dibujos, sino esculturas, y a escribir cartas de despedida a su familia, a su hermana Consuelo, a sus padres, y a Zenobia. Su obra que era dadora de vida, tenía que ser destruida porque ella, y con ella todo lo que había salido de ella, no podía dejar rastro.

Unas notas conmovedoras... y algo más. Revelan un talento que se fue aquel lunes de resultas de un pistoletazo con el revólver de su abuelo. Marga Gil Roësset, aquella escultora, morena pálida, de verdoso alabastro.

2 Comments
  1. Jero says

    Qué triste. Marga no pudo esperar a ver si al día siguiente salía el sol para ella. Nos dejó la emoción de saber que el amor no tiene edad y que la vida sin amor no merece ser vivida. Sólo le faltó el amor a la vida como el único bien que realmente poseemos sólo si estamos vivos.

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