Postcapitalismo y muerte del sistema por su propia mano

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Portada del libro / planetadelibros.com

Ya lo profetizó Arundhaty Roy en su libro aquí comentado, el sistema capitalista está en su recta final, derecho a su extinción tal como lo conocemos. Lejos de dar la alegría que merece la noticia, entre las hordas terrícolas que no se dedican a la especulación financiera, el augurio produce cierta inquietud. Ahora, el periodista especializado Paul Mason viene a sumarse a la predicción de Roy. Su libro Postcapitalismo. Hacia un nuevo futuro (Paidós, 2016) −que se presenta en Madrid, el día 29− despliega las más despiadadas críticas hacia un sistema financiero que lleva muchos años propinando golpes de estado a las sociedades mundiales, las de occidente y las de oriente, las del Norte y las del Sur, con consecuencias que han desembocado en aumento de la pobreza generalizada, cronificación de la injusticia universal, desprecio por la dignidad humana, privación de libertad, y otros sembrados de este jinete apocalíptico que se vino en llamar globalización, y que tanto prometía.

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La impresión general es que la gente ha quedado descapitalizada y desarmada por la fuerza destructiva del neoliberalismo, que primero hizo creer que todos podríamos ser felices con nuestras compritas y nuestras cositas, hasta que empezaron a producirse protestas, muy notablemente las del 15M en España, por todo el mundo, denunciando que este sistema sólo genera austeridad y guerras civiles por todas partes.

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Quizás no lejos de lo ya escrito por Tony Judt sobre el desmantelamiento paulatino del estado de bienestar en la década de los 80 (Algo va mal, Taurus, 2010), Mason recuerda que los planes de la izquierda han fallado, que el individualismo ha sustituido al colectivismo y la solidaridad  y que ni la izquierda ya habla de trabajadores, proletariado ni arcaísmos del estilo. Ahora, todos somos ciudadanos o, como mucho, gente. De hecho, a él los críticos lo consideran el Karl Marx del siglo XXI.

Para Mason, es la tecnología de la información el elemento clave en los acontecimientos que se avecinan a pasos de gigante. Defiende que la única forma de abolir este capitalismo criminal es creando una fuerza más dinámica –perdón por la redundancia− capaz de romper lo viejo y dar forma a una economía de nuevos valores y comportamientos. A esto es a lo que él llama postcapitalismo.

No se trata, dice, de suprimir la economía de mercado ni desglobalizar el mundo, sino de comprender el potencial de la revolución tecnológica en la que estamos sumidos. Y basa en tres los cambios radicales, propiciados por la tecnología de la información, que hacen que este postcapitalismo sea factible.

Uno, que no haya tanta necesidad de trabajo, que las fronteras entre trabajo y ocio sean borrosas y que se haya perdido la relación directa de trabajo y salario. Dos, porque la información ha roto la facultad del mercado de imponer precios, ya que, a la escasez en que se basa el mercado se opone la abundancia de información. El mercado entonces se defiende formando grandes monopolios de gigantescas compañías que –en opinión del autor− no van a durar. Y lo explica muy bien en el libro.

Y tres, asistimos a un crecimiento espontáneo de la producción colaborativa. Gente que se organiza al margen del dictado del mercado, burlando su implacable jerarquía. Es el caso de Wikipedia, donde trabajan voluntarios gratuitamente; pero igual aquí podríamos incluir a la banca justa cuyo comportamiento elude el enriquecimiento ilimitado a toda costa. A nuestra costa.

“Casi sin darnos cuenta -escribe en un célebre articulo de The Guardian, en los nichos y huecos del sistema de mercado, renglones enteros de la vida económica están empezando a moverse a un ritmo distinto: han proliferado las monedas paralelas, los bancos de tiempo, las cooperativas y los espacios autogestionados, sin que la economía oficial apenas lo advirtiera, y a menudo como resultado directo de la quiebra de las viejas estructuras tras la crisis de 2008”.

El autor se refiere también a todo un entramado de nuevas formas de contratos, préstamos, propiedades... una subcultura de negocios que ha medrado en los últimos diez años y que hace posible el cambio radical, pero sólo si los gobiernos cambian en su modo de hacer las cosas, protegiendo y hasta ayudando a que estos proyectos, pequeños si se comparan con las grandes corporaciones, salgan adelante.

Y ¿qué es el elemento fundamental sin el cual no hay tu tía? Un cambio de mentalidad, “de modo que cuando creemos los elementos de un sistema nuevo, podamos decirnos a nosotros y a los demás: este no es un simple mecanismo de supervivencia, mi refugio del mundo neoliberal; ésta es una nueva forma de vivir que se está generando”. Y que podría verse esbozada con éxito hacia 2075, un poner.

La crítica recibida del libro ha ido desde los más excépticos a los entusiastas. En todo caso, es un tomito muy recomendable para que lo lean los actores de la política española actual, especialmente, esos que parecían querer hacerlo de otra manera. Un libro que engrose la biblioteca de los analistas críticos con el sistema, como Thomas Piketty (El capital en el siglo XXI, Fondo de Cultura Económica, 2014), o Manuel Castells, y otros, que van siendo muchos, por fortuna.

1 Comment
  1. Rosa Mendez Sanchez says

    Seguramente muy interesante !Como todo hay que leerlo despacio,el futuro debe ser del ser humano para el ser humano !

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