V Centenario de Santa Teresa, la mística feminista

teresa mistica y feminista
Dos visitantes contemplan obras expuestas en 'Mística y Transgresora'. / salaexposicionespalaciopimentel.es

El 28 de marzo de 1515 nacía en Gotarrendura, en Ávila, Teresa de Cepeda y Ahumada, una de las grandes escritoras de la literatura española, junto a San Juan de la Cruz, y una de las grandes figuras de la mística universal, también junto a San Juan de la Cruz. Es, además, patrona de los escritores españoles, mientras San Juan de la Cruz lo es de los poetas. Mujer de enorme carácter, fundadora del Carmelo descalzo, su actividad se desplegó en tantas facetas, algunos hasta le atribuyen la invención de la patata frita en un convento sevillano, para gran disgusto de los belgas, en un laberinto de pensamiento tan complejo que no fue hasta 1970 que la Iglesia, que siempre mantuvo unas relaciones muy ambiguas respecto a su figura, la nombró Doctora de la Iglesia, junto a Catalina de Siena. La razón de esa mala relación fue siempre el Obstat sexus, como reconoció la misma Iglesia en 1923, que es cuando se hizo la última tentativa de reconocer su magisterio. Es de imaginar que la visión de la estatua de Bernini dedicada a la Santa en el Vaticano les ratificara en esa opinión. Aun y así, es un lugar común que el dictador Franco, en su lecho de muerte, quiso tener a su lado el brazo incorrupto de la Santa, una mujer de tan largo alcance que en 1626 las Cortes de Castilla la nombraron copatrona de España, nada menos, pero los partidarios de Santiago cerraron filas y finalmente fue revocado el acuerdo. Nos quedamos desde entonces a solas con el Apóstol matador de moros.

Celebramos, pues, el quinto centenario del nacimiento de Teresa de Ávila con un sinfín de conmemoraciones donde se incide en el lado transgresor de su magisterio y acción, en su lado marcadamente feminista, precursor incluso de ciertas actitudes claramente modernas. La cosa es flagrante anacronismo, como la Teresa de Ávila que nos regalo el cine de la posguerra, Juan de Orduña, o la película, luego serie de televisión , de cierto éxito, que en la década de los setenta protagonizó con tino Concha Velasco y dirigió Josefina Molina, pero para los detractores de este tipo de interpretaciones convendría citar aquella frase de André Malraux cuando se le preguntaba por qué el arte egipcio, evidentemente, no tenía el mismo significado para un sacerdote de la época que para un europeo de ahora. En realidad, esa metamorfosis nos habla de un imaginario colectivo de la condición de hombre y la cultura donde bien puede entrar esa visión modera de la Santa.

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Así, no es de extrañar que mientras en Madrid, en el distrito de Arganzuela, al Ayuntamiento programe una obra de teatro de Eduardo Marquina, un dramaturgo conservador, sobre la figura de la Santa, en Valladolid, en el Palacio Pimentel, con motivo del Día Internacional de la Mujer, se haya realizado una exposición de 20 artistas de diez países bajo el título; Teresa de Ávila. Mística y transgresora en el V Centenario de su nacimiento, muestra que a finales de abril viajará a Berlín, ya que es exposición patrocinada por el Ministerio de Mayores de Alemania y quiere que la figura de Teresa sea conocida por el gran público, fuera del ámbito otorgado a los académicos. La exposición consta de cuadros realizados por mujeres procedentes de Alemania, Austria, India, Israel, Italia, Paises Bajos, Turquía, entre otros, y es muestra que aprovecha el Día Internacional de la Mujer y el V Centenario, lo que la convierte en un evento muy vinculado a la actualidad, pero lo cierto es que, por ejemplo, el año pasado La Pleiáde realizó una edición muy hermosa de la obra de Santa Teresa y San Juan -siempre van juntos-, anticipándose a estos eventos del Centenario, y hay que decir que la edición posee todas las trazas de ser un referente de las ediciones críticas. Algo que tiene todas las trazas de durar.

Portada de Premeditación, Nocturnidad y Alevosía inspirado en Santa Teresa, según su autora, La Bien Querida
Portada de Premeditación, Nocturnidad y Alevosía inspirado en Santa Teresa, según su autora, La Bien Querida

Pero estas próximas semanas tenemos a la Santa tan presente que podemos llegar al hartazgo mediático. La Biblioteca Nacional prepara para el 11 de marzo una gran muestra bajo el título La prueba de mi verdad, que expondrá obra bibliográfica, pinturas, esculturas, grabados... en torno a un centenar de piezas referentes a su vida y obra, por ejemplo, pero es en el mundillo editorial donde lo previsible ha tomado carta de naturaleza, publicando en un corto periodo de tiempo novelas de varias escritoras y escritores, con Santa Teresa como personaje. Así, Fernando Delgado ha sido galardonado con el Premio Azorín de novela con una narración, Sus ojos en mí, que tiene a la escritora como personaje principal de una relación de amistad entre Santa Teresa y el sacerdote Jerónimo Gracián -esta vez no está San Juan por medio-, y hasta una joven compositora indie como Ana Fernández Villaverde ha presentado un disco, Premeditación, Nocturnidad y Alevosía, donde la componente de La Bien Querida ha declarado que “la mística de Santa Teresa me ha influido en la composición del álbum”.

Lo de la compositora indie es, sin embargo, lo más prometedor, aunque se antoje un tanto inverosímil, pues reconozco que de entre los libros aparecidos sobre Teresa de Ávila, la de la consabida Espido Freire y la no menos consabida Care Santos, lo más apetecible es la novela de la joven Cristina Morales, Malas palabras (Lumen), que le sucede lo que a Ana Fernández Villaverde, que por ser más jóvenes representan una manera de plantear el Centenario menos previsible.

Sin embargo, y a riesgo de ser un tanto displicente, les recomendaría la edición que de El libro de la vida acaba de publicar Lumen, aunque hay ediciones magníficas, como la de la RAE o la de Cátedra. Por lo menos aquí nos enfrentamos con Teresa, no con ninguna versión de la misma.

Ya saben... ¡la genuina!