Carmen Balcells, la modernización del oficio de escribir

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Mario Vargas Llosa besando en la frente a Carmen Valcells, agente del Premio Nobel. / Efe
Mario Vargas Llosa besando en la frente a Carmen Valcells, agente del Premio Nobel. / Efe

Es un tanto evidente afirmar que Carmen Balcells fue la agente literaria que modernizó las relaciones entre editor y escritor, hasta entonces dignas de las descripciones que sobre el oficio se dilucidaban en Luces de bohemia; también que acaparó lo mejorcito de la literatura latinoamericana y española desde los años sesenta, tanto, que no hay agente literario en el mundo que haya representado a cuatro Premios Nobel, lo que es un fenómeno a tener en cuenta, y ella los ofreció como si tal cosa, con uno de ellos, Camilo José Cela, algunos pasamos veladas estupendas en Estocolmo los días de la entrega del Nobel al autor de La colmena, y ahora que doña Carmen ha muerto, me resisto a llamarla eso de Mamá Grande por aquello del relato de García Márquez, me resisto a llamarlo Gabo, que queda en cosa de amigos, recuerdo con agrado que se agarró a mi brazo en un Estocolmo helado mientras nos dirigíamos al baile que ofrece la ciudad en honor de los laureados y la prevención que tuve cuando se me colgó aquella humanidad de mujer al pensar que los dos podíamos rodar por aquella acera hecha hielo. Nunca fui hombre de mucha fuerza. Resistí.

Carmen Balcells era mujer de enorme inteligencia y un recorrido por su vida, es decir, por su labor, nos la hace grande, grande de verdad. Nació en 1930 en Santa Fe de Segarra, que parece sacado de un relato de Onetti pero es pueblo leridano, y muy joven trabajó con el escritor rumano, Vintila Horia, que ejercía de agente y profesor de literatura, citaba a Rilke y a Roth en tiempos de miseria física y cultural, era escritor proclive al fascismo, se decía que había formado arte de la Guardia de Hierro, como Uscatescu, pero siempre creí que Horia que era muy fino como para eso, despreció a estos por puro aristocratismo, como su amigo Ernst Jünger, a quien recomendó la lectura de la joven novelista Elena Quiroga. Pues bien, después de aprender con este hombre los rudimentos del oficio, estamos en 1956, fundó su propia agencia literaria porque intuyó de manera genialoide que las relaciones entre editor y escritor tenían que modernizarse y ella vio en el español una mina de oro. Intuición que la llevó a acaparar lo más granado de la literatura latinoamericana y española de los sesenta, setenta y buen parte de los ochenta. Carmen Balcells, la incontestable.

La nómina es conocida pero conviene sacarla a pasear porque abruma un poco pero la define: Gabriel García Márquez, de quién dijo que le quería porque representaba el 40% de los beneficios de la empresa, Mario Vargas Llosa, de quien se dice cayó en los lazos celestinescos de la Balcells que ayudó a que las relaciones con Patricia, había dejado ya a la tía Julia, se precipitaran porque había intuido, siempre su certera intuición, que lo que el escritor peruano necesitaba era una mujer que le pusiera orden en su vida; Pablo Neruda; Julio Cortázar; Carlos Fuentes, Juan Carlos Onetti, Salvador Garmendía, al que pagó el colegio de sus hijos durante años, Alfredo Bryce Echenique, al que citaba siempre pocos días antes de Navidad para que le ayudara a hacer los paquetitos de turrón de la pastelería del poeta J.V. Foix que mandaba en las fiestas a todos sus escritores. De los españoles, desde Juan y Luís Goytisolo a Cela pasando por Vicente Aleixandre, Manolo Vázquez Montalbán, Rafael Alberti, Miguel Delibes, Gonzalo Torrente Ballester, Jaime Gil de Biedma, Juan Marsé, Ana María Matute, Eduardo Mendoza, Javier Cercas, Alfredo Conde, Rosa Montero y un largo etcétera que colocamos porque llenaríamos algunas páginas de nombres de escritores y no se trata de eso.

Digo abrumador pero significativo porque en estos nombres se dirime gran parte de lo que ha sido la literatura en español de los últimos cuarenta años y eso otorga cierto poder que no debe ser pasado por alto. Tanto que era obvio que los tiburones anglosajones se fijarían en los beneficios que tamaña situación producía en el mercado en español a la larga.. y así fue. El llamado Chacal, Andrew Wilye, el Carmen Balcells neoyorkino, se dio cuenta de que el mercado de los latinoamericanos en Estados Unidos era rentable, sobre todo García Márquez, como bien había afirmado la misma Balcells años antes, y pasó al ataque. La historia data de hace años pero de verdad no se ha llevado a cabo hasta hace un año y aunque se hable de una fusión, lo cierto es que se trata de una compra en toda regla, a favor de los norteamericanos, claro. Fue, entonces, cuando Carmen Balcells, enferma ya, se retiró después de cerrar el trato.

Siempre fue una gran dama y por eso sabía que todos tenemos nuestro tiempo, y ella fue la agente que modernizó el mundo de las relaciones entre escritor y editor, la que se preocupó de que no sólo cobraran derechos sino de que éstos fueran dignos, acabando con la picaresca ancestral del oficio y otorgando a éste un nivel de profesionalidad desconocido hasta entonces, pero sabía también que ella ya no pertenecía a este otro que se ha formado de lo digital de la globalización, de los grandes consorcios internacionales, donde, pienso, se sentía a disgusto. Así que dejó el terreno a otros más jóvenes y, por tanto, más acomodados con los tiempos.

Carmen fue una mujer grande pero también algo más, realizó una labor imprecindible y abrió el camino al boom de las agencias literarias que florecieron en los ochenta. Carmen Balcells, la pionera, Carmen Balcells, la tutora de buena parte de la literatura hecha en español... Mucho,demasiado para una sola persona, y ella lo hizo. Grande, doña Carmen.

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