José Menese, referencia humana y flamenca

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Alfredo Grimaldos *

José Menese, in memoriam
Imagen de archivo del cantaor José Menese, fallecido ayer sábado, 30 de julio, en su localidad natal, La Puebla de Cazalla (Sevilla). / Paco Campos (Efe)

Tú no pierdas, hermano, la esperanza,
que el mañana llegará,
que’onde hubo candela rescoldito quea
y jumo saldrá.

La relación de José Menese con su paisano Francisco Moreno Galván constituye un caso único en la historia del flamenco. Las letras renovadoras del renacentista pintor y poeta de la Puebla de Cazalla permitieron a José cantar a la libertad con pleno fundamento flamenco. En tiempos de silencio y represión.

En 1967, cuando toda España era una cárcel, Pepe Menese se atrevía a cantar, acompañado por la guitarra maestra de Melchor de Marchena, esta letra de seguiriya escrita por Francisco, metáfora de la situación que vivía el país:

Cuando llamaron a Audiencia,
me dio escalofrío
como de un golpe, llenita la sala
Y el mundo vacío

“Francisco y yo comenzamos a componer y cantar letras sobre problemas cercanos, sobre personas de nuestro pueblo”, explicaba Menese. “En La Puebla había unos señoritos, los Benjumea Vázquez , que amartillaron, vapulearon y martirizaron a la gente durante la guerra y los terribles años posteriores”. Uno de los Benjumea fue el fundador de Abengoa y Juan Carlos de Borbón le nombró marqués de La Puebla de Cazalla.

¡Qué bien jumea
de Diego Vázquez, la chimenea,
de otro es la leña;
que quien quema lo suyo
a nadie empeña.

El cante de Pepe, secundado por las guitarras de Melchor de Marchena, Juan Habichuela, Enrique de Melchor y Antonio Carrión está recogido en una monumental obra discográfica.

La fidelidad de Menese a las normas del cante clásico, en tiempos de enorme confusión, le situaron como privilegiado referente para muchos aficionados. Además, su compromiso ético y humano con la realidad social hizo de él un personaje imprescindible en un tiempo poco dado a valorar la solidaridad. Pero en el plano estrictamente artístico, Pepe ha sido un ejemplo de rigor, seriedad y coherencia. “Respeto a los maestros y respaldo a los jóvenes”, fue siempre su lema.

Llevó el flamenco, por primera vez, al teatro Olympia de París, en 1974, y su poderoso eco también ha resonado en templos de la música clásica como el Teatro Real o el Auditorio Nacional, en Madrid. En decenas de ocasiones ha actuado en los colegios mayores y en la universidad. Él ha sido uno de los principales divulgadores de la pureza y autenticidad flamencas entre la juventud durante décadas.

“En mi familia hemos mamado la injusticia”, afirmaba. “A un hermano de mi madre se lo cargaron en la guerra. Una noche se lo llevaron y le dieron el paseo, sin más ni más”.

Mi pare y mi hermano Diego,
zapateros como yo.
Y en casa de zapatero,
descalcitos andamos tós.

Las lindes del olivá
son anchas pa los Don Mucho
y estrechas pa los Don Ná.

De forma insólita, todas estas letras fueron colando sin que José tuviera roces demasiados graves con la censura: “En los primeros discos, no se daban ni cuenta”.

Ya habían dao las doce
cuando lo sacaron,
ya no son blancas las blancas paeres
donde lo mataron.

Cuando José Menese tenía 25 años, en el diccionario Larousse ya aparecía su nombre, su discografía y la explicación de su labor renovadora y dignificadora del arte flamenco. Caso único entre los artistas del género y muestra de lo meteórico de su fama.

Una de las seguiriyas que Menese cantaba con más rabia es la que hace alusión al trágico fin, a manos de la Guardia Civil, de un vecino de La Puebla, el Chato de la Patricia, por rebuscar las aceitunas caídas antes de que terminara la recogida. La “rebusca”, una actividad de pura subsistencia, estaba muy perseguida por los grandes propietarios, con los agentes de la Benemérita a su servicio, que pegaban palizas a los hambrientos cuando entraban en las fincas a recoger olivas caídas, caracoles, cardillos, alcaparras, tagarninas, espárragos o leña. Al Chato de la Patricia le pillaron los guardias rebuscando aceitunas, le obligaron a comerse las que había recogido, le apalearon... y murió. Nadie pagó por el crimen.

Me amarga la boca
cuando los maldigo,
como amargaba la aceituna verde
del olivarito.

Figura del cante durante más cincuenta años, Menese pensaba que para mantener el rumbo -como él lo hizo durante toda su carrera, artística y políticamente- había que saber digerir el éxito, máxime cuando éste llega, como en su caso, a una edad muy temprana: “Cuando yo empecé, no podía creerme nadie especial, porque vivían Antonio Mairena, Juan Talega y muchos genios a mi alrededor. Yo sentía veneración por esos maestros y sabía que debía aprender todo de ellos. Hoy llega cualquier joven y te mira por encima del hombro, sin mostrar el más mínimo respeto a una experiencia de años. A mí se me puede tachar de inmovilista, de carroza, pero lo que vale es lo que permanece. Veremos qué queda de todo lo que se está haciendo ahora con la etiqueta falsa de nuevo flamenco”.

“Yo creía que iba a cambiar el mundo. Y mira lo que ha cambiado. Todo es una confusión tremenda, los ideales se han perdido y sólo manda la peseta. Bueno, ya ni eso, ahora el euro. Ese ha sido el cambio”.

Que la Virgen nos ampare,
que ahora cuidan el rebaño,
con los mismitos, mismitos collares,
los mismos perros de antaño.

Eduardo Hidalgo (YouTube)
(*) Alfredo Grimaldos es periodista y escritor.

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