PASCUAL SERRANO | Publicado: - Actualizado: 7/1/2017 19:28

Bajo_sospecha
Lluís Homar, en primer plano, en una de las secuencias de la serie ‘Bajo sospecha’ / antena3.com

Con lo que cuesta levantar una serie de televisión, desde la idea germinal hasta su financiación, rodaje y posterior emisión, resulta un poco lamentable que dos series de ficción españolas tengan que competir por la audiencia el mismo día, pues alguna de ellas va a perder bastante más de lo que pretende ganar. La semana pasada se estrenó en Antena 3 Bajo sospecha, y ayer, coincidiendo con su segundo capítulo, lo hizo en el primer canal de la televisión pública El Ministerio del Tiempo. Siempre hemos pensado que las ideas de los programadores de televisión son inescrutables. Por eso mismo, los responsables de TVE ya han cambiado, y muy razonablemente, a los lunes el día de emisión.

El duelo entre ambas quedó del lado de la serie de Atresmedia, que contaba en su haber con la fidelidad de la audiencia conseguida en su apoteósico estreno (21,6% de cuota de pantalla y 4,2 millones de espectadores), llegando a desbancar incluso al concurso de talentos de Telecinco, Levántante, que se quedó ese día con un 14,9% de cuota en segundo lugar. Aun así, la serie de Bambú se ha dejado en una semana casi 307.000 espectadores (3,9 millones) y dos puntos porcentuales de cuota (19,6%), aunque sigue liderando el horario principal.

La serie de TVE consiguió en su estreno un honorable 14,8% de cuota, si lo comparamos con el 9% que consiguió la película emitida la semana anterior, pero con un millón menos de espectadores que su competidora (2,9 millones de televidentes). Así pues, está claro que Bajo sospecha ha enganchado a la audiencia y cualquier batalla estaría perdida. De ahí la sensata decisión del cambio de día.

La verdad es que nosotros augurábamos una caída mayor de Bajo sospecha, 0,3 millones de espectadores nos parece poco, pues nos parecía más de lo mismo. Una pareja de policías, interpretados por Blanca Romero y Yon González, se infiltran en la vida de un pueblo de la sierra llamado Cienfuegos –ella como nueva maestra y él como su marido- para tratar de aclarar la desaparición de una niña el día de su cumpleaños. Al frente de la investigación está el Comisario Casas (Lluis Homar) y todo el entorno de la familia Vega parece sospechoso.

Además, en su estreno basaba la mayor parte de su interés en ir ampliando poco a poco la red de sospechosos, como en las novelas de Agatha Christie, y en la relación que se iba estableciendo entre ambos policías infiltrados. Y esto no es suficiente. En el segundo capítulo, como nos temíamos, los responsables han optado por la opción de derivar y sostener el argumento y, por tanto, el interés, en las relaciones de los personajes, al estilo de algunas series españoles recientes como Gran Reserva.

La serie cuenta con un presupuesto razonable, lo que permite rodajes exteriores; con unos directores solventes y experimentados: Silvia Quer (Gran Reserva, Gran Hotel… y alguna película histórico-política prescindible como 23-f, el día más difícil del Rey) y Jorge Sánchez-Cabezudo, quien después de dirigir el interesantísimothrillerLa noche de los girasoles se ha dedicado casi en exclusiva a la televisión: Velvet, Víctor Ros; además de con algunos actores excelentes, como el mencionado Lluis Homar, Vicente Romero, José Ángel Egido y Alicia Borrachero, entre otros.

Lo que pasa es que la pareja protagonista carece de la química necesaria y parece incapaz de trasmitir algo, aparte de pesadumbre. Blanca Romero (Física y Química), que definitivamente es mejor modelo que actriz, habla como leyendo un telegrama, y Yon González (El Internado, Gran Hotel…) sigue teniendo que mejorar bastante en su manera de interpretar. Además, los diálogos son como de manual y algunos personajes demasiado estereotipados y planos. Vamos, que a la serie, sobre todo al primer capítulo, le falta originalidad y alma, aunque no el favor de la audiencia.

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Rodolfo Sancho, en ‘El Ministerio del Tiempo’. / rtve.es

Justo al contrario que a El Ministerio del Tiempo, que es una serie innovadora y original, que mezcla con gusto, imaginación y oficio el género histórico y la ciencia ficción. La idea básica, y razón de ser de dicho ministerio, es que sus funcionarios, de distintas épocas, pueden atravesar el tiempo a través de unas puertas determinadas situadas en sus instalaciones para evitar que cambie la Historia. También hay puertas falsas por las que algunos personajes, los antihéroes, complican las cosas.

En el primer capítulo El Ministerio del Tiempo ha reclutado a tres agentes para comenzar diversas misiones, imaginamos que una por capítulo: un soldado de los Tercios de Flandes del siglo XVI, Alonso de Entrerríos (Nacho Fresneda), una de las primeras mujeres universitarias de finales del XIX, Amelia Folch (Aura Garrido), y un enfermero del Samur que ha perdido a su mujer (Rodolfo Sancho). Honor, inteligencia y valor. En el primero hubo de salvarse la vida a ‘El Empecinado’ para que las tropas francesas no ganasen la Guerra de la Independencia, pues un soldado francés atravesó una puerta falsa hasta el presente para conocer la historia escrita en los libros y reconocer a quien se iba a convertir en azote de invasores.

Cuenta también con la participación en el equipo protagonista de Jaime Blanch, Juan Gea y Cayetana Guillén Cuervo, entre otros, quienes ofrecen interpretaciones más que correctas. Y cada capítulo incluye la participación de un actor invitado como personaje histórico protagonista: Victor Clavijo (Cuéntame un cuento), que será Lope de Vega en el próximo capítulo, Miguel Rellán, Eusebio Poncela, Michelle Jenner, etc.

Además de la acción, la tensión y las emociones, los guionistas, Javier Olivares y su hermano Pablo, que falleció tras escribir los dos primeros capítulos, han optado por incorporar también el humor y, aunque al principio resulte extraño escuchar chistes fáciles en boca de los protagonistas (“no va a ser buen dibujante, si es Velazquez”, “esto es como la primera de Terminator”…) o en determinadas situaciones, al final resulta un acierto, pues resta peso dramático y hace más amables a los personajes.

No dispone de tanto presupuesto como Bajo sospecha, pero las acciones exteriores están técnicamente bien resueltas y no resulta demasiado evidente el uso del croma. Su director, Marc Vigil, tiene oficio y experiencia en series históricas como Águila roja, o de humor, como Aída.

Al principio comentábamos lo inescrutables que son las estrategias de los programadores. Sólo hay una cosa más insondable, los gustos del público. Nosotros nos quedamos sin duda con El Ministerio del Tiempo. Y de paso nos alegramos por el bien de nuestra industria de ficción que no coincidan en la parrilla el mismo día dos series españolas.

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