Cuenca no es Cuenca sin Gustavo Torner

Gustavo Torner
Gustavo Torner ante el cartel de su exposición/ www.smrcuenca.es

Entre los años 40 y 60 se produjo una de esas raras confluencias en el arte español de artistas que coincidieron en una cervecería, o en la plaza de un pueblo o en situaciones parecidas, y entre los que surgió la luz, el apoyo, la camaradería, que propiciaron el prodigio de la creación. La Cuenca de Gustavo Torner, Fernando Zóbel, Antonio Saura, Gerardo Rueda, Martín Chirino, Eusebio Sempere, Antonio Lorenzo, artistas de la galerista Juana Mordó con quienes coincide la sevillana Carmen Laffont, y otros artistas integrantes del grupo El Paso, Rafael Canogar, Luis Feito, Juana Francés, Manuel Millares… No se entiende el arte español sin este reducto abierto de proteína genial.

Sin embargo, desde 2011, el Espacio Gustavo Torner, donde se encuentran algunas de sus obras, permanece cerrado por falta de fondos, ya que tanto el Ayuntamiento de Cuenca como la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha dejaron de aportarlos.

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El artista, que este año cumple los 90, donó en su día toda su obra al Museo Reina Sofía y al espacio museo que lleva su nombre. En total, 561 piezas entre escultura, pinturas, grabados, fotografías. Ha declarado a El País que prefiere no hablar de esto porque teme que se estropee una posible solución de buena fe que está en camino para que se reabra el Espacio Torner, aunque para ello haya que prescindir de su nombre, lo que parecería absurdo, pero en fin.

Como ya se ha comentado aquí, la cultura no es santo de la devoción de los españoles –Houellebecq dixit- así que no es de extrañar que sea la eterna relegada en todas las decisiones oficiales y oficiosas, incluidas las de no saber si se están repartiendo esos fondos públicos entre amiguetes oscuros, y todo eso que vamos sabiendo por las noticias de tribunales, omnipresentes en las páginas de los diarios, diarios hablados, telediarios y gacetillas varias.

Vidriera de Gustavo Torner para la catedral de Cuenca
Vidriera de Gustavo Torner para la catedral de Cuenca/ www.smrcuenca.es

A propósito de Houellebecq, es paradójico que su presencia en la vida pública se haya convertido en un espectáculo, justo lo criticable de la cultura en España: lo que vale es el espectáculo pero el libro se lo leen cuatro gatos. A lo que vamos.

Gustavo Torner fue el impulsor del Museo de Arte Abstracto de Cuenca: convenció al rico Zóbel para que lo fundara.  Es un artista discreto, alejado del mercadeo del arte, amigo de otros grandes que ya se van yendo, tan valiosos como él mismo. Ahora se acaba de inaugurar una exposición comisariada por el crítico de arte, Alfonso de la Torre, llamada Torner entrópico, en la catedral conquense. Son 65 obras sobre el proceso de creación de las vidrieras que Gustavo Torner realizó para ese espacio, hace 20 años.

Su piel está curtida de sinsabores así que el reabrir ese Espacio Torner no sería una concesión al hombre que ha dedicado su vida al arte, desviándola de la ingeniería forestal, que es a lo que se dedicaba antes de cruzar sus ojos con los de la belleza. Sería una acción justa. Y necesaria para los que necesitan –como le pasa al propio Torner- contemplar lo bello, y para algunas generaciones que nos hemos instruido en el arte gracias a estos creadores. Muchos, muchos españoles que queremos y que, quién sabe, quizás podamos.