‘El laberinto mágico’ de nuestra guerra civil

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Una escena de 'El laberinto mágico', que estará en el Teatro Valle-Inclán hasta el 10 de julio. / Centro Dramático Nacional

Max Aub (París, 1903 - México, 1972) fue, con toda probabilidad, junto a Arturo Barea, autor de la trilogía La forja de un rebelde, el escritor español que con más tino escribió sobre la guerra civil. Acompañó a André Malraux en sus andanzas por tierras españolas y colaboró con él en la versión cinematográfica de L'Espoir, que se llamó Sierra de Teruel. Ya en el exilio mexicano escribió los seis tomos de que consta El laberinto mágico: Campo cerrado, Campo de sangre, Campo abierto, Campo del Moro, Campo francés y Campo de los almendros, que publicó Joaquín Mortiz y que de vez en cuando releo en mi sillón con la misma fruición con las que las leí por vez primera en la década de los setenta. Seis novelas que se cuentan en la tradición de los Episodios Nacionales, de Pérez Galdós, autor que Aub adoraba, literalmente, casi, casi como Buñuel.

Max Aub es autor importantísimo en la literatura española del siglo XX y resulta una obviedad afirmar que es sangrante que escritor de semejante fuste sea prácticamente desconocido en su país de adopción. De ahí la adaptación de sus obras narrativas y obras de teatro que se han hecho últimamente en España, por capricho de Ernesto Caballero principalmente, que se ha propuesto que, por lo menos bajo la férula de las adaptaciones teatrales, su obra sea más conocida de lo que injustamente ha sido hasta ahora. Caballero vio que estas seis enormes novelas podían pasar por una revisión dramatúrgica y, bajo la férula del Laboratorio Rivas Cheriff, y con la ayuda del dramaturgo José Ramón Fernández y un nutrido grupo de actores, estuvo varios meses intentando esa versión tomando como ejemplo elementos reciclados de otras producciones: “Así levantamos una estructura dramática sobre la selección de fragmentos de esta obra cumbre de la literatura del siglo XX”.

El director del Centro Dramático Nacional ha estudiado la obra de tal manera que la hizo pasar por varios ensayos de representación para el público e incluso dio a los espectadores una especie de encuesta donde se les preguntaba sobre los resultados de este trabajo y si creían que la obra debería ser representada dentro de una programación convencional. Como la respuesta fue afirmativa, Caballero decidió que la obra entrara en los circuitos habituales del teatro. La cosa es que se estrenó este martes 7 en el Teatro Valle Inclán bajo la dirección de Caballero y con Chema Adeva, Javier Carramiñana, Paco Celdrán, Bruno Ciordia, Paco Déniz, Ione Irazabal, Borja Luna, Paco Ochoa, Paloma de Pablo, Marisol Rolandi, Macarena Sanz, Alfonso Torregrosa, Mikele Urroz, María José del Valle y Pepa Zaragoza. La escenografía y el vestuario corrieron a cargo de Mónica Boromello y la iluminación de Ion Aníbal. Un lujo de elenco en un espectáculo que dejó pocas cosas al azar y que se caracterizó por el buen hacer, más si tenemos en cuenta lo mostrenco de la intención: versionar seis novelas de gran formato donde se da cuenta de un panorama de la guerra civil, con ese terrible final de los suicidios en el puerto de Alicante por parte de milicianos que sabían no llegaba la ayuda prometida.

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Un actor durante la representación de 'El laberinto mágico'. / CDN

Pero Caballero ha pasado la prueba con pericia porque la pasión por Aub compensa cualquier esfuerzo, al igual que con Enrique Jardiel Poncela, a los que considera escritores preteridos por pura ignorancia. Para llevar esta obra a buen puerto tiene a un ilustre antecesor, Juan Carlos Pérez de la Fuente, que hizo un San Juan, de Aub, espléndido y, claro, el ejemplo de la escritura misma de Max Aub. Una escritura que tiene la capacidad de crear un personaje con dos frases, cualidad que le fascina, su implacable vocación de ser ojo de aquello que está pasando, su irrenunciable amor por una tierra, España, a la que retrató en su amarga realidad como pocos han sabido hacerlo. Vale decir, un autor que es un monumento de la literatura del siglo, y que esta obra es ejemplo señero de ello.

Caballero resume diez horas de narración en hora y media en medio de un enorme plantel de personajes que Caballero ha querido representen el gran mosaico humano de los vencidos, nada menos que sesenta. La obra puede, además, ser contemplada desde la más estricta actualidad pues no hay que olvidar que las escenas del puerto de Alicante no debieron diferir gran cosa de algunas por las que pasan actualmente los refugiados de guerra.

La intensidad que atraviesa la obra entera tiene para Caballero la cualidad de la propia escritura de Max Aub, inscrita en nuestros mejores dramaturgos: el Fernando de Rojas de La Celestina; el Cervantes que también hizo teatro, el Galdós de los Episodios, claro, pero también de sus propias piezas de teatro.

Basando casi todo el peso de la obra, su intensidad y dispersión geográfica (Madrid, Barcelona, Valencia), El laberinto mágico es pieza de teatro con un coste cero en escenografía y aparato escénico, con multitud de tramas que muchas concluyen y otras no, dejándolas abiertas, como la vida misma. En fin, un estreno que sirve para dar a conocer una de las versiones más originales y arduas que nos ha legado el teatro de ahora.

Estará en el Valle Inclán hasta el 10 de julio y como reclamo diremos que la obra fue galardonada como mejor espectáculo de la Academy Awards de la Central Academy of Drama de China. No todo es Estados Unidos.

centrodramatico001 (YouTube)

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