Christina Rosenvinge: “El éxito inmediato nace, explota y muere fácilmente”

Ana V. Toscano *

Cristina Rosenvinge en una imagen reciente.
Christina Rosenvinge en una imagen reciente. / Marino Cigüenza

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Piensa las palabras antes de decirlas. A veces opta por callar y dejar hablar al silencio, aunque no sé si por timidez o prudencia. Christina Rosenvinge (Madrid, 1964) tiene experiencia en esto de las entrevistas y sabe que la palabra hablada es “defectuosa”, que depende de la subjetividad del que escucha. “Cada periodista refleja después una persona que es ligeramente distinta a ti, pero es un juego divertido. Tiene parte de ficción porque cuando te transcriben, están creando un personaje. Y la verdad siempre es compleja”, reflexiona.

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Curtida en los escenarios desde finales de los 80, la excomponente de ‘Álex y Christina’ y ‘Christina y los subterráneos’, ha vuelto a la carga con un sonido que ella misma define como “enérgico, eléctrico y vitalista”. Pura reinvención.

Ahora que ya ha terminado la gira española de ‘Lo Nuestro’, su octavo disco solitario, prepara la performance musical que realizará en el Museo Picasso de Málaga el próximo 27 de junio para la exposición ‘He estado en el infierno y he vuelto’ de Louise Bourgeois, una de las personas que más le han influido en los últimos tiempos y a la que ha dedicado la canción ‘La Tejedora’ en este nuevo álbum. Este verano también pasará por los escenarios del Nocturama en Sevilla (el 20 de agosto) y acabará septiembre con una pequeña gira por Chile.

‘Alguien tendrá la culpa’, como reza el título de una de sus nuevas canciones, de que siga dedicándose a la música y no haya desistido.

– Es verdad que he mantenido una carrera a pesar de que ha habido muchos momentos en los que, por las circunstancias y porque todo era una carrera de escollos, era ilógico seguir. Pero siento el compromiso con la música, que para mí nunca ha sido un trabajo para ganarse la vida sino algo vocacional.

Hay quien ha catalogado esta pieza de canción protesta, ¿qué motivos tiene Christina Rosenvinge para protestar?

– Cuando escribo las canciones pocas veces lo hago desde mi perspectiva particular. Intento buscar el punto en común que hay entre lo que pienso y lo que siento que piensa una mayoría de gente. Creo que la función de la música es conectar con la emoción de otros, por eso no tiene sentido escribir de una manera absolutamente personal.

¿Se siente indignada?

– Más bien diría que todo el país, en mayor o menor medida, está indignado. La explicación de la debacle es diferente cuando uno cambia de sector de población, pero vamos, creo que todo el mundo está indignado y que nadie está contento en este momento.

¿Cómo ve Madrid después del 24M y el resultado de las elecciones?

“Tras el 24M hay una sensación de nuevo comienzo, de nuevo principio, pero vamos a ver qué ocurre

– Es muy pronto para saber, pero el vuelco electoral era esperable por razones que todos conocemos. Creo que por lo menos hay una sensación de nuevo comienzo, de nuevo principio, pero vamos a ver qué ocurre. Todos estamos expectantes pero a ver… tampoco puede uno ser tan ingenuo.

Volvamos a la música ¿Ha pensado alguna vez en cómo sería su vida ahora si siguiera trabajando con la discográfica Warner?

– Digamos que mi relación con Warner es de ida y vuelta. Tuve un primer contrato con ellos con ‘Álex y Christina’, que enganchó por obligación con otro contrato para los siguientes discos en solitario. Cuando este se terminó estuve 10 años fuera de la compañía y luego volví a hacer con ellos contratos distintos, primero de licencia y después de artista. Ahora mismo estoy fuera, pero realmente la gente que trabaja en Warner vale mucho y está por encima de la multinacional y de cuánta libertad les dejan para hacer lo que ellos creen que hay que hacer.

¿Hizo alguna vez algo que no le apeteciera porque la discográfica se lo exigiera?

– La verdad es que desde que salí de ‘Álex y Christina’ todo lo que hay en mis discos es decisión mía. Otra cosa es que, al ser una multinacional, las cosas funcionen de manera distinta. Pero artísticamente no me he sentido así. Incluso con ‘Álex y Christina’ creo que hubo pocas cosas impuestas. Como mucho, un mal consejo. La cuestión es cómo puedes trabajar en una multinacional, que no es una empresa musical sino una compañía que cotiza en bolsa y cuya prioridad es la rentabilidad económica. ¿Cómo combinas eso junto con el crecimiento artístico? Es todo un reto que cada artista lidia de una manera distinta.

¿Qué es lo más difícil de esta industria?

