Rodrigo Littlebit

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Pepe Viyuela *

Pepe_Viyuela_fantasiasRodrigo Littlebit desde niño quiso ser pirata. Pero no un pirata cualquiera, él aspiraba a ser un pirata fino, de los de alto copete, de los que hacen su fortuna navegando en el proceloso mar de las finanzas, allí donde las corrientes del Caribe empujan las fortunas hacia hermosos paraísos. Él quería ser un pirata navegante en un bajel por su bravura temido y en todo el mar conocido del uno al otro ecofín; un pirata capaz de hacer desaparecer haciendas en las bodegas de los barcos… O de los bancos. Eso le daba lo mismo con tal de apropiarse de tesoros.

Littlebit siempre dijo que quería ser un hombre de provecho, y lo fue sobre todo del suyo. Por eso se doctoró en sustracción y distracción de capitales; aprendió a evadir, y, llegado el caso, a evadirse; se especializó en sonrisa zorruna y mirar hipnótico, para hacer firmar, (preferente-mente a marineros jubilados), su participación en expediciones destinadas al naufragio sin derecho a salvavidas ni a rescate.

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Aprendió Rodrigo Littlebit que la mejor manera de atracar bancos/barcos y países enteros era rodeándose de otros piratas. Y encontró su banda perfecta en el puerto de Génova, donde se fraguaba el nacimiento de una tripulación de bucaneros. Él contaba con el aval de su propio padre, un grandísimo pirata que supo hacer fortuna en medio de aguas revueltas, y que aprovechó tormentas y batallas para sacar tajada y hacerse un hueco por un rato entre la flor y nata de la piratería.

Durante unos años, Rodrigo se dedicó al gobierno de una de las naves, la bautizada como “La Económica”. Allí se hizo nombre y fama de gran patrón y consiguió el respeto de todos los piratas que en el mundo han sido. Los méritos obtenidos le llevaron a ser candidato a capitán de la flota, pero finalmente el puesto fue para “El Marrajo”, un triste y frío filibustero, también apodado “Barba de Gaviota”.

Ilustración: Daniel Miñana
Ilustración: Daniel Miñana

Aquel tropiezo cambió su vida. Abatido, decidió poner proa hacia poniente e iniciar un peligroso viaje al fondo (monetario) de los mares. Allí era donde se encontraban las llaves de los cofres de todos los tesoros. La expedición duró poco y acabó con un naufragio en circunstancias no aclaradas. Littlebit consiguió salvarse cruzando a nado el Atlántico. Volvió a casa cabizbajo y con cara de póquer, siendo apodado desde entonces “Periquete el Breve”.

Sus compañeros le encadenaron entonces al bankio de una galera. A Periquete, se le fue la mano y pretendió, en la timba de a bordo, ser más listo que nadie. En un alarde de fanfarronería, en medio de un abordaje, obligó a todos a elegir entre la bolsa o la vida. Olvidaron la vida y eligieron la bolsa, y sufrieron otro naufragio que estuvo a punto de arrastrar a toda la banda al fondo del océano.

Tras un rescate desesperado, Periquete pudo volver a salvar el pellejo. El fragor de aquel salvamento provocó innumerables bajas de inocentes marineros. Los que perdieron la bolsa casi perdieron también la vida. El fantasma de aquel barkio naufragado, cual Holandés Errante, persigue desde entonces la estela de Rodrigo, que no ha conseguido levantar cabeza.

Para colmo, Periquete no llevaba ya en el mástil la bandera pirata, sino la suya propia, en la que había sustituido la calavera y las dos tibias por una simple bandera black. Bajo ella navegó por mares de abundancia, dilapidando fortunas en alcohol y gastando a manos llenas. Perdido el apoyo del puerto de Génova y traicionado por los suyos, cayó en desgracia y hoy es perseguido por los siete mares.

Recientemente buscó la ayuda desesperada del pirata George “el Temerario”, quien, tras reunirse con él en una caverna del interior, afirmó no estar conspirando sino “escuchando a un amigo, según dictan las más elementales normas de la piratería”. A pesar de eso, bucaneros de todo el mundo y marineros de agua dulce, sospechan que lo que pasó en la cueva se quedará en la cueva.

Nadie sabe cuál será el futuro de Rodrigo, pero a pesar del apoyo de los piratas, la marinería entera espera que acabe en las mazmorras de algún penal, aunque sea con vistas al mar.

(*) Pepe Viyuela es actor. / Fotografía de Moisés Hernández Acosta.

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