Leonard Cohen, el poeta que envolvía con sus melodías

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El músico Leonard Cohen en una imagen de archivo. / Efe

Aunque sepamos que la vida, y con ella la muerte, van por libre, no nos privamos los humanos por rastrear signos en todo acontecimiento. La muerte de Leonard Cohen, en la ciudad de Los Ángeles donde residía, a los 82 años, y apenas un mes después de haber editado su último disco, You want it darker, y haberlo presentado en la residencia del embajador canadiense (Cohen nació en Quebec) el pasado 13 de octubre, ha sucedido después de que el género de música que él hacía hubiese sido valorado en lo que valía con el Premio Nobel de Literatura en la figura de Bob Dylan, y días después de que Donald Trump haya sido elegido presidente de los Estados Unidos: como si el pasado hubiese sido recompensado ya en buena parte y el futuro, inquietante, ya no le perteneciera.

Todo esto es literatura, y es probable que sea mala literatura, pero no por ello planea menos en la muerte de este poeta cantarín de voz melodiosa, envolvente, susurrante, de buen talante; en contraste con el de su colega Dylan, voz terrible, agónica por nasal hasta decir basta, voz ríspida, en conjunción con el carácter del músico, tremendo atrabiliario.

Tengo que decir que no soy un adepto incondicional del género del poeta cantor, en agudo contraste con la gente de mi generación, y que prefiero el arrastrado soniquete de las primeras canciones del joven Dylan, las mejores y de las que Marguerite Yourcenar dijo ya en los sesenta que eran producto de un buen poeta, a las de Leonard Cohen. Pero reconozco que cuando este hombre se pone en vena es irresistible y que cuando uno está enamorado recurre más a diluirse en las cantinelas de Cohen que en las de Dylan y que, por ello, Cohen es uno de los grandes poetas cantores que mejor y con más tino ha sabido cantar al amor : Suzanne, Marianne... hitos en su carrera.

Su último disco, You want it darker, poco o nada tiene que ver con todo esto, o quizá no, y aquí el amor estuviese ya transfigurado en otro componente. Es disco donde Cohen, que se sabía morir, se despide del mundo y acepta su muerte, y la acepta al modo en que aceptó la vida. Talante, pues, de aceptación casi zen de lo que nos espera y que halla en el sentimiento del amor que es lo que en definitiva rige el mundo de los humanos, así sea como anhelo último. Con You want it darker, Cohen completa en círculo su significado como poeta cantor: de Suzanne a este último disco, donde en medio se encuentra toda su obra, se halla un implacable sentido de la coherencia. Cohen siempre fue hombre de principios sólidos y bien medidos.

Leonard Cohen, nacido en Montreal en el año 34, se fue a Nueva York a buscar fortuna cuando esta ciudad parecía creerse el ombligo del mundo. Había publicado entre los años 1955 y 1966 cinco libros de poemas antes de conjugar éstos con la música y pasar de la literatura a la categoría de poeta cantor, y eso que había recibido elogios de ciertos críticos que le había rastreado signos dignos de James Joyce. Pero se fue a Manhattan y allí conoció a Andy Warhol, a su Factory y al Hotel Chelsea, que todo es uno, y conoció también a Judie Collins, que en su momento cantó Suzanne, pero sobre todo hizo amistad con John Hammond, el agente descubridor de Billie Holiday y Bob Dylan, que le hizo grabar su primer disco. Fue nada menos que en la Columbia. Cohen empezaba con buena estrella. En cierto modo nunca le abandonó.

El disco era Songs of Leonard Cohen, título raro aunque descriptivo como ninguno, y supuso una revolución en el género porque combinaba con rara intensidad imágenes de gran trascendencia simbólica con elementos místicos que se unían para dotar al amor de una categoría superior y encarnada en figuras femeninas muy definidas. Suzanne, So Long, Marianne, Sisters of Mercy... eran canciones dignas del folk más estricto pero eran ya otra cosa con sus elementos acústicos en la guitarra y su envolvente, susurrante voz. Voz que fue su firma. Su grandiosa firma.

Cohen creía en su imaginario de niño –tenía 15 años cuando descubrió a Lorca– que España era sitio cercano a México y que el flamenco debía ser lengua cercana a Holanda. Pero cuando se dio cuenta temprana que era país cercano a Francia, en el Quebec muchos se creen franceses americanos, y que el flamenco era música cercana a lo mejor de la creación del hombre y que había por ahí un poeta llamado Federico García Lorca, la fascinación por la cultura española nunca le abandonó, hasta el punto de musicar poemas de FGL en el colectivo Poetas en Nueva York, junto a Paco de Lucía, Georges Moustaki, Lluís Llach, Angelo Branduardi... Años antes había puesto a su hija el nombre de Lorca, poeta de quien dijo fue el que invitó a vivir el mundo, y lo dijo cuando recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2011. Cohen, España, su cultura... una unión que tuvo presente a lo largo de su vida.

La obra de Leonard Cohen es amplia y plena de aciertos, con una música más constante en su calidad que la de Dylan, música esta de Dylan más dada a aciertos genialoides junto a caídas estrepitosas: Hallelujah, Dance Me to the End of Love, The Gypsys' Wife, I'm your Man. Leonard Cohen en estas canciones se hizo único, irrepetible.

Leonard Cohen ha muerto pocos días después de la concesión del Nobel a Dylan, sí, pero también pocos días después de que muriera Marianne, la mujer que inmortalizó en So Long, Marianne.

Me resisto a emitir más correspondencias.


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