Cela, tímido, cariñoso, tierno, amoroso

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Camilo José Cela Conde, hijo del premio Nobel Camilo José Cela, deposita una ofrenda floral sobre la tumba del escritor en el 100 aniversario de su nacimiento. / Lavandeira Jr (Efe)
Camilo José Cela Conde, hijo del premio Nobel Camilo José Cela, deposita una ofrenda floral sobre la tumba del escritor en el 100 aniversario de su nacimiento. / Lavandeira Jr (Efe)

Cela, piel adentro, publicado por Destino, es el nuevo libro que se presenta estos días en Madrid y que ha escrito Camilo José Cela Conde sobre su padre, Camilo José Cela Trulock, y que se enmarca dentro de las celebraciones habidas por el centenario de su nacimiento, este 11 de mayo. En realidad es parte de otro libro que Camilo José Cela Conde escribió en 1989 bajo el título Cela, mi padre, libro muy controvertido en aquellos años porque el Nobel aún vivía y las relaciones con éste, y desde luego con la entonces su esposa, Marina Castaño, no eran las más idóneas. Suponemos que el legado de CJC tenía mucho que ver en aquellas inquinas, y conviene apuntar esto como metáfora del destino, pues no hay que ver más el modo en que ha acabado la Fundación Cela en Padrón, pueblo coruñés famoso por sus excelentes pimientos, y el que protagoniza su hijo en el centenario de su padre. Ver para creer.

Aunque no fui muy afecto de la obra de Cela en mis años juveniles, siempre reconocí su excelencia en novelas como La familia de Pascual Duarte, La colmena o Cristo versus Arizona, cuando no San Camilo 1936., tengo debilidad por Mrs Cadwell habla con su hijo, y desde luego, para nada novelas como La catira, que fue un encargo del gobierno venezolano de Marcos Pérez Jiménez para denigrar a Rómulo Gallegos, ésta se me va agrandando con los años, mientras que la de don Gonzalo Torrente Ballester, excepción hecha de La saga fuga de J.B., y La isla de los jacintos cortados, compañero de generación de Cela, se me achica. Cosa de los años. Por eso mismo me acerqué la semana pasada a La Casa del Lector, donde están poniendo un ciclo dedicado a Cela y el cine, muy interesante, por otro lado, y vi las dos horas de El recuerdo más cercano, película documental en blanco y negro inédita realizada por Camilo José Cela Conde, Carlos Agustín y Belén Tanago, donde familiares cercanos hablaban del Cela íntimo. Así, y lo cito porque define a Camilo lo que cuenta en la película su hermana: cuando eran adolescentes, ella niña todavía, el padre de Cela le manda a éste arreglar un cable eléctrico. Camilo hace lo que puede y después de un rato de manipular la cosa le dice a su hermanita, “Anda, Maruxa, saca la lengua” y a la pobre le dio un vuelco el corazón cuando ve a su adorado hermano, tan trasto, meterle el cable en la boca. El latigazo fue considerable. También la lección. Cela, el incorregible, el gamberro, cosa que cultivó hasta la parodia, retratado en sus primeros escarceos gamberros.

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Portada del libro 'Cela, piel adentro', de Camilo José Cela Conde. / Destino

El libro de su hijo parece una provocación, a tenor de que nos presenta un Cela muy distinto, cultivador de una ternura que en público era difícil aflorase. Yo, por ejemplo, le conocí esa faceta gamberra, claro, pero también al Cela de una educación casi exquisita. Sería parte del lado Trulock, no lo sé, pero lo dejo aquí como testimonio.

¿Cúal es la principal aportación de este libro de Cela hijo al anterior, del que es ampliación? Cuando murió su madre Rosario, Charo Conde, su hijo descubre unos arcones de cartón donde su madre acaparaba manuscritos de su marido inéditos, poemas, por ejemplo, artículos y un par de obras de teatro que Cela no terminó de rematar. Y, también, hay que entender que estos arcones formaban parte de la coterie íntima de Charo, las cartas de amor que Camilo dirigió a Rosario. En él descubrimos al hombre Cela, el íntimo, el desnudo, el amoroso de su mujer, con un lenguaje que nada tiene que ver con el crudo estilo expresionista de su primera novela.

Libro provocador, pues, pero por sostener lo contrario de lo que el imaginario público atesora. Lo de aquel Cela autor del Diccionario secreto y que hablaba de pedos, putas, y empleaba un lenguaje popular trufado del mejor Francisco de Quevedo, autor que creo Cela adoraba hasta algo más que la pasión por una obra excelente e ingente. Libro provocador en lo que tiene de íntimo, donde nos muestra un Cela nada seguro de sí mismo, tímido hasta la exasperación y que es el lado que puede explicar su posterior actuación como personaje público, lo que explica ese mundo de máscaras con las que se cubrió don Camilo toda su vida.

Pero Camilo José Cela Conde no desprecia el lado gamberro público de su padre, pues sabe que era parte de su personalidad, al igual que la timidez. ¿Cómo, si no, se pregunta su hijo, entender esa contradicción viva que era su padre, cuando, amigo de Miguel Hernández y de María Zambrano, se alista con los franquistas? ¿Cómo entender que era el mismo hombre que practicaba la censura y, a la vez, escribía La familia de Pascual Duarte?

Camilo José Cela Conde piensa que en estas cartas sobresale el Cela Pascual Duarte en detrimento del triunfador, por lo mal que lo estaban pasando Charo y él, y el lado tan esclarecedor respecto a la ternura rompe definitivamente, por lo menos, con el lado más público de su padre. Cela Conde quiere que su padre sea visto con poliédrica mirada, no con la única reduccionista que le hizo famoso.

Es labor encomiable que estas cartas atenúan, al igual que el documental que vi en La Casa del Lector. El libro, de seguro, contribuye a poner las cosas en su sitio, algo necesario en el caso de don Camilo, eterno candidato a mixtificaciones de todo tipo.

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