Prohibido matar al Toro de la Vega

Un hombre apuntilla a un toro de la Vega agotado y gravemente herido/ Wikipedia
Un hombre apuntilla a un toro de la Vega agotado y gravemente herido. / Wikipedia

Es posible que el tristemente famoso Rompesuelas haya sido el último toro de la Vega ajusticiado a pinchazos por la buena gente de Tordesillas, provincia de Valladolid, en septiembre del año pasado, porque la Junta de Castilla y León ha prohibido que se maten toros de lidia en festejos populares. Ni a lanzazos ni a pedradas, espero. Se trata de un éxito –aunque sea relativo, ya que al toro lo seguirán mareando por las calles del pueblo- de los grupos animalistas y de la sociedad española que ha reaccionado a través de las redes sociales en favor de que se acabe con lo que consideran una vergüenza.

Publicidad

Lo malo es que no queda claro qué va a hacer la muchachada con el toro en cuestión porque salir sí que saldrá, ya que la susodicha fiesta –dicen que de origen medieval, lo que no es de extrañar dadas sus hechuras- fue declarada de Interés Turístico Nacional en 1980. Además, ya en 1964, Manuel Fraga prohibió el espectáculo hasta 1977, aunque el gentío se pasó la circular por el arco, y de hecho solamente dejaron de torturar a muerte al Toro durante cuatro años. En este sentido, el partido animalista, PACMA, celebra sólo a medias la noticia.

Parece ser que tanto al alcalde socialista de Tordesillas como al concejal de Festejos (cargo que, por cierto, suena a la época recia del franquismo),  González y Campos, respectivamente, el decreto les ha pillado por sorpresa y ya han anunciado que piensan recurrirlo "por ser contrario al derecho" (sic). Por otra parte, según el decreto-ley, les corresponde a ellos decidir cómo acabará la fiesta en cuestión.

Hay un pequeño detalle que no deja de ser inquietante y es que las fuerzas del orden sí que pueden disparar a muerte al animal en el caso de que éste se salga del recorrido impuesto. Teniendo el cuenta el barullo salvaje que se monta en este festejo, de gritos y empujones, tientas y persecución a caballo, lo raro será que el pobre animal sepa por dónde va, lo que deja a discreción de los armados el destino del toro. Y esto me recuerda que hace unos años, un guardia rural mató a tiros a una perra en Cataluña confundiéndola con una leona que, al parecer, se había escapado de un circo. Que es que estas cosas pasan. Pero, a lo que íbamos.

El consejero de Presidencia de la Junta leonesa, de Santiago-Juárez, ha explicado que con este decreto se trata, en realidad, de preservar la tradición, porque si se siguen permitiendo sucesos como los del año pasado, la fiesta acabaría desapareciendo, ya que la sensibilidad de la sociedad española no es la misma que la de hace años ni siglos. Y ha puesto el ejemplo de que si en las corridas de toros, los caballos no fueran protegidos, ya habrían desaparecido a estas alturas, porque la gente no soportaría el espectáculo de las tripas de cuatro o cinco o más caballos esparcidas por la arena, en cada corrida.

Pero la lucha de los defensores de los animales  no ha terminado, como se puede suponer. Un tal Muelas, Ramón de nombre, que vicepreside el Patronato del Toro de la Vega, ha clamado que las autoridades han perdido el Norte y que ellos no pararán en la defensa de una de sus tradiciones “más queridas”. Lo ha dicho así, según Europa Press. Queridas, ha dicho. Hay que recordar que, hasta no hace mucho, el tipo que mataba al toro le cortaba después los testículos para exhibirlos a punta de lanza en el balcón del Excelentísimo Ayuntamiento. Esas son tradiciones bellas y queridas, sí señor. Con un par.

Las reacciones de los partidos políticos -todos de campaña, como se sabe- han sido de aprobación, desde Unidos Podemos al PP, pasando por el PSOE y Ciudadanos. Pero esto, como también se sabe, es pura coincidencia con la realidad. Desde los años 50, españoles ha habido que han peleado porque se destierren de nuestra cultura estas salvajadas. Pero el espíritu castizo de esta España cañí  sigue aullando de placer con los toros torturados -morcilla sanguinolenta, decía Manuel Vicent en un artículo memorable-, los bous embolats, los correbous y demás exquisitas tradiciones. Ojalá pongan a remojar sus barbas pronto.