El concepto es el concepto

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La obra ‘¿Adonde vamos a bailar esta noche?’, de Sara Goldschmied y Eleonora Chiari, que una limpiadora confundió con basura. / Efe-Museion Bolzano

En el Museion de Bolzano, una empleada de la limpieza arrojó a la basura una instalación de arte contemporáneo confundiéndola con los restos de una fiesta, y todos nos hemos reído mucho. Todos menos, quizá, las dos autoras de la obra, la directora del museo y la propia empleada de la limpieza, que es nueva en el puesto y todavía no es capaz de distinguir una colilla real de una colilla artística. ¿A que parece un capítulo de Museo Coconut? No nos habríamos reído tanto si un operario hubiese hecho añicos, por ejemplo, la Victoria de Samotracia o si una encargada del Museo del Prado se hubiese puesto a restregar Las Meninas para quitarle la roña (tampoco si hubiese destrozado, no sé, un gran lienzo de Anselm Kiefer). Lo cierto es que habría que ser muy zopenco para confundir una escultura griega con unos cascotes, mientras que lo único que diferenciaba Dove andiamo a ballare stasera? (¿Adonde vamos a bailar esta noche?), la instalación de Sara Goldschmied y Eleonora Chiari (consistente en confeti, brillantina, botellas de champán vacías y cajetillas de tabaco desparramadas en el suelo del museo), de un montón de mierda lista para la escoba era el título. El título y, tal vez, el precio.

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No es nada fácil distinguir las fronteras entre la tomadura de pelo, la obra de arte contemporáneo y el timo de la estampita, más que nada porque a menudo no las hay. En efecto, Museo Coconut, la delirante parodia del mundo artístico de los cómicos de Muchachada Nui, con sus artistas demenciados, sus comisarios discapacitados y su patético director, no debe andar muy lejos del original. En la entrada de ARCO, hace unos años, un bromista vació el contenido de una papelera en el suelo y se quedó esperando a ver qué decían los visitantes sobre la angustia de las colillas y el significado existencial de los envoltorios de caramelos. Después de escuchar pacientemente las críticas de los visitantes -una cornucopia de gilipolleces, vacuidades y pedanterías de manual el improvisado artista le pegó una patada a la instalación y reveló la engañifa. No fue una jugada muy inteligente porque este mismo año se expuso en ARCO un vaso medio lleno de agua, obra del cubano Wilfredo Prieto, al precio de 20.000 euros. La obra consistía en agua del grifo y un vaso de cristal, normal y corriente, de los que se pueden comprar por dos o tres euros en cualquier tienda. Cuando le preguntaron si alguien no podría hacer una obra parecida en su casa, con un vaso y un poco de agua, Wilfredo contestó impertérrito: «No, porque sería una copia».

Y no le faltaría razón. No sólo una copia sino una copia de una copia. Porque el vaso de Wilfredo, las botellas de champán de Goldschmied y Chiari y la casi totalidad del tan aplaudido y jaleado arte conceptual lleva plagiando descaradamente a Marcel Duchamp desde hace casi un siglo. Cuando Duchamp colocó su famoso urinario en un museo y le puso el título de «Fuente«, no sólo estaba abriendo puertas a la mente sino también estableciendo una sutil sátira del museo como lugar de peregrinación. Duchamp, uno de los grandes genios revolucionarios del arte, reivindicó la belleza implícita de los objetos cotidianos mediante el procedimiento de introducir un urinario en un museo. Un siglo después, una interminable caterva de holgazanes, timadores y soplapollas no sólo siguen chupando rueda de Duchamp sino llenando museos con urinarios de segunda orina.

Cuando se enteró de que, en vez de limpiar un cuarto de bazofia, había tirado una instalación carísima a la basura, la buena mujer se puso a rebuscar en las bolsas y al poco rato ¿Adonde vamos a bailar esta noche? ocupaba otra vez su espacio en el museo de Bolzano, como si no hubiera pasado nada. Y realmente es lo que había pasado: nada. La señora de la limpieza confundió el arte con la basura del mismo modo que previamente dos artistas confundieron la basura con el arte. Se lo podía haber explicado Pazos, el narco gallego de Airbag, uno de los mejores críticos de arte contemporáneo que ha pisado este país: «Mira nena. Aquí hay una cuestión. El concepto es el concepto».

Primo Inkdustries (YouTube)