La felación tampoco es lamer un palo

Lucía Martín *

Platano
Imagen: Shutterstock.

Me ha llamado el dire de esta publicación: que nos han llegado sacas y sacas de cartas a la redacción. Faxes, correos electrónicos, palomas mensajeras, e incluso… ¡drones!

Millones de lectores, que digo millones, cientos de millones de lectores masculinos han puesto el grito en el cielo reivindicando un post sobre el buen hacer de la fellatio. Porque una puede escribir sobre el cunnilingus pero también tiene que dedicar unas líneas a la felación. Eso es lo que solicitaban en todas sus misivas y tenían razón: es justo que hablemos también de las mamadas, que no van a ser menos importantes, hombre.

Me quejaba yo de que ellos no saben practicar bien un cunnilingus, que lo de bajarse al pilón, en líneas generales, dejaba mucho que desear, pero ¡ay amigos/as!: parece ser que nuestros chicos también están descontentos en lo que a las comidas de pene se refiere. Bien es cierto que se rumorea que a muchas mujeres tal menester no les agrada y si lo hacen es con desagrado (que chica, ya que te pones, pues esmérate un poco y lúcete, porque si lo vas a hacer mal, mejor no hacerlo). Yo no conozco a ninguna a quien no le guste, confieso, será que estoy rodeada de ‘peneadictas’, pero escuchándoles a ellos podemos establecer algunas normas sobre cómo hacer bien una mamada. Porque en efecto y como apuntaba un lector en Twitter, la felación no es lamer un palo. Si acaso mejor, como lamer un Calippo.

Vamos a ello:

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  • Las cosas con gula, se hacen mejor: pongamos que tienes la verga delante, toda orgullosota ella y desafiante. Cógela con amor (si es un amante de una noche, con un sucedáneo del anterior, lo que queremos decir es que lo hagas con delicadeza, no como si el pene fuese un destornillador) y ve alternando masturbación con la mano (si tienes la mano más seca que carne curtida irá mal, un lubricante hará maravillas) y con la boca.
  • Varía ritmos: de más intenso a más suave. Escucha la respiración de tu amante, será un indicativo de qué le gusta más o menos. Escuchar activamente al otro, no nos referimos únicamente a la respiración, es el mejor truco para ser un buen amante: así sabrás qué le gusta y qué no al otro.
  • Ojito con los dientes: a ver, ¿qué queremos, que le vuelva loco ver cómo tienes su pene en tu boca o que ésta le recuerde a un serrucho de carpintero canadiense? Pues eso, ten cuidado porque tienes en tus manos (y boca) un bien “frágil”.
  • Relaja tu garganta: si temes que al introducirla completamente en la boca (si el tamaño es adecuado claro está, si hablamos de Rocco Sigfredi o de míster Vidal, la cosa se complica) te den arcadas porque pegue directamente en tu garganta, un truquillo que viene de Asia. Allí, las denominadas Tigresas Blancas (no se sabe muy bien si forman parte de la leyenda o si existen realmente), consideradas unas diosas del sexo oral, lo que hacen es relajar la garganta cuando están en faena. Así que ya sabes.
  • Recorre todo el pene, desde la base hasta el glande y aplícale todos los verbos que se te pasen por la cabeza: lame, relame, rechupetea, besa, da mordisquitos (despacio), escupe…
  • Hay chicos a quienes no les gusta que les toquen los testículos (y no nos referimos a tocadas de cojones por parte del jefe), ni con caricias ni con la lengua, mucho menos que te los metas en la boca como si fueses una succionadora de Stihl. Como el tema testículos es delicado, mejor preguntar previamente.
  • El ano, como Teruel, también existe y lo tienes cerca, pero en esta temática “delicada” también conviene preguntar.
  • Por supuesto no lo hemos dicho aún pero lo damos por sentado: para el sexo oral se requiere una limpieza genital ejemplar (y bucal también). Seamos limpios por favor, las sorpresas desagradables mejor evitarlas.
  • A muchas mujeres no les gusta el sabor del semen. Y se puede entender, sobre todo si el dueño del susodicho ha comido previamente espárragos o ajo. Hay alimentos que endulzan el sabor del semen (la fruta, la canela…).
(*) Lucía Martín es periodista y autora de ‘Hola, sexo? Anatomía de las citas online‘ (Arcopress, 2015).