De por qué lo hacemos mal y nadie quiere hablar de ello

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Giulia Enders
La bioquímica alemana Giulia Enders junto a la portada de su libro. / edicionesurano.com

Romperé el enigma rápidamente para evitar mayores sonrojos: lo cierto es que, la mayoría de nosotros, hacemos caca mal; nos importa un pepino lo que tiene que ver con nuestros intestinos, a menos que se dediquen a producir molestos divertículos, o un persistente estreñimiento, y evitamos hablar de esto fuera de la familia más íntima y, eso sí –vaya usted a saber por qué-, a los postres de una comida, aún sentados a la mesa. No falla.

El caso es que la doctoranda en Bioquímica por la Goethe Universität, de Francfort, Giulia Enders, ha vendido miles de ejemplares de su libro Darm mit Charme (Intestinos con encanto), que en España se ha traducido como La digestión es la cuestión (Urano, 2015), en un aparente intento de restarle gracia al asunto. Para la joven autora, el intestino es el mayor consejero del cerebro, además del órgano más menospreciado del cuerpo. Enders despliega todo un homenaje al tracto intestinal y aporta curiosidades más o menos desconocidas, como que el apéndice –eso que todo el mundo dice que sobra, que es un reducto antediluviano y tal y cual– atesora las mejores bacterias, las más brillantes y exitosas de las que fabrica el intestino.

Además de ella, otros investigadores andan rondando el asunto, desde hace apenas un par de años, ya que se ha demostrado una clara y directa conexión entre la biota, o las bacterias creadas en el intestino, y el cerebro, que es como decir intestinos y salud en todos los órdenes. De ahí la importancia de saber lo que nos metemos en el cuerpo… por la boca, quiero decir.

Si la carne podrida entre las paredes intestinales es más dañina que las espinacas fermentadas, por ejemplo. Si un zumito de limón por la mañana predispone mejor el sistema porque lo alcaliniza. Los médicos más curiosos ya recomiendan dietas veganas a sus pacientes de cáncer, por ejemplo. ¿Y por qué?

Enders aventura en su libro algo que está por demostrarse, pero ella no ha querido privar al público de su conjetura y es hasta qué punto el estado de nuestras bacterias intestinales influyen en el estado de ánimo, en nuestra memoria y hasta, ¡cáspita, no!, en nuestro sentido de la moralidad. No dejes para mañana la caca que puedas hacer hoy.

Pero ojo con hacerlo de cualquier manera. El diseño de nuestras tripas no es casual y el final del recorrido –tras vueltas y revueltas de los ocho metros de tubo que tenemos– es recto; pero recto, recto; así que sentarse en el retrete como un cuatro no ayuda, sino que dificulta el asunto. Como dicen los ingleses, ese “negocio” hay que tratarlo en cuclillas. Si da cosa ponerse sobre el retrete como gallina sobre el palo del gallinero, pues resuélvalo usted con un taburete, un par de gruesos best-sellers donde apoyar los pies o la caja de cartón de la cafetera recién comprada: cualquier cosa que le eleve del suelo unos 20 o 25 centímetros. Hay que ver lo bien diseñada que estaba la tabla turca a estos efectos.

Y no hay que retener la respiración mientras se empuja, hay que respirar en plan parturienta: corto y profundo, corto y profundo, hasta lograr que salga despedido el fecaloma –también llamado tapón– en los casos de rebelde atasco. Sobre todo, nada de recurrir a laxantes, auténticos killers de la biota intestinal, antes conocida como 'flora'. Ni se dedique a leer libros o revistas hasta que la tabla del váter marque de rojo sus muslos. Los negocios en el baño han de ir ligerito, así que ya están dejando fuera la biblioteca de este lugar sagrado.

En fin, el libro ha sido, como dije, un exitazo de ventas en Alemania, quizás porque el pueblo alemán goza de cierta afición por estos asuntos. Al menos, así lo afirma un antropólogo americano –no importa mucho su nombre– tras estudiar cuentos folclóricos alemanes, aunque quizá se pasó un poco con lo de que haya un elemento erótico anal en el carácter de los alemanes. ¿O Freud ya lo sabría? Aquí, en España, es bastante probable que pase sin pena ni gloria. Y mira que tiene su interés, que conste.

1 Comment
  1. curro says

    lo cual ya dice bastante de lo que señala la reseña
    recuerdo que un niño de 7 años me dijo; «el alma está en la barriga» ya se sabe que en «alma cabe todo». kla cuestión es digerir bien:se enpieza en el estómago se continúa en el el cerebro…la cuestión es digerir bien…salud.u ñ

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