El paisaje perdido de Joyce Carol Oates

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Oates en Texas, 2014
La escritora Joyce Carol Oates, en 2014 / Wikipedia

Hasta ahora, la escritora norteamericana Joyce Carol Oates había mantenido un elegante silencio sobre sus orígenes, sus primeros años en la tierra, aunque una lectura atenta a su obra dejaba pocos resquicios a la duda de lo difícil, a veces, insoportable, de su infancia. Con el libro que ahora publica en España,  Mágico, sombrío, impenetrable (Alfaguara, 2015), desvela las claves del silencio a sus lectores.

Oates es para muchos críticos compatriotas suyos una de los mejores escritores vivos norteamericanos, incansable agorera para los encandilados del American Way of Life, que gustan de ignorar cuanta desgracia ven a su paso. Oates no sólo no la ha ignorado, sino que la ha subrayado, destacado, descrito, desvelado, narrado y plasmado en sus historias sin dar mucha tregua a la esperanza. Este libro retrata paisajes perdidos, como apunta el título original inglés que no se ha respetado en la traducción española.

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Se trata de una serie de relatos donde la autora da cuenta de sus años infantiles, las décadas de los años 40 y 50, en cuyo devenir brotan sus tonos más sombríos, sus más profundas indagaciones, contadas con una fuerza que contrasta con el aspecto enfermizo y frágil de la autora, ese estar sin estar, con la mirada puesta en alguna parte a la que no puede acceder su interlocutor, como hacen los gatos cuando presienten algo que está fuera del alcance del resto de los mortales.

Conocí a Joyce Carol Oates en una visita que hizo a España con motivo de la publicación de su novela Agua negra, publicada por Ediciones B en 1993, donde narraba el accidente de tráfico del senador Edward Kennedy en el que murió su secretaria, Mary Jo Kopechne, al caer el auto en el pantano de Chappaquiddick, Massachussets, en 1969.

Portada de Mágico, sombrío...
Portada del libro / alfaguara.com

Antes y después de esa fecha, la autora nacida en el estado de Nueva York, en el profundo Noroeste americano, no ha parado de escribir. Lo suyo podría decirse que es una grafopatía, si es que tal enfermedad existe. Más de 100 libros entre novelas, cuentos, ensayos, libros infantiles, teatro; su capacidad de escribir sin parar al tiempo que enseña en la universidad y ejerce de activista en grupos variados resulta prodigiosa.

Da la impresión de que la vida de Oates sea escribir –alguna vez lo ha dicho− y que el resto sea silencio. Posiblemente fue una niña superdotada, de hecho es miembro de la Mensa, una asociación internacional de superdotados, en la que no puede entrar quien no dé la talla del cociente intelectual requerido.

Su aspecto recuerda al de La novia cadáver, de Tim Burton, más madura, pero que conserva ese aire liviano de un espectro más que un ser vivo, de huesos huecos, que no asombraría a nadie si levitara en vez de pisar el suelo. De lo que nadie duda es de su calidad como escritora.

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