Arte mochica, no es inca todo lo que reluce

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Corona con rostro de felino y guacamayos. Mochica. Época Auge (1 d. de C. - 800 d. de C.). Museo Larco, Perú. / obrasocial.lacaixa.es
Corona con rostro de felino y guacamayos. Mochica. Época Auge (1 d. de C. - 800 d. de C.). Museo Larco, Perú. / obrasocial.lacaixa.es

"El arte mochica del Antiguo Perú. Oro, mitos y rituales", es una exposición organizada por la Obra Social "la Caixa" que se ha inaugurado coincidiendo con la llegada del presidente del Perú, Ollanta Humala, a Madrid y que estará en la capital hasta el día 4 de octubre después del éxito cosechado en Barcelona, en cuya sede central se mantuvo toda la primavera, siendo una de las muestras más relevantes que ha ofrecido la ciudad catalana en estos meses. La exposición, que consta de 200 piezas procedentes del Museo Larco de Lima -uno de los grandes centros arqueológicos del antiguo arte peruano, posee alrededor de 46.000 piezas- y viene a mostrar al visitante europeo la riqueza cultural de los pueblos indígenas antes de la llegada de los Incas. Sí, había vida antes del Imperio y esta muestra viene a paliar el desconocimiento de estas culturas, a veces mucho más refinadas que las posteriores, que les robaron fama. La razón: que tanto incas en Perú como aztecas en México fueron los imperios desarrollados que los conquistadores españoles se encontraron al llegar a América y  que el imaginario europeo aglutinó por comodidad en una misma cultura la variedad de enormes y prósperas sociedades indígenas que muchas veces convivieron, a duras penas. con el Imperio Inca o el Azteca.

No fue el caso de los mochicas. Vivieron antes que el Inca y habitaron una tierra hostil, la comprendida en los valles y montes desiertos del norte del país, entre los años 100 y 800 después de Cristo, justo coincidiendo con el comienzo de la decadencia del Imperio Romano. Ulla Holmsquist, comisaria de la muestra, ha recalcado que la exposición está concebida para mostrar la cosmovisión andina a través del arte mochica, una cosmovisión eminentemente de carácter agrícola pero muy ligada a la preservación del entorno, probablemente por ser tierra de pocos recursos y a la que había que mimar mucho. En la muestra destacan los objetos ceremoniales, que son los que gustan al visitante de hoy y que exaltaron en su tiempo la imaginación del conquistador, las piezas de oro macizo o hechas con metales preciosos, aunque se contemplen objetos de piedra de muy bella factura, tallas de madera, de conchas y, sobre todo, cerámica, profusión de vasos y recipientes en que los pueblos americanos se consumaron como maestros y de los que los mochicas no fueron una excepción. Esos trabajos en cerámica, su perfección y calidad lo eran porque estaban concebidos para los enterramientos rituales, nada que ver, por tanto, con los objetos para comer o cocinar, mucho más simples y fabricados con peores materiales.

Dios Búho. Mochica. Época Auge (1 d. de C. - 800 d. de C.). Museo Larco, Perú. / obrasocial.lacaixa.es
Dios Búho. Mochica. Época Auge (1 d. de C. - 800 d. de C.). Museo Larco, Perú. / obrasocial.lacaixa.es

Resulta curioso comprobar, como en el caso del arte egipcio, cómo los animales determinaban la cosmovisión de los mochicas, lo que imaginaban sucedía simbólicamente en otros mundos después de éste. Los gatos, por ejemplo, que estaban ligados a esta tierra, eran, por decirlo así, la parte del mundo que representaba lo objetivo. Por contra, las aves estaban provistas de la facultad de ser representantes del mundo divino, celestial, el que se encontraba en las alturas; y la serpiente representaba el mundo interior, algo muy propio de culturas muy alejadas y distantes entre sí en el tiempo, simbología que se advierte en las ropas que vestían los nobles.

Hay piezas bellísimas, como la dedicada a la cacería del ciervo, de significado algo terrible pues tenía como objeto la representación ceremonial del sacrificio de los guerreros vencidos en combate. Se ve, por ejemplo, la entrega de la copa con la sangre de los prisioneros a los dioses y también el culto a los ancestros, donde destaca la representación de las cabezas humanas como verdaderas obras de arte, donde los mochicas adquirieron una calidad notable.

A destacar, la colección de vestimentas de los nobles recamadas en oro y plata, aunque no podemos dejar de llamar la atención hacia los objetos dedicados a los cultos de fertilidad, que entre los mochicas se convirtieron en una obsesión y que durante años parecieron obscenos a ojos europeos. Pero lo más curioso de la muestra, por inesperada, es el espacio dedicado a Ay Apaec, héroe mitológico de la religión mochica y que bien podemos comparar a un Gilgamesh o Hércules americano. Es un héroe con todas las connotaciones del mismo: es fundacional. De ahí la importancia que se le dado en la muestra. Como dato curioso merece la pena resaltar que poseía los tres atributos animales: era ave, serpiente y felino.

La muestra se completa con actividades paralelas a las de la propia exposición. De las actividades programadas, la que llama más la atención es la dedicada al Señor de Sipán, cuya tumba fue descubierta por Walter Alva en 1987 y que se ha comparado en importancia al descubrimiento de la tumba de Tutankamon por su magnificencia. No es para menos. El arte mochica goza de especial atención por parte de los arqueólogos, que están investigando en sus orígenes y han hallado conexiones de esta antigua cultura amerindia con otras de su entorno, como la lambayeque, la chimú y, desde luego, la Inca.

Con ello se trata de establecer las bases de una nueva manera de entender las culturas amerindias, muy alejadas del marketing de las culturas inca y azteca, que deben su preponderancia en que eran imperios muy consolidados y extensos y ejercieron una tiranía notable sobre las culturas más débiles. La muestra resalta el desarrollo hidráulico de este pueblo, el mochica, que supo convertir en un vergel al desierto de la costa norte peruana.

La cultura mochica desapareció por una prolongada sequía, secuela extraordinaria del fenómeno de El Niño. Toda una metáfora.

laCaixa (YouTube)
2 Comments
  1. paco otero says

    verdaderamente lamentable, que al menos desde la zona donde vivo y desde donde se organizan salidas colectivas para un partido de fútbol no se organicen para poder disfrutar de estas muestras de cultura y arte…nos que da el consuelo de estas cronicas y buscar por internet…gracias maestro JURISTO,gracias CUARTOPODER

  2. Frieda Garrow says

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