JUAN ÁNGEL JURISTO | Publicado: - Actualizado: 7/1/2017 16:15

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Reina Roffé posa con su otro libro, “El otro amor de Federico García Lorca”. / Efe

Lorca en Buenos Aires (Fórcola Ediciones), es el título de un libro recién publicado entre nosotros, que es revisión del que Reina Roffé (Buenos Aires, 1951) editó en Plaza Janés en Argentina en 2009, El otro amor de Federico García Lorca, y que nunca se distribuyó en España. La obra maneja con soltura el ensayo y la ficción para dar una visión de lo que fue la cultura en español en los años treinta, junto a una especulación novelesca que incluye la relación particular entre una mujer, Cesca, que posee rasgos de Victoria Ocampo,Federico García Lorca durante los meses que pasó en Buenos Aires, pocos antes de regresar a España, donde le esperaría la muerte. 

En Buenos Aires, García Lorca conoció la fama amén de ganar, por primera vez, mucho dinero. Fue un hombre feliz. Reina Roffé acierta plenamente al recrear aquellos años y, además, nos revela a los españoles la especial conformación de un continente , el americano, del que teníamos poca idea cabal, aparte de ser lugar de emigración.

Residente en España desde hace muchos años, Reina Roffé, novelista, ensayista, investigadora, a quien se deben las mejores biografías habidas sobre Juan Rulfo, nos ha concedido esta entrevista donde se explaya sobre aquellos años y muestra su visión sobre aspectos de nuestro país.

 ¿En qué se diferencia esta edición española de la que publicó en Argentina hace años?

— La edición española añade un bello cuadernillo de 16 páginas con fotos del poeta en Buenos Aires y un dibujo digital, la cabeza de Lorca sobre el plano de la ciudad porteña, de la joven artista española María Escriu. Esto hace que el libro sea más atractivo como objeto. En cuanto al texto, aproveché la nueva publicación para realizar alguna corrección de estilo, fundamentalmente erratas, que nunca faltan. Poca cosa.

 El libro consta de tres partes diferenciadas, pero adecuadamente mezcladas, a camino entre el ensayo y la ficción. ¿Esto le permitió mayor libertad de actuación?

— Sí. Para dar las diversas facetas de García Lorca, poeta genial y polifacético y situarlo en el contexto social, político e intelectual de la época, tuve que trabajar con distintas modalidades discursivas. De ahí la intervención de textos que son fragmentos de historia, breves biografías, testimonios, cartas, crónicas, realidad y sueños combinados, donde comulgan verdad y ficción, vida y literatura. Esto me facilitó ampliar el marco de operaciones. Hablar de aquí y de allá, quiénes eran los escritores, los artistas, los músicos, y de qué modo intervenían en la cultura de los años treinta, cuando Lorca visita la Argentina.

 Usted ha escrito definitivas biografías sobre Juan Rulfo ¿En qué consiste su interés, biográfico, claro está, por Federico García Lorca?

“Las travesías transatlánticas
de García Lorca
le insuflaron un
conocimiento más universal del arte
y de los pueblos

— Ninguna biografía es definitiva. Siempre puede aparecer, en el caso de Rulfo, algo más que sorprenda y complete su itinerario vital y creativo. En cuanto al poeta español, me pareció interesante dejar constancia de lo que significó para él permanecer casi seis meses en Buenos Aires. Siempre he pensado que los viajes comparten con los buenos libros de creación la magia de un conocimiento muy particular. Abren los ojos a un mundo, al de los otros, pero también y principalmente al nuestro y tienen el prodigio de enriquecernos de alguna manera, porque cambian, modifican o amplían nuestra visión de las cosas, de los seres humanos y la percepción que tenemos de nosotros mismos. Los viajes, bien aprovechados, proporcionan múltiples experiencias, y cualquiera sea su objetivo, estimulan la mirada curiosa, atenta y hasta desconcertada que desea captar lo ajeno, comprenderlo, asimilarlo. Al mismo tiempo, todo lo que vamos descubriendo nos hace reflexionar sobre nuestra propia cultura. Creo que esto le sucedió a García Lorca cuando comenzó a viajar (de ahí su primer libro Impresiones y paisajes) y sobre todo a partir de sus travesías transatlánticas que le insuflaron un conocimiento más universal del arte y del destino de los pueblos. Esos viajes hicieron que descreyera de la frontera política y se sintiera “hombre del mundo y hermano de todos”. Por otra parte, se echaba de menos, al menos así me pareció, novelar a Lorca en uno de sus tramos más fulgurantes, su viaje al Río de la Plata, donde obtuvo un gran reconocimiento y entabló amistades importantes para un creador. reina-roffe-garcia-lorca-en-buenos-aires

 ¿Qué representó Buenos Aires en la vida de Lorca?

— Además de lo ya señalado, representó conocer el aplauso más clamoroso del público. Obtuvo una fama comparable a la de un gran torero. No sólo lo digo yo, también su biógrafo más importante, Ian Gibson. Con Bodas de sangre, de la mano de la actriz argentina Lola Membrives, alcanzó un éxito como nunca antes había tenido. Gracias a sus taquilleras obras y a las conferencias que dio en Buenos Aires y en Montevideo ganó ingentes sumas de dinero que le proporcionaron independencia económica. Hasta entonces, siempre había necesitado el apoyo monetario de su familia.