– Ahora las cosas están muy complicadas, pero donde creo que está realmente el problema es que en la música hay dos cuestiones: cultura y entretenimiento. Y parte de la música está más enfocada hoy hacia el entretenimiento, es decir, al éxito inmediato, que es algo que nace, explota y muere fácilmente. Hay otra parte que aspira a ser cultura, es decir, a ser algo que no explota de la misma manera pero que, sin embargo, permanece en el tiempo, se convierte en parte de la identidad de un país en un determinado momento y que llega a las generaciones futuras. Por eso creo que debe haber una protección cultural por parte del Estado hacia ciertas cosas y que esto conviva con lo otro. Pero es una cuestión complicada.

Cristina Rosenvinge.
La cantante, en otra imagen. / Marino Cigüenza

¿Se vive peor dedicándose a la cultura que al entretenimiento?

– Hay cosas que son mezcla y pueden ser resultado de empezar en uno y acabar en otro lado, pero sí creo que es fundamental el desarrollo, por parte del Estado, de una gestión cultural responsable porque, además, hay herramientas para ello. ¿Que cómo se vive peor? Ahora mismo la música no es un medio de vida.

Hablabas del Estado y su gestión cultural, ¿cómo ha sido la del actual Gobierno?

– Este último gobierno ha considerado la música sólo entretenimiento. De hecho, que se grave con un 21% de IVA es pensar que la música es un lujo. Y la música no necesita subvención directa como el cine, pero sí por lo menos un tratamiento específico que permita que sobreviva por sí misma.

¿El pirateo cómo se sobrelleva?

– Pues este tema ha requerido leyes que han llegado muy lentamente y ha habido mucha confusión al respecto, mucha información malintencionada. También ha habido por supuesto una gestión muy irresponsable por parte de entidades como la SGAE. Y de todo esto, pues hay un batiburrillo en el que la gente de fuera tienen una visión muy sesgada y en el que, incluso para los que estamos dentro, resulta difícil comprender algunos aspectos.

Las letras de su nuevo trabajo, ‘Lo Nuestro’, son muy poéticas, ¿de dónde le viene la inspiración?

“Una canción que no tenga una buena letra no
me parece una buena canción

– He escrito desde muy pequeña y, de hecho, lo primero que hice en la música fue escribir letras. Para mí, una canción que no tenga una buena letra no me parece una buena canción.

¿‘La Muy Puta’ es un tema autobiográfico?

– Hay notas autobiográficas, pero es un juego en torno a eso. Son guiños que me salen sin pensar y que me resultan muy divertidos precisamente porque quien lo escucha no sabe qué parte es real y qué parte no. Es como una especie de personaje que aparece en las canciones.

Ese personaje, ¿se lo crean o lo crea?

– Es una combinación y es indefinido en todo caso. Pero en ‘La muy puta’ hay mucha gente que ha pensado que era una reflexión sobre la muerte. Y no, tiene mucho más que ver con la realidad porque, precisamente por mi relación con Alejandro Simón Partal, que es más joven que yo, hago una reflexión sobre lo que significa el paso del tiempo. Es un juego de espejos muy divertido y la canción, para mí, es vitalista. Uno sólo se atreve a nombrar a la muerte y a conjugarla cuando se siente muy lejos de ella y está en un momento muy vital.

El pasado 29 de mayo cumplió 51 años y creo que le molesta que, a determinada edad, a los hombres se les juzgue por el currículum y a las mujeres por el físico.

– Es cierto, no es tan común que se hable del físico de un hombre a esta edad. Hay como un respeto hacia su físico que no lo hay hacia el de la mujer. Creo que estas son cosas que deben ir desapareciendo.

¿Cree que de esto somos más culpables las propias mujeres o es una responsabilidad compartida con los hombres?

– Es una responsabilidad compartida, pero creo que somos las mujeres las que más hablamos del físico, con lo cual, es asumir un papel asimilado que no tienes por qué asumir.

¿Se ha sentido alguna vez mujer florero?

– No, y si alguien ha intentado ponerme en esa situación no lo he permitido.

Como madre de dos niños, ¿qué futuro quiere para sus hijos?

– La gente de mi generación nos estamos enfrentando ahora a una coyuntura en la que las generaciones venideras no tienen una situación tan benigna como la que tuvimos nosotros. No es que sea responsabilidad nuestra, porque te aseguro que yo no he tenido nada que ver con las políticas económicas (ríe), pero lo cierto es que tienes que enseñar a los chicos a sobrevivir en un mundo que es más hostil. Y para mí, una manera fundamental de hacerlo es dándole mucha importancia a los valores cívicos, morales y éticos, que no deberían estar sólo dentro de las casas, sino también en los colegios. E incluso muy por encima, por ejemplo, de la religión o de otras asignaturas que creo que no tienen tanta importancia. Creo que estos valores deberían ser la clave de la formación de las personas. Hay que educar en tolerancia.

(*) Ana V. Toscano es periodista.