¿Qué tienen los académicos contra Cervantes?

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Momento de la presentación de 'los Anejos' de la RAE, que arranca su andadura con el llamado 'Quijote' de Avellaneda. De izquierda a derecha: Santiago Muñoz Machado, Ángel Simón, Darío Villanueva y Francisco Rico. / rae.es

Se acaba de presentar por parte del director de la Real Academia, Darío Villanueva, la nueva colección Anejos de la RAE. Abre la misma el llamado Quijote de Avellaneda porque se cumplen 400 años de la publicación de la obra, a la que seguirán Historia de los indios de la Nueva España, de Fray Toribio de Benavente y Dialogos sore la vida feliz, de Juan de Lucena, que me temo, poseen más actualidad que el Quijote de marras, de cuya edición se ha encargado Luís Gómez Canseco, que es especialista probado en la obra de Avellaneda y digno sucesor de Martín de Riquer, que se apasionó con esta obra, creo que por afán detectivesco, y por ahí le llegó la noticia de Ginés de Pasamonte.

Resulta curioso resaltar la fascinación que este libro produjo nada más publicarse, prueba fehaciente de que en España siempre distamos mucho de entender la novela de Cervantes en su justa medida, algo que hicieron los británicos con probada excelencia y enorme resultado. Imagino que ello se debe a muchas razones pero no deberíamos descartar que aquí el Quijote, el genuino, ha sido más pasto de filologías que de interpretaciones, de hermenéuticas, algo que no sucedió en Inglaterra donde la figura de Shakespeare, e incluso de nuestro Cervantes, ha sido enfrentada de muchas maneras, pero donde los estudios filológicos no son lo más importante para realzar la valía de su obra.

Entiendo, por tanto, que este falso Quijote haga las delicias de los filólogos, que son gente que se imaginan reconstruir el Siglo de Oro con cierta precisión, y de esa manera gozan de las peculiares miserias de la época, algo que no nos interesa al común de los mortales, que tenemos que lidiar con las nuestras y con las de nuestros contemporáneos. Pero lo de Avellaneda, con el paso de los siglos, se ha terminado por convertir en un patio de vecinos para eruditos y que, además, visto lo visto, goza de cierta actualidad.

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Cubierta de la edición original del 'Quijote' de Avellaneda. / rae.es

Francisco Rico, en la presentación de la colección, justificó que la edición sólo fuera destinada a los especialistas y que no se vendiera en librerías, al público. Dijo que era valentía por parte de la RAE porque reconocían, así, que los libros cada vez se venden menos. En una cosa tenía sobrada razón, ¿para qué vender una edición del falso Quijote cuando no se vende la genuina? Aunque visto así, ¿para qué editar una edición expurgada del Quijote, el genuino, a cargo de Arturo Pérez-Reverte -eso sí, bastante barata-, si en realidad el público ya no lee? ¿No hubiera sido mejor, aunque me felicito de que no haya sido así, que se hubiera regalado en los colegios esa edición llamada popular y que pretendía aligerar la complejidad del texto cervantino en aras de no sé que interés por los clásicos? Bien mirado, a los académicos, con estas triquiñuelas, que tienen mucho de actos fallidos, su imaginario les traiciona: parecería que, en realidad, están dando la razón a Avellaneda. Por lo menos consideran que al personal lo que les gusta es la parte brutal y exagerada de las burlas que sufre el hidalgo, la farsa; vamos, que es a lo que atendió Avellaneda desde el principio. No nos rasguemos las vestiduras, un autor al que admiro bastante, Vladimir Nabokov, escribió un ensayo sobre el Quijote cuyo mayor mérito estribaba en que no se enteraba de nada. Ni que decir tiene que incidía en el aspecto cruel del libro de Cervantes. Parecía haber leído el de Avellaneda.

¿Qué tienen los académicos contra Cervantes? Les suponemos una admiración sin límites, pero también un gran hartazgo. De otra manera no entendemos la edición popular del Quijote ni esta entrega para eruditos, a no ser que la docta institución se haya convertido en admiradora de las inquietudes de Alfred Jarry. Así, las razones esgrimidas por Gómez Canseco para justificar la edición: el cotilleo por saber quién era el que esgrimió tan mala leche contra Cervantes; el editar una obras gracias a la cual, Cervantes, como reacción, escribió su segunda parte, que es la más genial, y, por último, saber de la figura grandiosa de este enemigo de Cervantes, bastante digno de él. Pero, pregunto, ¿para que regalar 500 ejemplares a especialistas si se supone que ellos ya saben de sobra estas cuestiones?

Mientras, ellos se entretienen. Recuerdo que hace pocos meses, en una intervención de Tulio De Micheli y Luís María Ansón en la Biblioteca Nacional sobre el centenario de Octavio Paz, Ansón, que pertenece a la Asociación Cervantina (es, de hecho, su presidente), se apasionó con la cosa, como es usual en él, y llegó a decir, y lo escribo aquí porque lo repitió en público, que Martín de Riquer le había confesado que creía que Avellaneda era en realidad Lope de Vega, no un pelota manejado por él. Bien es cierto que Martín de Riquer no escribió nunca nada parecido, pero se lo dijo de viva voz a Ansón. Pura maravilla: nunca sabremos si la cosa es cierta o no, pero, mientras Ansón peroraba sobre las miserias del Siglo de Oro, estábamos todos encantados. Pura transcripción con la situación actual.

Creo que, por ahora, los fastos que conmemoran los 400 años de la segunda parte del Quijote no están siendo, seamos benévolos, afortunados. A este paso no sé qué nos deparará el 2016, el año en que se cumple el centenario de la publicación de la segunda parte. Debe ser el marchamo de los tiempos, un tanto descolocados para muchos, pero da la sensación de que la Academia, por no repetir tópicos, está cayendo en ciertas actitudes un tanto banales, como la de publicar una edición popular del Quijote mientras saca una falsa para eruditos, regalándola, además, mientras al público le asiste todo el derecho a preguntarse que los tales eruditos deben ya conocer el asunto, o deberían.

Si se trata de publicar y justificar, así, una actividad de fastos, se me ocurren publicaciones más sensatas. A mí y a cualquiera. ¿Serán los académicos adoradores secretos de Avellaneda?

3 Comments
  1. Juance says

    Fantástico artículo, como todos los suyos, señor Juristo. Muchas gracias por estas «lucideces».

  2. Cinco says

    Muy sospechoso, efectivamente, este falso homenaje que se hace a Cervantes. Se acerca el centenario y los académicos sacan dos cosas (qué cosas…) para hacer como que cumplen con el obligado trámite. Estos académicos se homenajean más a sí mismos que al gran Cervantes, por supuesto que se tomarán ricos canapés y el vino español tras la retórica ceremonia.

  3. juanangeljuristo says

    La RAE ha mandado tres twits,»La Academia ha publicado el Quijote de Cervantes en distintas ediciones y publicará sus Obras Competas en el BCRAE», «Pueden ver aquí la de 2004 y 1780» y «En la BCRAE se han publicado varias obras de Cervantes y también publicará el Quijote», con motivo de la publicación de un post mío sobre la edición del Quijote de Avellaneda. Para no dar ocasión a malentendidos hay que decir que la RAE ha publicado la obra de Cervantes en muchas ocasiones y que en este post me he limitado a señalar la inconveniencia,a mi entender, sobre la edición popular del Quijote y el de Avellaneda con motivo del centenario.

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