Cien años de Camilo José Cela

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El escritor Camilo José Cela, en una imagen de archivo. / Efe

El año que se nos viene encima, 2016, es el de los cien años de Camilo José Cela pero también  el 150º aniversario de Ramón María del Valle-Inclán. Vaya por Dios, habría dicho el autor del Viaje a la Alcarria, con sorna y resignación. Considerando la inveterada costumbre española de acordarse de los sobresalientes sólo cuando están muertos, será el año de las celebraciones, las reediciones, los actos conmemorativos, los desvelamientos de estatuas y todo lo imaginable.

Cela Trulock se ganó un ejército de enemigos, se podría decir que por su cara bonita pero, sobre todo, por esa naturalidad con que soltaba lo que pensaba, sin tapujos. Eso, el ambiente literario español no estaba –ni está- preparado para soportarlo, así que la farándula de las letras se dedicó al pim pam pum con el autor de La familia de Pascual Duarte, la novela que limpió de telarañas la producción literaria de la postguerra, estimulando, quizás, que le siguieran Nada, de Carmen Laforet y La sombra del ciprés es alargada, de Miguel Delibes, todos ellos veinteañeros, en la década de los 40.

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Para Darío Villanueva, excelente conocedor de la obra de Cela, el escritor “era un tímido que se volvía agresivo cuando se le desmandaba el ego inmenso que poseía”, según ha declarado a cuartopoder.es. “Siempre pensé –continúa- que para él la gloria literaria era como una tarta de la que si alguien comía un trozo, le dejaba menos a él”.

Y luego, claro, están las cuestiones ideológicas y el hecho probado de que a los 20 años se ofreciera de confidente a la policía, como la ultraderecha se dedicó a difundir en los primeros años de la transición. “A los franquistas les molestaban sus veleidades izquierdistas”, añade Villanueva.

Con todo, a la imagen arrogante de Cela se le opone su mortal condición y las cartas que se van a poder leer recopiladas, donde aflora la persona doliente y vulnerable, con dudas hasta de su propia valía literaria, como puede leerse en la que envía al entonces poderoso Juan Aparicio y que publica El País.

También es el intelectual que acogió en el refugio de los Papeles de Son Armadans mallorquines a escritores no mimados por el régimen precisamente; y quien fue muy activo en la aventura de los Premios Formentor, aquella puerta abierta de entrada y salida de las letras de España en Europa. Quien, en definitiva, colaboró en paliar la magnitud de la “desorientación intelectual de nuestra pobre y querida España”, en palabras textuales.

Así que, Cela Conde, su hijo, descargado de las cuitas judiciales que le acabaron dando la razón, ha conseguido que el ministerio de Cultura le apoye para organizar cosas que recuerden a su padre.

Además piensa reeditar su libro, Cela, mi padre, en mayo, en edición ampliada con estudio anotado de las cartas entre Cela y Charo Conde, la primera mujer y gran colaboradora del escritor. La Fundación Banco de Santander publicará en breve la edición del catedrático Sotelo Vázquez de La forja de un escritor, que reúne artículos sobre el oficio de escribir y otras reflexiones autobiográficas del autor de Iria Flavia.        

En dos meses, la colección Austral tendrá en la calle Mrs. Caldwell habla con su hijo, como parte del programa de reedición de la obra del Nobel, en el que ya se han recuperado títulos como el Pascual Duarte, Pabellón de reposo, Viaje al Pirineo de Lérida, Judíos, moros y cristianos, El gallego y su cuadrilla, Viaje a la Alcarria o La colmena, entre otros.

La colmena, precisamente, redondea el aniversario, ya que la Real Academia Española saca en septiembre, una edición que incluye párrafos eróticos que el propio autor peinó de la versión definitiva ante la convicción de que no pasarían la censura de ninguna de las maneras. El director de la RAE, Darío Villanueva, nos comenta que esos párrafos van en anexo para respetar la versión definitiva de la novela, como insistió su autor que se hiciera. El libro se presentará en otoño tanto en Madrid como en la Feria de Guadalajara, México.

Los temores de Cela, hijo, sobre el olvido del legado paterno tienen poca base para el director de la RAE quien cree que “Cela se preocupó de ello de manera obsesiva y el resultado es la Fundación Camilo José Cela, de Iria Flavia. Yo no sé de otra fundación de escritor más rica que ésta en documentación, libros, cartas, objetos, pinturas, etc.”

1 Comment
  1. Exlibris says

    Excelente escritor que, como persona estaba muy lejos de su literatura

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