‘Te voy a dar salami aquí en la arena’: la canción del verano es hot

Lucía Martín *

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Imagen: Shutterstock

Una noche, durante mis vacaciones, me encontré en un tugurio poco recomendable de la costa alicantina, rodeada de niñas mal vestidas, que aquello más parecía un desfile de rotondas que una discoteca. Como el personal masculino tampoco era muy destacable tenía dos opciones: o beberme hasta el agua de los jarrones o prestar atención a la letra de las canciones. Así que hice lo segundo, porque yo soy de follar pero no de beber. Todo, convendréis conmigo, no se puede.

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Este verano ha sido como una clase permanente de zumba: allá donde fueres no hacía más que oír las canciones latinas de reggaeton que nos ponen en el gym, tanto es así que he ido danzando cual coreografía por todos los garitos de la geografía española y sin quererlo me salían los movimientos de la clase… Por lo menos he trabajado glúteos.

A mí esto no me parece mal, lo de los movimientos no, lo de la música, tampoco eran mejores los tiempos de Georgie Dann o aquél verano donde el Get Lucky de los señores de los cascos nos empezó gustando mucho y acabamos aburriéndolo. Así son las canciones del verano. Incluso si me apuras, los polvos de verano o, al menos, los de antes, porque, desde que existe Tinder, aunque el polvo sea mayúsculo no te da tiempo a repetirlo. Os dirán que Tinder es un vocablo que significa yesca pero en realidad significa consumismo. Vas encadenando los cuerpos como si comieses pipas. Uno detrás de otro. Lo más que yo he conseguido en esta app del demonio es que algún incauto compre mi último libro (incauto al que no me follé, por cierto, que luego me preguntáis) o que amantes esporádicos se hayan convertido en lectores. Que de vez en cuando me escriben diciéndome “te leo”. Y yo pienso: coño, no me leas tanto y fóllame más (desde aquí un saludo M).

Pero a lo que vamos: la canción del verano. En aquel bareto en el que el dj había hecho un curso de musicalidad y ritmo de Ceac, solo sonaban ritmos latinos. Malos, de los de ahora quiero decir. Y se fueron encadenando durante la noche letras tan evocadoras que habrían ensombrecido la prosa de Bécquer. Combinan el más puro chonismo de polígono con un tufillo machista/posesivo que tira para atrás y que me recordaba a la tan visionada, y no por buena, 50 Sombras de Grey. Ahí van algunos ejemplos: “Tu tan bonita y él no te da. Sé que tú eres mía, dile que en tu cama está mi nombre. Mami, deja que te coma enterita” (Dasoul); “Sé que acabo de conocerte pero lo que quiero es complacerte, tú déjate llevar, dime si conmigo quieres hacer travesuras, tú estás bien dura. Si te pido no digas que no, lo que yo haga tú no vas a olvidar” (Nicky James); “Ella quiere que yo la ponga a gozar por la mañana. La tipa me mata, me pone culeroso, en la cama hay candela, la niña mala quiere su pela” (Juan Magán); “La sopa está caliente, no me importa si es casada no la quiero solo para mi” (Osmani García y su oda al taxi, menos mal que no ha sido a Uber).

Me llama la atención no que los ritmos sean repetitivos, como en una eterna canción de Héroes del Silencio, sino que incluso las letras sean las mismas: se reproduce mucho lo del “nena estás dura” (que me recordó mi experiencia con los mandos militares) o lo de las tres de la mañana, que parece ser la hora en la que se desencadenan los peores instintos de la humanidad. Y que conste que lo de que ellas estén duras me alegra sobremanera sobre todo viendo que la mayor parte de los creadores de tan hermosas melodías parece que se han comido un buey relleno de buey y que, por extensión, sean tan atractivos como Demis Roussos cuando vestía camisola-sábana.

Pero lo anterior no es nada, se escuchan otras letras que habrían hecho palidecer a los integrantes de Semen Up con su ya casi pazguata “Lo estás haciendo muy bien”. Empecé a oír acordes de una canción (y os aseguro que no iba bebida) que hablaba de una butifarra pero la apoteosis para mis oídos llegó cuando sonaron los ritmos de Mandanga Style: “Dime que te gusta dilo nena, te voy a dar salami aquí en la arena. Me da igual si eres rubia o eres morena. Tengo pati patata de la buena”.

Te voy a dar salami aquí en la arena, tengo pati patata de la buena. Repitan conmigo: te voy a dar salami aquí en la arena. ¿Salami? ¿No había otro apelativo disponible? No sé si esto es una influencia de Masterchef, que ha hecho mucho daño en lo que atañe a la cebolla caramelizada y que parece tiene una influencia también en lo que a denominaciones de la verga se refiere. ¿Salami? ¿Patata? ¿Butifarra? Pero si el salami como el chorizo o la butifarra son indigestos. A ver a ver a ver… ¿Alguien os ha dicho, y me refiero a vosotros, lectores masculinos, que estos apelativos pongan? Me imagino al tipo diciéndome: “Ábrete de piernas toda que te voy a dar salami aquí en la arena. Eres una niña mala que quiere su pela..”. WTF???? ¡Con lo bonita que es la palabra polla! Me dicen eso una noche y el éxito lo tiene asegurado, pero no el del coito sino el de irse a su casa a pajearse el calentón.

En fin, que visto lo visto, estoy echando de menos el “Mami que será lo que quiere el negro”, que venía a decir lo mismo pero más sutilmente.

(Ni os podéis imaginar el esfuerzo que me ha supuesto descifrar las letras de estas canciones que parecen cantadas por Shakira mientras se come un polvorón).

(*) Lucía Martín es periodista y autora de ‘El sexo de Lucía’ (Popum Books, 2014).