Eduardo Galeano, cazador de historias

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El escritor uruguayo Eduardo Galeano, en una imagen de 2009. / Iván Franco (Efe)

El cuatro de abril podrá leerse en México y Argentina -a España llega el día 11- el último libro que Eduardo Galeano dejó corregido y listo para su publicación, un año antes de morir, en 2015. Se llama El cazador de historias y es un compendio de pequeños relatos, reflexiones sobre el mundo que compartimos, historias dormidas que permanecen ocultas a los ojos de la mayoría pero no a los del autor del mítico libro Las venas abiertas de América Latina.

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En el libro, del que brotan datos jugosos sobre su propia biografía y sus grandes maestros, la editorial Siglo XXI incluye unos cuantos escritos más, a los que el uruguayo llamaba Garabatos, y con ese nombre pensaba él terminar un nuevo libro, antes de que la muerte se lo llevara por delante, el 13 de abril del pasado año.

Galeano, pudiendo elegir, eligió no apartar la mirada de la miseria y la mentira que nos rodean. Ni del sufrimiento ni del daño que infligen los poderosos. No le fue mal del todo, a pesar de ello; aunque también podría haber elegido la ruta de un –por ejemplo- Mario Vargas Llosa, y dejarse agasajar por jefes de gobierno, beautiful people y altos financieros. Pero, no.

Estábamos en la presentación del libro que dejó dispuesto Galeano. Será en la Casa de América, el día 13, y tendrá como padrinos al escritor Luis Goytisolo, a la jurista y alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena y al también jurista, Carlos Martín Beristáin.

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Portada del libro póstumo de Galeano. /sigloxxieditores.com

Galeano era una figura simpática, capaz de aseveraciones tajantes, no suavizadas por la corrección política, que soltaba con una sonrisa en la cara, pero sin cortarse un pelo: “No sólo Estados Unidos, sino algunos países europeos han sembrado dictaduras por todo el mundo. Y se sienten como si fueran capaces de enseñar lo que es democracia”, por ejemplo.

No tan amigo de epatar como de recordar que a veces se nos pasan cosas, se olvidan las infamias que no conviene olvidar, no por rencor ni revanchismo sino por justicia y solidaridad, Galeano admitió públicamente, en 2014, que no era capaz de leer su libro totem –Las venas abiertas de América Latina- porque “esa prosa de la izquierda tradicional es aburridísima. Mi físico no aguantaría”, lo que no debe llamar a engaño sobre su supuesta derechización.

Las historias de este cazador que ahora se presentan muestran a un Galeano crítico con el mundo actual, a veces ácido, a veces tierno, pero nunca indiferente o cínico. De Brevísima síntesis de la historia contemporánea, uno de sus capitulillos:

Desde hace ya algunos siglos, los súbditos se han disfrazado de ciudadanos y las monarquías prefieren llamarse repúblicas. Las dictaduras locales, que dicen ser democracias, abren sus puertas al paso avasallante del mercado universal. En este mundo, reino de libres, todos somos uno. Pero, ¿somos uno o somos ninguno? ¿Compradores o comprados? ¿Vendedores o vendidos? ¿Espías o espiados?

El escritor había estado trabajando en este libro durante los años 2012 y 2013, pero su editor decidió esperar a que mejorase su salud para publicarlo, debido al cansado periodo de promoción que suele seguir a la salida de los libros. Sobre todo cuando su autor es tan mediático como lo era Galeano, capaz de dar en cada frase, una sentencia inapelable: “Como Dios, el capitalismo tiene la mejor opinión sobre sí mismo, y no duda de su propia eternidad”.