José Andrés contra Donald Trump, en duelo racial

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José Andrés durante su exposición en el Encuentro Gastronómico Internacional en Lima. / Paolo Aguilar (Efe)

El aspirante republicano a la Casa Blanca, Donald Trump, se ha puesto hecho un basilisco porque el chef José Andrés –a quien todos los ricos quieren en su casa– ha roto el trato acordado con Trump de poner un restaurante en el hotel de lujo que el magnate está terminando en la capital de Estados Unidos. El caso es que Trump está decidido a incrementar su fortuna de varios miles de millones exigiendo a Andrés, por vía judicial, el pago de 10 millones de dólares por tamaña osadía.

José Andrés –ya lo hemos dicho aquí es el cocinero de moda, el super chef imbatible, la estrella culinaria que todos quieren conocer y que tiene sembrado el territorio norteamericano de restaurantes de lujo, restaurantes asequibles y restaurantes sobre ruedas; que, además, arrasa en sus programas televisivos y asesora a la Casa Blanca en materia nutritiva. Un monstruo. Pero es que, si entre monstruos anda el juego, Trump no es menos monstruoso.

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Andrés, ciudadano estadounidense desde 2013, no está nervioso ni preocupado. Es conocida su tendencia por las causas nobles, perdidas o no, y a nadie que le conozca le puede extrañar su decisión. Lo que sí se preguntan en el bando contrario es por qué aceptó la oferta del multimillonario reaccionario, si ya se sabían sus salidas de tono racistas, sexistas, clasistas y fóbicas en general.

“Los comentarios recientes y despectivos de Donald Trump sobre los inmigrantes hacen imposible para mí y mi empresa seguir adelante con la exitosa apertura de un restaurante español en la propiedad Trump International en Washington”, ha dejado dicho José Andrés, y esta decisión le hace perder a él mismo muchos miles de dólares, pero la nobleza obliga. No está solo, también las cadenas NBC y Univisión y los señeros almacenes Macy’s han cancelado colaboraciones con el magnate republicano. Hasta el concurso de Miss Universo que organiza el millonetis va a verse boicoteado, al menos por México, Costa Rica y Panamá.

Como casi todo lo que toca el chef, su postura ha levantado voces y aplausos a favor de la consideración y el respeto a los inmigrantes. Es el caso del también cocinero Geoffrey Zakarian, a quien Trump reclama otros diez milloncejos por incumplimiento de contrato. Una de dos, o se hace más millonario aún o a Trump la tontería de acusar de violadores y drogatas a los mexicanos le va a salir cara.

También Antonio Banderas aludió a la actitud de Donald Trump, en un magnífico discurso, arremetiendo contra esas declaraciones electoralistas, en la gala de los Premios Platino, de Marbella, el pasado julio. Aunque él habla de lo “latino” como un signo de distinción, que se entiende mejor dicho en Estados Unidos, si bien casi nadie habla en latín ya a estas alturas de la era moderna.

Así las cosas, el Thinkfoodgroup, una asociación que dirige José Andrés, ha declarado que la pataleta de Trump no tiene fundamento y que el cocinero español ha tratado de parlamentar para llegar a una solución amistosa, sin éxito. Y es que en Estados Unidos –como en tantos otros sitios- salirse del sendero trazado por los que mandan de verdad tiene sus costes. Veremos pronto en qué acaba esto porque, eso sí, la justicia americana vuela.

1 Comment
  1. me says

    No saben cuanto me alegra la decisión de José Andrés. La excepción de que el dinero lo puede todo.

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