PASCUAL SERRANO | Publicado: - Actualizado: 7/1/2017 19:28

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El actor Dani Rovira, presentador del acto, y el director de la Academia, González Macho, durante la gala de los Goya. / Ballesteros (Efe)

El año 2014 pasará a la historia porque una de cada cuatro entradas en nuestro país se sacó para ver cine español. Recaudó 123 millones de euros con una cuota de mercado del 25,5%, hizo la mejor taquilla de su historia y casi 21 millones de espectadores eligieron películas españolas, un 89% más que el año anterior. Por una noche se pospusieron, o casi, los lamentos y la búsqueda de culpables. Este año el cine español está de fiesta y el ministro del ramo, a diferencia del año pasado, no se lo quiso perder.

A pesar de que el Presidente de la Academia había avisado de que era un año de celebración y no iba a hacer discursos reivindicativos, no pudo callarse y volvió a pedir que bajasen el IVA cultural. Después de saludar a todas las autoridades, desde el Ministro al Alcalde de turno, o al líder de la oposición, me refiero al PSOE, agradeció, como quien no quiere la cosa, la presencia de los embajadores de Francia, Estados Unidos, República Dominicana y Argentina, comparando la protección del cine en esos países con España, especificando que en los dos primeros la cultura se considera un asunto de Estado, y que en Argentina y República Dominicana están haciendo grandes esfuerzos por promocionar su cine, son resultados excelentes.

Asimismo, mostró su agradecimiento a la inversión de las televisiones privadas en cine español y pidió al Gobierno que se esfuerce en apoyar y mantener la televisión pública que todos los españoles nos merecemos, y que tanto ha hecho por el cine español. En general a González Machoa diferencia de otros años, se le vio tranquilo y relajado, aunque prudente.

La Gala fue excesivamente larga, casi cuatro horas, algo verdaderamente insoportable para la gente de bien (ver videogalería). Y ello a pesar de las advertencias de brevedad en los agradecimientos. Y tuvo por encima de todo un sabor marcadamente andaluz: en las películas nominadas y premiadas, en las músicas elegidas, en el presentador y hasta en el Goya de honor, que recibió un humilde, agradecido y sensato Antonio Banderas de manos de un Almodóvar que se mostró hostil con el ministro, al no considerarlo amigo de la cultura.

Con un inicio apoteósico, cantando varios actores en el escenario un Resistiré metafórico y emocionante, Dani Rovira fue de menos a más en la presentación de la Gala, y una vez que se quitó los nervios, la cosa fluyó. Quizá le sobrase algunos chistes y monólogos típicos del Club de la Comedia y le faltase algo de chispa con los invitados, pero el andaluz debutó con solvencia en estas lides, haciendo que no echásemos de menos a Buenafuente, Corbacho o Eva Hache. El realizador estuvo a por uvas en varias ocasiones y nos perdimos algunos planos importantes.

En cuanto a los premios, nos alegramos mucho de que los académicos reconociesen el extraordinario trabajo de La isla mínima, que se llevó diez estatuillas, incluyendo mejor película, dirección, guión original, actor principal para Javier Gutiérrez, y actriz revelación para Nerea Barros. Aunque ello supusiera dejar con sólo cuatro a otra buena película como El niño, que se hubo de conformar con sonido, efectos especiales dirección de producción y canción original. El Goya a la mejor película lo entregó una espectacular Penélope Cruz, por lo que como en los tiempos de esplendor, la Academia logró reunir en la gala a la vieja guardia de nuestro cine: Almodóvar, Penélope y Banderas. Sólo se echó de menos a Bardem y a su madre.

El Goya a la mejor película europea para la polaca Ida era muy esperado, lo mismo que el de mejor película iberoamericana para Relatos Salvajes, que prosigue así su carrera hacia los Oscar, y quizá también el de mejor película documental para Paco de Lucía, la búsqueda.

Bárbara Lennie se llevó el Goya a la mejor interpretación femenina protagonista por su papel en Magical Girl, y los chicos de Ocho apellidos vascos , una de las películas responsables del éxito del cine español este año, con casi 10 millones de espectadores, junto con La isla mínima, El niño, Mortadelo y Filemón y Torrente, se llevaron merecidamente los Goya a la mejor interpretación masculina y femenina de reparto (Karra Elejalde y Carmen Machi, respectivamente) y a mejor actor revelación (Dani Rovira), quien se sentó entre el público a escuchar la nominación para recibir después el premio de manos de Jorge Sanz y Terele Pávez. Todos echaron de menos en sus discursos la presencia, y nominación por tanto, de su director, Emilio Martínez Lázaro.

En general la gala discurrió con fluidez, salvo algunos números musicales innecesarios, que la alargaron hasta la extenuación. Pero en el ambiente se respiraba cierto aroma de derrota a pesar de las cifras. Quizá todos tenían miedo de que este año sea tan sólo un espejismo y hayamos de volver a la aridez de otras ediciones. De hecho, se rodaron menos películas que el año anterior. El año que viene veremos.

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