 El personaje femenino de Cesca es impresionante. ¿Por qué una mujer en la vida amorosa de Federico?

— Cesca, que tiene por entonces cuando conoce a Lorca 23 años, es una joven de sensibilidad extraordinaria, que penetra con gran percepción y sabiduría en el alma del poeta que, de pronto, desea formar una familia con ella, tener hijos; esa mujer, que es quien más respeta “sus instintos”, lo induce a pensar en lo enigmático y pendular de la naturaleza, que no siempre es de una sola inclinación. Me pareció oportuno mostrar, más que su condición de homosexual, de la que tanto se ha hablado, su lado humano, la ambigüedad que, a veces, nos domina. Y jugar con la idea de un Lorca ilusionado con una chica capaz de intuirlo y verlo más de lo que él se veía a sí mismo, un Lorca que tiende a la “normalidad” como una manera de calmar la zozobra que, de seguro, le producía la mirada social. Es un cariño que crece en paralelo a sus verdaderos deseos. Él quería y admiraba mucho a las mujeres, protagonistas principales en la mayoría de sus piezas teatrales.

 Se permite usted especulaciones de resultados esclarecedores. El encuentro entre Lorca y Carlos Gardel…

— El encuentro se dio realmente y está documentado. Lo que no aparece en los documentos es lo que yo cuento en mi libro. Las afinidades, los intereses comunes, los proyectos que tienen y comparten. Los miedos.

 Usted parece indicar que fue Pablo Neruda el que le imbuyó del ideario socialista ¿Se puede afirmar que Lorca fuese socialista gracias al poeta chileno aún teniendo un cuñado de izquierdas?

“Como muchos escritores de su generación, sentía la necesidad de manifestarse contra el arte por el arte mismo”

— No, de ninguna manera. Si diera a entender eso, sería un error por mi parte. Puedo decir, en todo caso, que ambos, junto con otros escritores de la época, como el poeta argentino Raúl González Tuñón, abrazaron la causa socialista y/o comunista. También que se encontraba en una etapa en la que, como muchos escritores de su generación, como el chileno Neruda, la uruguaya Blanca Luz Blum y otros, sentía la necesidad de manifestarse contra el arte por el arte mismo y afirmaba que en ese periodo dramático del mundo (con el avance del nazismo en Alemania, el fascismo en Italia, la derecha más rancia en España) “el artista debe llorar y reír con su pueblo”. Por todos es bien conocido que el socialismo ocupaba tendencia en el entorno familiar de Lorca. Su cuñado, el esposo de su hermana ConchitaManuel Fernández Montesinos, era el alcalde socialista de Granada. Tanto Federico como su familia eran muy amigos de Fernando de los Ríos que, durante su gestión, apoyó y subvencionó el proyecto de La Barraca. Todo esto antes de conocer a Neruda. También antes de viajar a Buenos Aires, Lorca firma el Manifiesto de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética.

 Buenos Aires como la ciudad en la que Lorca se hizo adulto, y, de paso, fue consciente de su éxito… lo del hall del hotel donde se hospedaba lleno de admiradores remite al imaginario pop. Cuesta creer que un poeta fuese tan famoso...

— En efecto, hoy en día cuesta creerlo. Pero me atengo a los testimonios de la época, a los diarios del mexicano Salvador Novo, por dar un ejemplo, que conoció y trató a Lorca en Buenos Aires y a las propias cartas de Lorca que nos hablan de esos admiradores que lo asediaban a todas horas del día y de la noche. América Latina se caracteriza por ser generosa con los artistas, confía más en ellos que en los políticos, que siempre decepcionan.

 Volviendo a Cesca, ¿cuánto hay de imaginario y cuánto de real en esa creación? Parecería cierto ideal de mujer inalcanzable…

— Cesca es una construcción posible que tiene rasgos físicos, psíquicos y emocionales de dos damas de las letras argentinas de la época. Pero, ciertamente, más que real es una mujer soñada. Tal vez por eso parezca inalcanzable.

 La razón de meter casi como dramatis personae a lo mejor de la cultura en español del momento es idea feliz en cuanto a dar cuenta al lector de la riqueza de ese momento. Realmente emociona el número de nombres de primera fila…

— Pensar que por las mismas aceras circulaban escritores de la talla de Borges, Victoria Ocampo, Pablo Neruda, Oliverio Girondo, Norah Lange, Alfonsina Storni, Alfonso Reyes, etc. pinta un momento particularmente activo de la cultura en español, autores que trazaron las líneas por donde pasaría buena parte de la literatura actual. Quería mostrar el clima intelectual de la época, que deja una gran añoranza.

 Usted, aunque argentina, lleva muchos años viviendo en España. ¿Podría darnos sus impresiones sobre la situación de la cultura aquí? ¿Es realmente tan mala como la pintan?

— Ni mejor ni peor que en muchas partes del mundo. Hay de todo. Cuesta encontrar algo sobresaliente, porque está soterrado, escondido. Pongo mis esperanzas en la labor de las editoriales independientes y en la curiosidad de los buenos lectores para encontrar ese plus que le pedimos a la literatura. Hay mucho por hacer y, en etapas de sequía, se pueden abrir caminos nuevos para la cultura.

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