Putin, icono sexual del verano

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Lucía Martín *

El presidente ruso, Vladimir Putin, en una imagen de archivo un día de pesca en el río Yenisei. / Efe
El presidente ruso, Vladimir Putin, en una imagen de archivo un día de pesca en el río Yenisei. / Efe

Un verano no es verano sin una foto de Vladimir Putin en pose de tipo duro, de espía ruso que te aniquila con la mirada y que cuando tu cuerpo yace en el suelo va y te escupe puro vodka por la boca. Al igual que un verano no lo es sin un pseudo problema con Gibraltar o la invasión de un islote perdido que no sirve ni para criar cabras. Este año todos estos temas se están retrasando: miro ansiosa los periódicos todas las mañanas, a la espera de la imagen del líder ario, pero lo único que encuentro es a Rajoy con sus marchas matutinas y una sobredosis de políticos a vueltas con la investidura y con las terceras elecciones, que como toquen te digo yo que esto supera el guión del Día de la Marmota. Desde luego, vaya veranito nos están dando. Y claro, mientras estas informaciones esenciales para nuestro devenir copan los titulares, no hay sitio para el ruso y la pose de 2016. Mierda.

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La foto de Putin de este año se está haciendo esperar: aún no ha aparecido rescatando una ánfora del mar (que fijo la habían esquilmado del museo más cercano), o a lomos de un tigre (que era la mascota de un zoo de la localidad con toda seguridad) o con un puñal en la boca.. No sé quién narices es el asesor de comunicación e imagen de Putin, si es que lo tiene, pero desde luego, chapeau: ese personaje, que vete tú a saber si no es el mismo líder ruso, ha bebido de las películas de James Bond, pero de las antiguas, no de las de ahora de Daniel Craig, que sinceramente, nunca me ha resultado atractivo.

El que decide la foto de verano de Putin se ha visto todas las de Bond y ha querido mimetizar a todos los malos en una sola imagen: por eso ahí está Putin, con imagen de duro de pelar, pecho imberbe (qué queréis que os diga, sin que me atraigan los osos yo le pondría un poco de pelambrera), tetillas tímidas, la piel blanquecina porque en el Kremlin da poco el sol y los rayos UVA envejecen una barbaridad y una fisionomía entre pseudo fibrosa y fofisana, porque el vodka es lo que tiene, que calienta el alma y es una costumbre local de allí, pero son calorías gratuitas que acaban pasando factura al cuerpo.

Ya quisiera Rajoy un asesor de imagen similar al de Putin: porque de tenerlo, nuestro presidente en funciones o lo que sea, no saldría con esos calcetinitos blancos ridículos que sobresalen de sus deportivas (coño, Presi, que los hay más bajos, dile a alguien que se pase por el Decathlon a buscarlos…), ni con esos polos que son como siete tallas más grandes de lo que necesita. Aunque puestos a imaginar, no me apetece pensar en Rajoy torso desnudo con cuchillo en la boca: quizás lo más propio sería con una azada en la mano y un campo de alcachofas detrás, o con un pañuelo moquero con las puntas atadas, al más puro estilo albañil; o quizás en primer plano con la orquesta Panorama detrás, que es muy de su tierra o algo más veraniego, no sé, por ejemplo, con camisa de piñas y paseando por Chueca. No sé, son meras ideas, ¿eh? Bueno, casi prefiero a Putin, aunque a mí los rubios no me van, que por eso Craig no me gusta: en casa somos más de Brosnan, Pierce Brosnan

Ser asesor de imagen de Putin debe ser duro de la hostia, porque como no le guste el resultado del retrato te manda a Siberia en cero coma y Siberia no me parece una tierra muy acogedora, la verdad. Yo no sé lo que está tardando este señor, el asesor digo, en confeccionar un calendario con las imágenes más icónicas de Vladimir, al estilo calendario de los bomberos pero con el ruso de prota. Lo petaría en los quioscos del mundo y en las redes sociales: aquí Vlad colgado del helicóptero encima del Polo Norte (con torso desnudo, evidentemente); aquí con el tigre lamiéndole las botas de puntera de acero; aquí acariciando las cabezas de unos niños inocentes (y acojonados); aquí amamantando un bebé gorila… yo me lo compraría porque la estética de los países de la antigua Unión Soviética siempre me gustó mucho y ese toque “que te mato” me pone un pelín, aunque vuelvo a repetir que no me gustan los rubios tan blancos…

En fin, a ver si mañana hay suerte y sale ya publicada la foto de Vlad, que me tiene en ascuas. Y por cierto, para los que se preguntan de dónde le viene el punto de malote a este señor: sepan que su abuelo fue cocinero de otro malo de pelotas, Stalin. Si es que lo que no se pega es la belleza...

(*) Lucía Martín es periodista y autora de Hola, sexo? Anatomía de las citas online (Arcopress, 2015).
2 Comments
  1. @carlosmagaro says

    Al final va a resultar que es más divertido el elogio semanal a Podemos de Manolo Monereo…

  2. Muir says

    No se que pretenden con esta sección la verdad…ah sí! Crear una nueva BarbiJaputa…todo por un puñado de clicks.

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