'Antiguía del cine. Las 100 películas más sobrevaloradas de la historia'

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CUARTOPODER

Cubierta de la obra
Cubierta de la obra

Nuestro crítico de cine Iván Reguera
publica un nuevo libro. Se trata de Antiguía del cine* (Poe Books), un ensayo a todo color en el que machaca sin piedad a las, para él, 100 películas más sobrevaloradas de la historia del cine, entre ellas grandes clásicos como Psicosis, Lo que el viento se llevó, Toro salvaje, El hombre tranquilo o Vértigo.

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El libro, que arranca con una frase de Aki Kaurismäki (“Hay tres tipos de cine: el artístico de mierda, el comercial de mierda y el cine, que consiste en contar historias”), se divide en cuatro tipos de películas: éxitos académicos, éxitos de crítica o de festival, éxitos de taquilla y películas intocables.

Por cortesía del autor y de la editorial ofrecemos el adelanto de algunos de los comentarios de películas que aparecen en la obra.

MAR ADENTRO

mar_adentro2La crítica dijo: “Una experiencia tremendamente conmovedora, desde la poderosa actuación de Javier Bardem hasta la evocadora banda sonora, compuesta por el director Alejandro Amenábar”. (Claudia Puig, USA Today). “De las películas más estremecedoras que he visto en mucho tiempo. Amenábar también consigue que te rías en medio de la tragedia de Ramón Sampedro. Todo es magistral en una película que sale del corazón. Javier Bardem está más allá del elogio, pero Belén Rueda y los secundarios también” (Carlos Boyero, El Mundo).

Palmarés: Oscar y Globo de Oro a la mejor película de habla no inglesa. 14 Premios Goya, incluyendo mejor película, director y actor.

¿De qué va? Ramón Sampedro lleva décadas postrado en una cama. Su único deseo es morir dignamente. Dos mujeres son clave en su vida: una abogada y una vecina que intenta convencerlo de que merece la pena vivir. Finalmente, Ramón se saldrá con la suya bebiendo un veneno con una pajita.

Veredicto: Cartas desde el infierno, el libro en el que dice inspirarse esté dramón, es un claustrofóbico relato que nada tiene que ver con esta película. Lo más indignante del film no es el patético maquillaje de Javier Bardem (trabajo premiado con el Goya), sino lo manipulador que es usando como base una tragedia como la de este señor. Amenábar, que es un progre, pretendió burlarse de la Iglesia y para ello se inventó unos curitas ridículos. En su maniqueo guión, digno también de tv movie de sobremesa, el complejo asunto de la eutanasia se plantea solo con blancos o negros: están los que la defienden y los pirados religiosos. No hay grises, no se mantiene a una respetuosa y prudente distancia. Es panfletario. La prensa, encantada, alabó la “sensibilidad” de Amenábar y las academias premiaron su propuesta, que no solo es demagógica, además formalmente es tremendamente pomposa.

El culpable: Amenábar es el ejemplo perfecto de cineasta progre, un tipo que no se pregunta, sino que da clases. Pontifica. El director progre es, por definición, profesor antes que cineasta. Volvió a perpetrar la misma argucia en Ágora, centrada también en los fanatismos cristianos. Tremendo tostonazo.

Su momento más bochornoso: Sampedro sale volando por una ventana, aterriza en una playa y se encuentra con Belén Rueda recién salida de un anuncio de leche desnatada. De fondo se escucha Nessun Dorma. ¡Qué horterada!

EL HOMBRE TRANQUILO

el_hombre_tranquilo2La crítica dijo: “Junto con El apartamento y El buscavidas, una de mis tres películas favoritas” (Carlos Boyero, El Mundo). “John Ford logra que el espectador respire el aire irlandés. Son mimbres sencillos los que maneja, pero los teje con inusitada ternura, y también con un sentido del humor que empapa el relato y logra secuencias inolvidables. Es una obra plácida, serena, íntima, pero de hondura inabarcable” (Miguel Ángel Palomo, El País).

