El Bosco en el Prado: una exposición rodeada de polémica

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Un visitante observa el tríptico de 'Las tentaciones de San Antonio Abad', de El Bosco, en el Museo del Prado. / Mariscal (Efe)

El Bosco. La exposición del V Centenario es el escueto título para la retrospectiva que sobre el autor de El jardín de las delicias tiene preparada el Museo del Prado, que se abre al público hoy, 31 de mayo, y que estará entre nosotros hasta el 11 de septiembre. Pero el lunes, 30 de mayo, se produjo la inauguración oficial con la asistencia de los Reyes de España y de la princesa Beatriz de Holanda, país de origen de El Bosco, que abdicó a favor de su hijo Guillermo en 2013, acompañados de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, del Ministro de Educación y Cultura, Méndez de Vigo, y del secretario de estado de Cultura, José María Lassalle, así como de la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, y de la presidenta de la Comunidad, Cristina Cifuentes. Catalogada como la exposición más importante hecha hasta ahora del maestro flamenco, los responsables de la misma piensan que será de esas antológicas que pasarán a los anales de la historia de las grandes exposiciones europeas.

El proyecto ha sido el de reunir prácticamente la producción de uno de los pintores más enigmáticos de la historia del arte y cuya celebración no ha empañado la polémica surgida con el Proyecto de Investigación y Conservación de El Bosco, institución holandesa dirigida por Matthijs Ilsink, que ha puesto en duda la autoría de obras que se van a exponer en la muestra del Prado como La extracción de la piedra de la locura, nada menos que Las tentaciones de San Antonio Abad y Mesa de los pecados capitales, polémica que se produjo cuando el Museo del Prado anunció la realización de la exposición hace unos meses y que parece haber remitido.

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Da la casualidad que estas tres obras maestras las tiene ahora para ser expuestas el Museo del Prado, al igual que El carro del heno, con magnífica copia sita en el Real Monasterio de El Escorial y recientemente restaurada y, claro, El jardín de las delicias. Juntas, representan el mayor tesoro de este pintor. De ahí que el Prado, cuando comenzó el debate con esta institución, anunciara que sacará la respuesta atendiendo a las mayores exigencias sobre autoría en el catálogo que se editará con motivo de la exposición. Elemento que se complementa con la rueda de prensa que el viernes pasado dio el Museo con motivo de la exposición y donde Pilar Silva, comisaria de la muestra y jefe del Departamento de Pintura Española (1100-1500) y Pintura Flamenca y Escuelas del Norte, explicó a toda la prensa española y extranjera acreditada las razones por las que creen que las cuestiones planteadas por Matthijs Ilsink son falsas. Así, como se explica por boca de Pilar Silva en la página web del Museo del Prado, respecto a La extracción de la piedra de la locura, la página informa que la obra perteneció a la colección real española y que se inventarió por vez primera en 1794 cuando se encontraba en la propiedad del Palacio del Duque de Arco, propiedad de la Casa Real.

Respecto a Las tentaciones de San Antonio Abad, otra de las obras puestas en entredicho, el Museo especifica que es obra de gran madurez de su autor, provista de una gran calidad técnica, y que fue Felipe II quien la mantuvo en El Escorial hasta que pasó a ser propiedad del Prado. Por contra, Mesa de los pecados capitales está catalogada como obra de juventud.

En realidad la polémica ha servido como publicidad adicional a una muestra cuya importancia la necesitaba poco. Los trípticos que se exponen son, así, las perlas de la muestra: el cuestionado Tríptico de las Tentaciones de San Antonio, perteneciente al Museo de Arte Antiga de Lisboa, así como La coronación de espinas (Los improperios), propiedad de la National Gallery de Londres o Cristo con la cruz a cuestas, de El Escorial, y que sólo gracias a esta exposición podrán verse juntos. Un lujo.

Estas son las aportaciones más sobresalientes, a las que se unen obras procedentes del Louvre, el Albertina y Kunsthistorisches Museum de Viena, el Museum of Fine Arts de Boston, El Metropolitan Museum de Nueva York, La National Gallery de Washington o el Poleo Museale del Veneto de Venecia. El itinerario de la muestra ha sido calificado por el Prado como laberínticao, y lo cierto es que se ha realizado de manera espectacular, pues las secciones se abren a través del recorrido que se hace rodeando los trípticos: cinco secciones de carácter temático no cronológico, como es habitual, y que se cierra con un apartado dedicado a los dibujos.

El Museo del Prado continua así el año dedicado a conmemorar el V Centenario de la muerte de El Bosco y que se abrió con la exposición que tuvo lugar en la Noordsbrabants Museum de Bolduque, en Hertogenbosch, ciudad natal del pintor, y que se inauguró en febrero. Desde esa fecha hasta el 8 de mayo en que se clausuró, ha recibido las visitas de 421.700 personas, lo que da una idea de la expectación debida a la muestra del Museo madrileño.

Obras maestras de las que no hay que desdeñar los dibujos. Pilar Silva considera que el llamado Hombre-árbol, propiedad de la Albertina es un dibujo sencillamente increíble. Por otra parte, para hacerse una idea de la magnitud de la muestra conviene decir que 65 obras de las expuestas, sin contar las maravillas foráneas, son del Museo del Prado.

En fin, una exposición llevada a cabo con minucia y donde el Prado ha echado los restos: hasta se ha publicado un cómic debido a Max. Una exposición irrepetible pues es probable que nunca se dé la circunstancia de reunir 23 de las 27 pinturas inventariadas de El Bosco y que de los 11 dibujos aceptados, 6 de ellos cuelgan en el Prado, amén de 2 dibujos más de los que existen dudas. Una exposición que se inaugura con la sombra de una polémica que rodeará largo tiempo a los expertos en arte pero que no restará un ápice de emoción a la contemplación de una de las obras más singulares y fascinantes del arte, la del pintor Jerónimo Bosch y sus pinturas delirantes, de marcada simbología medieval perdida ya en el imaginario onírico y surreal del hombre moderno.

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