Vivian Maier, las fotos secretas de una vida escamoteada

Vivian Maier, autorretrato/ Wikipedia
Vivian Maier, autorretrato. / Wikipedia

Con una diferencia de tres días, se exhiben en Barcelona (6 de junio) y Madrid (9 de junio) –tres años después de que se hiciera en Valladolid, pero, ay, se nos escapó entonces– cientos de fotografías de Vivian Maier, hija de madre francesa y padre austríaco, que abandonó el nido cuando Vivian tenía 4 años, una mujer de la que se sabe que murió en la indigencia y el anonimato en 2009. Se había ganado la vida como niñera y tenía una afición secreta, la fotografía y el cine.

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Aún en vida, en 2007, sus cosas fueron subastadas por el dueño del guardamuebles donde las tenía, harto de que no le pagara. Entre los trastos, miles de carretes sin revelar. La fortuna quiso que los comprara John Maloof, un joven que investigaba sobre la historia de un vecindario de Chicago y que no tenía especial afición por la fotografía. Pero sí tuvo sensibilidad para darse cuenta de lo que hervía entre sus manos cuando empezó a revelar los contactos. Cuando Maloof se puso a buscar a la dueña de ese tesoro, sólo acertó a saber que había muerto un día antes de que él emprendiera esa búsqueda.

Ahora se saben más cosas de Maier: que disparó al menos más de cien mil veces su cámara en las calles de Nueva York y Chicago, donde vivió; que se ganó el sustento cuidando niños, que se encerraba en su cuarto a escribir e idear películas, que acarreaba consigo siempre su cámara y tiraba fotos sin parar. Los niños a los que cuidó, pasados los años, pagaron sus gastos y la casa en la que vivió hasta su muerte y también contaron a Maloof algunos pocos detalles de lo que recordaban de su niñera. Que era feminista y descreída, que vestía siempre de un modo masculino que destacaba en la época, que era un espíritu libre, que llevaba siempre sombrero y que tenía secretos que no desveló a nadie. Que la querían por cómo era y lo bien que lo pasaban con ella.

Su descubridor, que ha creado un blog muy visitado por montones de curiosos, dice que la vida le ha dado un vuelco al despertarse tal interés por la obra de esta niñera que sacaba fotos en sus ratos libres. Él mismo compró una cámara como la de Maier, una Rolleiflex y la disparó en los mismos rincones de la ciudad de Chicago para comprobar cuánto le estaba enseñando la fotógrafa al comparar sus fotos con las de Maier.

Aún se podrán contemplar, según se vayan catalogando, miles de sus fotografías, el prodigio acumulado en silencio por una mujer un tanto enigmática, aunque comunicativa, pero amante de las distancias y de cierta soledad. Otro ejemplo de los milagros que se producen cuando una menos se lo espera, la casualidad o la fortuna de dar con un tesoro que se puede ahora admirar. Cosas que pasan.