El nuevo Quijote de la RAE, por fin un homenaje cabal

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De izquierda a derecha, Santiago Muñoz Machado, Víctor García de la Concha, Darío Villanueva , Jaume Giró y Soledad Puértolas, el pasado martes, durante la presentación de una nueva edición del Quijote. / Juan M. Espinosa (Efe)

Se presentó el pasado martes, por parte de Darío Vilanueva, presidente de la RAE, la nueva edición crítica del Quijote, dentro de la Biblioteca Clásica de la Academia y obra esencial de la misma en una colección que ha publicado, en sus 113 obras canónicas de que consta la misma, desde El Cantar de Mio Cid a la Pardo Bazán pasando por Bernal Díez del Castillo, dos volúmenes dirigidos por el profesor Francisco Rico, de 1.644 páginas el primer tomo y 1.668 páginas el segundo, lo que da idea de la importancia de la empresa, y donde han colaborado más de cien especialistas.

La edición, publicada por Espasa Círculo de Lectores y que cuenta con el patrocinio de La Caixa viene a culminar los eventos que con mayor o menor fortuna están rodeando las celebraciones del IV Centenario de la muerte del escritor y, de paso, la aparición de la segunda parte de El Quijote. La verdad es que hacía falta algo así, ya que la edición popular de Arturo Pérez Reverte, a la que sumó meses más tarde la de Andrés Trapiello, no tiene cabida en la mentalidad de una sociedad abierta donde esa distinción entre cultos y analfabetos, es decir, gente a la que hay que darle digerida la comida cultural para que accedan a los goces de la alta cocina que sólo algunos privilegiados son capaces de gustar en su justa medida, recuerda ciertos hábitos del despotismo ilustrado.

El culmen, sin embargo, del lado desgraciado de estos eventos fue la ceremonia en las Trinitarias de la apertura al respetable público de una urna donde, se supone, yace entre muchos huesos compartidos alguno escaso del escritor y que inauguró la exalcaldesa Ana Botella con fanfarria militar y religiosa, amén de controvertida cita del Persiles y... Sigismunda, que ha dado todo que hablar en el escaso mundillo cervantino y donde muchos se hacían cruces sobre al mal fario que acompañaba a este Cuarto Centenario.

La edición nueva posee el añadido de ser una versión inteligente y actualizada de la que realizó Francisco Rico en 1998 y que editó Crítica, a la que luego se ha sumado alguna actualizada, como la que se hizo bajo el auspicio de la RAE para conmemorar el IV Centenario de la publicación de la primera parte. Pero la importancia de esta nueva edición reside en el concepto con que se ha establecido: si bien es cierto que Francisco Rico ha sido el coordinador y que la aportación crítica respecto al Quijote es la suya, de la que es destacado referente, junto a sus estudios sobre El Lazarillo, no lo es menos que el centenar de expertos bajo el que se ha arropado esta nueva edición abruma un tanto, porque están los mejores, Martín de Riquer, el gran estudioso de la obra cervantina, el que abrió este estudio a las interpretaciones más modernas, o Claudio Guillén, pero también Roger Chartier o Jean Caravaggio, es más, escritores como Javier Marías, Javier Cercas o Alberto Manguel, es decir, todo el que tiene algo que decir sobre la obra de Cervantes. El resultado es una inmensa labor en dos tomos que ayuda a disfrutar de la edición, pues el primero es la obra cervantina en sí misma y el segundo está formado por los comentarios de los filólogos y los escritores, formando un corpus de opiniones varias y fundadas que se agradece.

La presentación, este martes, fue institucional, pero se dirimieron preguntas importantes como la que planteó el mismo Rico sobre la fascinación que ejerce la obra. Estuvo acertado en lo referente a restarle importancia a que Cervantes quiso dinamitar la novela de caballerías, donde no hallamos fascinación alguna a estas alturas donde la gente sencillamente no ha leído ninguna, y resaltar la concepción misma del personaje como héroe trágico, “su singular humanidad” , esa mezcla de desaforado y lúcido personaje que en definitiva el joven Giorgy Lukács, antes de convertirse en un filósofo esencial de la estética marxista, dejó descrito hace casi un siglo para la narrativa moderna en el concepto de “héroe problemático” en su Teoría de la novela.

Digo todo esto no porque en la pregunta del profesor Rico se esconda una nueva manera de abordar al personaje cervantino, sino por la voluntad manifiesta de que nuestra novela, que abrió las puertas a la narrativa moderna, se incorpore a ésta y se libere por fin de ciertas concepciones que entre nosotros han arraigado con la fuerza de lo inamovible, cuando no eran más que arbitrariedad pura y dura. Este tipo de voluntad, aliada a la de la incorporación de voces muy distintas, hacen de esta obra una rara manera de entender a nuestros clásicos, muy escasa entre nosotros, y muy abundante en Inglaterra por ejemplo, donde la literatura de interpretación prima sobre la exclusivamente filológica. Esta edición se presentó, en palabras de Jaume Giró, director de la Fundación La Caixa, como la publicación más completa que se haya hecho de la obra cervantina, y tiene todas las trazas de que sea así, pero creo que lo importante es que por fin hayamos dado más importancia a lo interpretativo, que en el fondo es lo vivo, que a lo filológico, que es necesario pero no esencial, por mucho que les pese a ciertos estudiosos.

Esta edición, por tanto , y respecto al modo en que está planteada, rebasa la propia obra de Cervantes para servir de probable ejemplo para otras ediciones críticas de clásicos de nuestra literatura. Desde aquellos 1.500 ejemplares que editó Juan de la Cuesta en su imprenta de la calle Atocha de Madrid en 1605 a esta nueva edición han corrido muchos Quijotes, ay, aquella maravillosa de 1780 de Joaquín Ibarra, y muchos millones de ejemplares y de lectores, que vale decir millones de Alonsos Quijanos. Esta edición es, por ahora, el homenaje más cabal que hemos hecho en la celebración del IV Centenario. Que el ejemplo cunda.

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