Palmarés: 2 Oscars: mejor director y fotografía (de 7 nominaciones). Globos de oro: nominada al mejor director y banda sonora.

¿De qué va? Un exboxeador irlandés vuelve de América a su pueblo, llamado Inisfree. Allí ve pastando a una pastorcilla pelirroja y se enamora de ella, pero choca inmediatamente con su temperamental hermano, que impide el casamiento.

Veredicto: Sus admiradores justifican el machismo asqueroso de esta película porque está ambientada en una época y un país donde la mujer era sumisa, pero no se entiende bien que en 1952 alguien que había dirigido María Estuardo (con esa Hepburn), La diligencia (con esa puta) o Las uvas de la ira (con esa madre) se empeñase en este relato cazurro donde la mujer aparece representada como una especie de pueblerina tarada que se pasa la película corriendo y poniendo caras de lerda. No solo su historia es cursi y simplona, además su supuesto humor es, como es habitual en Ford, muy rancio. Sus gracias están basadas en señores bebiendo y dándose de hostias o de borrachines que son graciosos por el mero hecho de darle al frasco. La mediocre La taberna del irlandés es el ejemplo más emblemático en la filmografía fordiana. Igual de trasnochado es el dibujo de las mujeres, que mientras los machos se cascan, ellas los ven excitadísimas. En el cortejo, algo en lo que la película se recrea hasta límites ridículos, ellas ponen carusas y se hacen “las difíciles”. Su objetivo es estar guapas. El de ellos ser muy machos. También les gusta jugar al escondite porque son muy niñas, y les dan miedo los relámpagos. Y para protegerlas están ellos, el sexo fuerte. Y todo sin olvidar que también les ponen muy cachondas los coches (“¿No eras de las que corren al oír un bocinazo, eh”?).

El culpable: Esta película es un sueño de Ford, quizás lo que le hubiera gustado vivir y no vivió en absoluto. Es difícil compartir ese sueño porque no hay nada digno en ese cortejo arcaico y afortunadamente superado. No hay nada noble en ese machismo. Lo más curioso es que John Ford, hombre muy contradictorio, se pasó media vida renegando de su matrimonio y enamorado de otra pelirroja: Kate Hepburn, feminista, boyera y emblema de la liberación de la mujer en Hollywood. De hecho, el personaje femenino de esta película se llama Mary Kate. Pobre Ford, menudo cacao.

Su momento más bochornoso: Wayne arrastra por el valle a O’Hara para entregársela al hermano. En el camino, los garrulos del pueblo le apoyan y una mujer hasta le da una vara para enderezar a la pelirroja, que antes de la pelea final, y ya amansada, le dice a Wayne: “Voy a casa, marido. A prepararte la cena”. Para hacernos una idea de lo brutal que pareció esta escena hasta en su época, cabe recordar que los diseñadores la cambiaron en el cartel del film. En él Wayne lleva en brazos a O’Hara, no la arrastra. Y ella ¡sonríe! Hasta ellos se asustaron. Y no me extraña...

REGRESO AL FUTURO

regreso_al_futuroLa crítica dijo: “Recuerda a ¡Qué bello es vivir!, de Capra” (Roger Ebert, Chicago Sun-Times). “Brillante guión” (Fernando Morales, El País).

Palmarés: Oscar a los mejores efectos de sonido (de 4 nominaciones). 5 nominaciones a los BAFTA, incluyendo mejor película. Forma parte de la lista de las 100 mejores películas de la historia del cine para The Hollywood Reporter.

¿De qué va? ¿De verdad hace falta recordarlo a estas alturas?

