PASCUAL SERRANO | Publicado: - Actualizado: 7/1/2017 19:28

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Pepe Viyuela y Rubén Cortada en la serie ‘Olmos y Robles’. / rtve.es

Hay productos televisivos que están concebidos para el público medio, medio en todos los sentidos. Recuerdo que en alguna clase de guión hacia finales de los 90 decían que en España las series se hacían para el abuelo, el nieto, los padres y toda la familia. Eran los tiempos de Siete Vidas, cuando empezaba a crearse ficción patria de cierta calidad. Es evidente que en nuestro país ninguna productora ni cadena se atreverían con series como Breaking Bad, y seguro que algún guión excelente de similar factura duerme el sueño de los justos en el cajón de la mesa de algún directivo.

Pues bien, sucede con Olmos y Robles que es exactamente eso, un producto medio. No pretende demasiada originalidad argumental ni cuenta con guiones brillantes ni tiene una realización memorable. Pero cuenta con lo que la mayoría del público nocturno espera.

Humor sin demasiada complicación intelectual, actuaciones correctas de la pareja protagonista (Pepe Viyuela y Rubén Cortada) sustentada sobre todo en el oficio de Viyuela, un plantel de secundarios de bastante calidad (Álex O’DoghertyEnrique VillénAna MorgadePilar Castro…), unas tramas capitulares de investigación que logran mantener el interés, a pesar de ciertos baches repetitivos, y unos medios técnicos aceptables que consiguen una fotografía brillante.

La dirección, si acaso, se nos hace un poco insuficiente, pues a veces no sabemos si los personajes están en un plató de una comedia de situación o en una localización supuestamente real de una serie de ficción, ya que los actores se sitúan en fila frente a cámara como en el teatro.

Y sobre todo nos parecen mejorables los guiones. El del primer capítulo se adentraba innecesariamente por vericuetos demasiado complicados y manejaba con poco tiento la información, mezclando con poco sentido de la proporción y tiempo el thriller, el humor y la chabacanería más zafia, con ciertos aires intelectuales y dispersándose en informaciones poco claras y que aportan poco. En el segundo capítulo la cosa ha mejorado sustancialmente, una vez definido el contexto, centrado el argumento general y conseguido el tono.

Olmos y Robles cuenta las investigaciones de una pareja de guardiaciviles en un cuartel de Ezcaray, La Rioja. Uno es guapo, serio y preparado. El otro es tosco, voluntarioso y con mucha intuición. En cada capítulo se enfrentan a un caso distinto y cuentan con la ayuda de otro guardia civil y la colaboración de todo el pueblo, por el que deambulan vecinos de toda laya. Las localizaciones principales de interiores son el cuartel y la tasca.

La serie, producida por RTVE y 100 balas, la productora de Flipy, a veces incide demasiado en la promoción del propio cuerpo de la Guardia Civil y de las bonanzas de La Rioja y sus productos, no sólo vinícolas, pero entendemos que puedan ser servidumbres de la financiación.

Ya decíamos al comienzo que era un producto medio, y la audiencia así lo ha confirmado. Tanto el primer capítulo como el segundo han obtenido muy buenos resultados: 3,30 millones de espectadores y 19,5% de cuota de pantalla el primero y 3,35 millones y 18,8% de cuota el segundo. Por tanto, en una semana ha logrado ganar espectadores. Ojalá que la semana que viene pueda mantener estas cifras, una vez haya de competir con el estreno de Antena 3 Mar de plástico.

Para nosotros es un digno sustituto de Los misterios de Laura, a pesar de que, personalmente, el esforzado trabajo de Olmos y Robles no pueda reemplazar las divertidas investigaciones de nuestra querida Laura Lebrel.

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