Cinco libros de viajes para leer en el salón

Juan Ángel Juristo

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Portada de 'El corazón de las tinieblas', de Joseph Conrad.

¿Por qué en el salón? Porque si estuviera paseando o triscando por mar o montaña ya estaría en movimiento, en viaje, y, por lo tanto, no estaría leyendo, actividad que implica reposo, cierta tranquilidad y, sobre todo, una mirada distante, pero no demasiado para que el lector sea consciente de ella. Viajar es época propicia en el verano, por lo menos frecuente. Nosotros hemos escogido cinco libros de viajes de todos los tiempos dedicados especialmente para aquellos que están imposibilitados de viajar o, sencillamente, no tiene ganas. En una de las grandes novelas escritas en el pasado siglo, El tercer policía, de Flann O'Brien, pulula un loco filósofo que, entre otras extravagantes teorías, sostiene que el movimiento en realidad no existe y realiza un viaje, dice, cogiendo unas fotografías de Folkestone y encerrándose en su casa desde donde viajará a aquella localidad inglesa. A los pocos días sale de su habitación y, evidentemente, no se encuentra en el lugar, pero poco después hay gente, estamos en Bath, que dice haber visto al filósofo en Folkestone esos días de encierro. Hagamos, pues, el viaje del filósofo.

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1. La Odisea, Homero.

En realidad la primera novela de nuestra civilización. El protagonista, Odiseo, Ulises, ya no se traslada, como los dioses o los héroes, sino que viaja, es decir, aprende de aquello que desconoce. Algunos especialistas del libro han resuelto que podría ser que tras la Odisea se escondiera la primera guía de viajes del Mediterráneo, el primer mapa sonoro del mismo. El itinerario es, asimismo, una metáfora del destino del hombre que, finalmente, arriba a su tierra deseada, Ítaca. En medio, aventuras sin fin, como corresponde ya al tiempo de la novela: el enamoramiento y estancia con Circe, el episodio de los lestrigones, el del Cíclope, donde Odiseo pronuncia el primer nombre de la narración de nuestra cultura, “Mi nombre es nadie”, el episodio de las Sirenas, la lucha de Escila y Caribdis y, luego, de regreso a Ítaca, la venganza contra los pretendientes al tálamo de Penélope, el reconocimiento del hijo, Telémaco, en fin, el libro del origen de nuestro sentido del viaje, es decir, la llegada a tierras ignotas donde se es susceptible de aprender, de incorporar experiencias y, lleno ya de ellas, descansar en Ítaca... En el fondo, la llegada a la literatura del primer hombre.


2. Viaje sentimental por Francia e Italia, Laurence Sterne. 

Tratándose del autor del Tristam Shandy, habrá que entender que el protagonista del libro, que como buen inglés de su época pretende hacer el Gran Tour, no llega, cosa de la disgresión, ni a los confines de Francia, como mucho a París. Libro excepcionalmente moderno, en España fue traducido por Alfonso Reyes, el Viaje sentimental no sólo anuncia el Romanticismo, sino que es el texto primerizo de las vanguardias. Y, si bien tiene en su hermano mayor, el Tristam Shandy, su lado genial, no hay que olvidar que este libro del reverendo Sterne anuncia con claridad meridiana esa nueva sensibilidad, esa nueva revolución en el modo de entender el viaje que fue al alma romántica. Un ejemplo, hasta entonces el paisaje no había sido considerado como valor en sí mismo. Cuesta imaginarlo, visto desde ahora.

3. La Biblia en EspañaGeorge Borrow.

En el siglo XIX, el país exótico por antonomasia era España y la bibliografía de viajes por nuestras tierras era enorme, sobre todo por parte de autores ingleses y franceses. De entre todos ellos, algunas verdaderas joyas literarias, destaca esta La Biblia en España, de George Borrow, estudioso de los gitanos, escribió Lavengro, una novela de tema caló, y fue autor de un diccionario gitano. “Don Jorgito, el Inglés” viajó por cuenta de la Sociedad Bíblica Británica entre 1836 y 1840, años de la Primera Guerra Carlista, la desamortización y la Primera Regencia, con ánimo de difundir el Nuevo Testamento. Aquella experiencia en España la recogió en este libro que es uno de los grandes libros de aventuras de todos los tiempos: a don Jorgito le pasa de todo, como buen inglés con alma gitana. Manuel Azaña tradujó el libro en 1921 y recalcó en el prólogo que hizo para aquella edición el carácter aventurero de este libro, casi picaresco, que le hace descollar entre los innumerables publicados en su tiempo.

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Portada de 'Viajes con mi tía', de Graham Green.

4. El corazón de las tinieblasJoseph Conrad. 

Esta nouvelle de Conrad es uno de los viajes al infierno más celebrados en nuestra literatura. Escrita tras los sucesos de la colonización del Congo y el genocidio cometido por el rey Leopoldo, el viaje fluvial que Charles Marlow realiza en busca del mercader de marfil, Kurtz , es la metáfora de los extremos a que puede llegar la codicia del hombre, representada en este caso por las empresas coloniales europeas y su degradación extrema en aras de conseguir el máximo beneficio. El río se convierte así, en símbolo terrible de nuestra existencia que al final del mismo esconde el secreto de Kurtz que, en el fondo, no lleva a parte alguna. Esta novela de Conrad no es su mejor libro pero sí el que goza hoy día de mayor fama gracias a la película Apocalipse Now, de Coppola, inspirada en gran parte en la narración conradiana aunque difiera en gran parte de su espíritu.

5. Viajes con mi tíaGraham Greene. 

Una de las novelas más divertidas, a la par que melancólica, de Graham Greene. Viajes con mi tía es la novela de la desinhibición, del aprendizaje de la alegría de vivir, amén de ser uno de los libros reivindicadores del beneficio de salir de la propia cochambre que le rodea a uno y realizar el viaje, que siempre es inciático. Al oficinista Henry Pulling, que cultiva dalias en su jardín, le salva de esa nadería de existencia el realizar un viaje con su excéntrica tía, la tía Augusta, con quién le ocurrirán aventuras sin fin. Puling, después del viaje, ya no voverá a ser el mismo, renacerá. Hermosa metáfora del riesgo, Greene escribió la que quizá sea su mejor obra cómica. Un clásico del viaje que fue llevada al cine: George Cukor la realizó en 1972. A nosotros nunca se nos olvidará la figura de Maggie Smith interpretando a la tía Augusta.