Veredicto: Esta película es detestable. Bajo la inocente carcasa de un film familiar de ciencia ficción, se oculta un mensaje muy reaccionario. No es de extrañar que se produjese en la ya comentada era Reagan, que en el discurso del Estado de la Unión hasta la citó: “Allá donde vamos no necesitamos carreteras”. De hecho, los malos del film son terroristas libios, los grandes enemigos de Reagan, una de sus obsesiones.
La película, que no deja de inducir al reconocimiento de marcas en todo momento, es un gigantesco spot publicitario. Podemos ver en pantalla productos como Nike, Burger King, Toyota, Texaco, la Diet Pepsi, los cereales Sophie Mae o Calvin Klein (que hasta se nombran en uno de su diálogos). De hecho, fueron Los Goonies y Regreso al Futuro, las dos del 85, las películas infantiles y para toda la familia que cimentaron en Hollywood el llamado el product placement.
Pero si la publicidad encubierta de esta película es repugnante, no digamos la ideología. El prota no quiere ser un fracasado como su viejo. Le gusta tocar la guitarra y su novia le anima a mandar su maqueta a las compañías discográficas par ser reconocido. Pero él tiene miedo porque “no podría soportar no tener futuro”. El futuro se une al éxito, a la fama. En fin: le aterra ser un fracasado, un perdedor, un loser. Mientras dice eso, observa embelesado un fabuloso y carísimo 4 x 4 que quiere poseer como sea. “Algún día seré rico”, le dice a su churri.
En una escena de vergüenza ajena, en la parte que transcurre en los años 50, aparece el negro que va a ser alcalde en los 80. Trabaja de friegaplatos y le está dando la chapa al padre con la matraca de triunfar: “Algún día voy a ser alguien importante”, sentencia. El padre, por su parte, es creativo (escribe ciencia ficción), aunque también tiene miedo al rechazo. Afortunadamente, al final todo se cierra, el nene triunfa con su guitarra y regresa a su hogar. Pero ya no es el mismo hogar. Es mejor, es un hogar de triunfadores. El hermano loser y medio lerdo lee hora la revista Forbes y el padre, que posee un BMW que el malo limpia con celo, publica best sellers. Ha triunfado también. Y por si no había quedado claro el mensaje de la película, él mismo nos lo recuerda con énfasis: “Si usas tu fuerza de voluntad, podrás lograr lo que sea”. Marty, claro, consigue su deseado 4 x 4. Me cuesta recordar tanta mierda reaccionaria junta en una película aparentemente inofensiva y para la familia.

El culpable: Ronald Reagan. La propaganda de la película es típica de su mandato: contra la contracultura juvenil de los 60 y 70, en los 80 el hijo se hace conservador y no solo censura al padre perdedor, también recrimina a su madre que fume y beba. El uso de la política de Reagan es evidentísimo: a la mierda los 60 y 70, ¡volvamos a los 50! Tampoco es baladí recordar que Michael J. Fox estaba triunfando con Enredos de familia, serie donde los padres eran hippies y los hijos yuppies.

Su momento más bochornoso: Marty descubre a su nueva familia de triunfadores.

EL ÁRBOL DE LA VIDA

el_arbol_de_la_vidaLa crítica dijo: “Un aluvión que vuela de lo unicelular a lo infinito con una contundencia y un lirismo que calan, que extasían en su composición general y que hacen que la parte humana de la historia se eleve por encima de su propia contingencia” (José Arce, Labutaca.net).

Palmarés: Palma de Oro del festival de Cannes. Nominada a tres Oscar, entre ellos a la mejor película. Mejor película del año en los AFI.

¿De qué va? Un chico crece con sus hermanos. Padre duro, madre comprensiva. Años más tarde, ese niño es Sean Penn, arquitecto de éxito. Vemos la expansión de las galaxias y la creación de los planetas, volcanes, microbios y un dinosaurio. Luego un asteroide choca contra la Tierra, que, en otro tramo del film, acaba pereciendo por culpa del Sol. Sean Penn camina por unas salinas y finalmente se reúne con su familia en una playa.

