El ‘gore’ sueco más bestia arrasa entre nosotros

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Trilogía_Gore_Sueco
Cubiertas de los tres libros publicados bajo el seudónimo de Erik Axl Sund.

Un fantasma recorre Europa y no es precisamente el espectro del comunismo. Un espectro mediático que ha hecho que en pocos meses, sólo en Suecia y en Alemania, se hayan vendido 5.000.000 de ejemplares de Persona, la primera novela de una trilogía, Los rostros de Victoria Bergman, a la siguen Trauma y Catarsis. Cinco millones de ejemplares vendidos es una barbaridad, algo proclive a ser estudiado en tesis de sociología literaria y pasto de semiólogos al uso, algo que veremos en no mucho tiempo, como hace años lo fue El nombre de la rosa, de Umberto Eco, un escritor que utilizó de manera muy inteligente los medios de comunicación de su tiempo para fabricar un nuevo tipo de best seller, el llamado best seller europeo, que en realidad no se diferencia en gran cosa del norteamericano, y que ahora se dedica a denostar los estados que producen las nuevas tecnologías asociadas a la Red, demostrando con ello que a todos nos llega nuestro tiempo, como le sucedió a Mario Vargas Llosa que años después de haber escrito una maravillosa novela pop, La tía Julia y el escribidor, tiró por tierra en La sociedad del espectáculo, el impulso que le llevó a escribir de esa manera en su juventud.

Los rostros de Victoria Bergman está publicada bajo pseudónimo, Erik Axl Sund, y esconde a dos escritores suecos de thrilller, Jerker Eriksson y Häkan Adlander Sundquist, que parece frecuenta también la composición musical. En España ha publicado las dos primeras entregas Reservoir Books, en la colección Roja y Negra, un sello de Penguin Random, y estas novelas han sido un éxito de ventas en la pasada Feria del Libro, paisaje que desde hace unos años frecuentan los escritores italianos , griegos y anglosajones de thrillers , como Márkaris, Donna Leon y Andrea Camilleri, y a la que después se apuntaron los nórdicos, y que este año ha conocido el desembarco de los alemanes que están encantados con la experiencia. El éxito ha sido tal que Le Monde calificaba el éxito de esta trilogía como fenómeno, añadiendo que exploraba las partes más recónditas de la mente humana, al igual que Le Parisien, que afirmaba que la trilogía representaba el nuevo Millennium, desplazando así a los éxitos mediáticos de la propia literatura francesa, algo que siempre inquieta y fascina a nuestros vecinos.

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Así que con tales referencias me dediqué a leer Persona y Trauma con ánimo inquieto y curioso por lo que me podía encontrar. Hallé, en primer lugar, un barullo de números proclives a que a alguien poco acostumbrado le diera un infarto: infanticidios, abusos sexuales a niños, asesinatos a lo bestia, con rituales previsibles, psicoterapia a mansalva y, sobre todo, un abismo infranqueable entre el mundo exterior, civilizado, apoteosis del sueño socialdemócrata de posguerra, y el interior, no ya simbolizado por la privacidad de la propiedad privada, del hogar, sino de la propia psique humana, arrinconada y aterrorizada por sus propias invenciones.

Tengo que decir que cuando se puso de moda el thriller sueco y danés, todo eso del inspector Ballander, caí en la cuenta de que tamaño éxito se debía a que acercaba el thriller norteamericano al imaginario europeo, formado desde hace años en cierta idea de arcadia fomentada por los gobiernos socialdemócratas. Lo que estas historias resaltaban, que coincidieron con el comienzo de la crisis económica en Europa, es lo que esa Arcadia social ocultaba, en realidad, un infierno de traumas e hipocresías sin remisión posible, es decir, el atractivo que siempre generó el puritanismo, el de crear infiernos particulares muy alejados de los oficiales del catolicismo y, por lo tanto, mucho más morbosos porque remitían a lo oscuro del alma de cada uno.

Las novelas de Ballander eran atractivas, estaban muy bien narradas, pero sobre todo lo que ponía en solfa era los falsos ideales de nuestra civilización. Ahí residía su fascinación y La trilogía de Victoria Bergman es una vuelta de tuerca a esa idea deformante de arcadia socialdemócrata pasada por el sensacionalismo que generan los medios de comunicación de hoy en día. Persona, sobre todo abunda en ese sensacionalismo, pero lo que realmente perturba al lector es el lado en que la historia es narrada: en los años sesenta Giorgio Scerbanenco, el escritor italiano, representó la versión europea del Mike Hammer de Mickey Spillane, era el lado gore de cierto cinismo que ahora nos parece hasta inocente. Persona abunda en ese lado gore pero actualizado de tal modo que todo su montaje parece estar sacado de casos que transgreden la corrección política, vale decir, abusos a menores, sí, pero también asesinatos de emigrantes, como sucede en Trauma, y la cosa resulta atractiva justo en relación directamente proporcional al grado de represión social que la corrección política produce. Como si la tal trilogía se emplease como válvula de escape para leer casos de abusos infantiles y asesinatos rituales que de otro modo quedarían enquistados en el inconsciente: todo remite a nuestra psique enferma, necesitada de psicoterapia, ya que, milagros del imaginario ilustrado, la novela describe hasta que punto puede llegar el hombre en su maldad cuando es víctima de abusos, vejaciones y malos tratos.

¿Habría que añadir que las narraciones se centran en dos personajes femeninos, la detective Jeanette Kihlberg y la psicoterapeuta Sofía Zetterlund, que sufre en medio de estas truculentas historias una crisis de identidad, al modo de una transferencia de lo que puede sucederle a un lector poco avisado?

¿Es de extrañar que con tales ingredientes estas novelas no sean un éxito? Al fin y al cabo actúan al modo de espejos de nosotros mismos, más allá del marketing, desde luego, pero no de la intención del mismo.

7 Comments
  1. Retogenes says

    Wallander

  2. Klaus T says

    Es Wallander, no Ballander

  3. paco otero says

    después de este análisis critico,imprescindible la lectura de estas novelas conociendo al maestro Juristo…se,que el producto resultara como poco emocionante

  4. leandro says

    El análisis del thriller sueco que propones es un poco, bastante, reduccionista. Te recomiendo la serie de Wallander (con W) e incluso las obras que Mankell ha escrito más allá de ese personaje, alguna de ellas incluso mucho mejores.

  5. Villalba says

    Que tal, creo que es un buen aporte Me encanta muy útil

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