Ávila, un paraíso medieval

Ofelia de Pablo y Javier Zurita (Texto y fotos ©)

Muralla de Avila, Spain
La muralla de Avila al anochecer. Su conjunto monumental es el mejor conservado de España y probablemente de Europa.

Santa Teresa asomada al balcón del Monasterio de la Encarnación ve como el cielo se desploma, sólido y macizo, sobre una ciudad sobrecogida por la inmensidad de sus murallas de granito. Es el alma de su Ávila, morada de caballeros y santos, hoy hogar de nuevas formas de amar su corazón medieval.

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Desde la lejanía, la ciudad se muestra colosal y distante, un áspero esqueleto de torres defensivas y espadañas reciben al viajero cuando éste se acerca desde Arévalo. La muralla, con sus dos kilómetros y medio, seis puertas y sus imponentes 88 torres abrazan el cuerpo de una Ávila acogedora y colmada de leyendas. La fortaleza terminó de construirse en 1090 de la mano de Don Pelayo, obispo de Oviedo, y del conde Don Raimundo de Borgoña con fines defensivos. En la actualidad es la que mejor se conserva en España. Sus más de 2.500 almenas serpentean ascendiendo y descendiendo colinas, envolviendo con su ritmo sinuoso a monasterios, iglesias, calles empedradas y nuevas formas de vida que emergen entre los bloques de granito. Es en el paseo del Rastro, en la parte sur, donde las murallas se humanizan. Bajo los centinelas de granito la vida abulense bulle –caminan sus habitantes arriba y abajo- contemplados por siglos de historia, mudos testigos del cambio de los tiempos y de las costumbres de una ciudad tradicional y conservadora. Es el lugar de encuentro en las tardes de domingo, un paseo de poco más de un kilómetro entre las murallas y el valle de Amblés que ha visto deambular sotanas y caballeros de la corte.

La envoltura rígida de la ciudad y su fama de guerrera y mística, hacen temer al visitante un frío encuentro cuando se adentra en sus calles. Pero es en el Mercado Chico, junto al Ayuntamiento, o paseando bajo los soportales del Mercado Grande donde uno se empapa del verdadero espíritu de la tierra castellana. Más allá de iglesias y conventos existe un alma diferente agazapada entre los imponentes muros medievales. Para comenzar con buen pie hay que asomarse a la singular ruta de las tapas de Ávila, un paseo para el paladar en el que conocer de la mano de los mejores cocineros las exquisiteces culinarias de la tierra abulense. Locales como el Rincón de Jabugo (Calle de San Segundo, 28) , La Santa (Plaza Santa Teresa 16) o la Taberna del Tostado (Plaza de la Catedral 10) son excelentes referencias a la hora de disfrutar del pincho mañanero. Un recorrido que además nos permitirá probar las tapas premiadas en el concurso que cada año celebra el Ayuntamiento. Algunos, como el local del Palacio de las Veladas, decidió crear un aperitivo solo para el evento, algo digno de saborear entre los muros de uno de los patios más bellos de la ciudad.

Una vez abierto el apetito es hora de pasar al plato fuerte. La variedad culinaria de la cocina abulense invita a sentarse a la mesa en alguno de sus estupendos locales. Los mesones tradicionales ofrecen cocina castellana de muy buena calidad pero si lo que se busca es algo un poco diferente hay que acercarse al restaurante La Pera Limonera (Plaza de Mosén Rubí 5) , una interesante apuesta modernista que contrasta con los muros medievales junto a los que se aloja. Su diseño vivo combina a la perfección con una carta de excelentes sugerencias, opciones apetitosas como el lomo de ternera fileteado con chutney de mango y crujiente de yuca o un buen bacalao confitado en salsa de queso Idiazábal. No muy lejos, otra propuesta deleita a los comensales con una excelente cocina tradicional con el toque especial de su chef, es el Zaguán (Calle Vallespín, 3). Aquí se puede saborear un buen plato de judías del Barco de Ávila o unas patatas al montón con pimientos y morcilla. Y para postre, nada mejor que una caja de las famosas yemas de Santa Teresa en Santa Teresa Gourmet. Este local de antigua tradición en la capital –se fundó en 1860- también ha cambiado. Sus dulces han traspasado fronteras y han creado una marca que engloba numerosos productos de alta calidad. Además de las ya archifamosas yemas, también se puede disfrutar del suculento membrillo artesanal, el huevo hilado o las salsas elaboradas con la receta de Martín Berasategui.

Si la gastronomía local se está modernizando, lo mismo ocurre con los nuevos creadores. Un impulso de modernidad recorre las tiendas de la ciudad y es en el diseño de joyas donde se encuentra el máximo exponente. El trabajo de atrevidas propuestas de Teo Legido ha marcado la diferencia con el concepto tradicional. Sus diseños combinan la elegancia y el arte con las piedras preciosas creando piezas de gran belleza. Cubos que se desdoblan, se funden y se adaptan a la personalidad de quien los lleva, anillos de estructuras vertiginosas o elegantes colgantes. Un mundo nuevo de conceptos que marcan estilo en una ciudad que poco a poco está aprendiendo a mirar más allá de sus muros.

Cómo ir: El aeropuerto de Madrid es el más cercano a Ávila. Iberia ofrece vuelos diarios desde las diferentes ciudades de España. Más información en iberia.com. Desde el mismo aeropuerto se puede llegar a Avila en tan solo hora y media en autobús. También se puede viajar en tren, directamente o con diferentes combinaciones, desde todas las capitales del país. Más información en renfe.com.