Veredicto: Una película ridícula que se atreve a hacer una pobre divagación sobre la creación y que se pregunta qué sentido tiene el dolor humano comparado con la inmensidad y belleza del Universo. Cine trascendente de tercera donde las voces en off (susurros inaguantables) subrayan, explican. El anticine. Malick no solo es un hortera, además es un sermoneador y un realizador muy poco audaz. El film está plagado de clichés babosos: un padre tocando el pequeño pie de su bebé, el mismo padre enseñando a plantar un árbol a su hijo haciendo que palpe la tierra húmeda, paseos al atardecer de gente por la playa, pies mojados de señoras en un verde césped… Imágenes pasteleras, como de anuncios de muebles suecos. José Luis Guerín, que no es precisamente un director de cine de acción, escribió lo más atinado que he leído sobre ella: “No comprendo esa retórica de lo espiritual que precisa de imágenes National Geographic con cataratas, nubes aceleradas y grandes paisajes con fondos musicales sublimes. No entiendo cómo se puede ir tras lo sublime de ese modo. Me parecen clichés new age próximos a la publicidad”.

El culpable: Malick es como el Víctor Erice yanqui. Se pasó veinte años sin rodar y se convirtió automáticamente en leyenda. Luego regresó con una película tan pretenciosa como larga y vacía (La delgada línea roja, donde la voz en off también era usada sin necesidad y hasta el empalago) y a la crítica se le hizo el culo Pepsicola. Después tardó otros seis años en rodar la insufrible El nuevo mundo. To The Wonder también es patética. Ahora Malick se da más prisa en estrenar porque tiene miedo a morirse.

Su momento más bochornoso: El del dinosaurio se las trae, pero ese momento es, sin duda, el de Sean Penn vagando por unas salinas. Pobre actor, se nota que no tiene ni idea de lo que está haciendo.

(*) Antiguía del cine sale a la venta el próximo lunes en toda España.
7 Comments
  1. bella durmiente says

    Por qué algunos críticos tienen tanta mala leche? Se puede criticar sin ser hiriente

  2. Piedra says

    Ya era hora de que alguien pusiera negro sobre blanco algunos pufos de la «industria cultural» que nos ha convertido en productores (para ella) después de salir de trabajar, aunque Carlos Marx no se hubiera percatado.

  3. fmolinero says

    ¡Dios mio lo que tienen que hacer/escribir algunos para comer!

  4. José García says

    Este diario necesita un retoque visual, aunque solo sea para advertir a los lectores. Yo recomendaría una estética al estilo de Mundo Obrero o Granma. Quizá así pudiera encontrarse sentido a tanta pataleta anticapitalista desde todas las ópticas posibles y con el menor rigor disponible. Qué perdida de tiempo.

  5. JunaTF says

    Iván, como siempre, muy atinado en tus observaciones.
    Me sorprende alguno de los comentarios precedentes, parece que se prefiere ver las películas desde la inconsciencia total, sin evaluar el significado y las motiviaciones que se esconden tras cada -aparentemente inocente y carente de segundas y terceras intenciones- plano. Por analogía cinematográfica, aparentemente prefieren la píldora azul.

    Disfruto y aprendo con tus críticas, así que seguro que lo haré también con este libro. Gracias.

  6. crowded9395 says

    Gracias, con el adelanto me evito leer y comprar el libro. Para provocar debates estúpidos ya tenemos otros medios.

  7. akira says

    Me asombra como algunos «criticos» (asi autodenominados) tienen las narices de decir las necedades que vierte es aqui presente… criticas sin sentido que cualquiera que ve las películas a debate enseguida ve que el autor del «libro», por denominarlo de alguna manera (sería más acertado denominarlo panfleto amarillista), solo pretende atraer la atención sobre su persona, sin ningún fundamento en sus criticas, ya que estas son de lo más pueril. Desaconsejo encarecidamente la compra se semejante basura.

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