ELVIRA HUELBES | Publicado: - Actualizado: 7/1/2017 19:03

Entrevista con la escritora Cristina Fernández Cubas
La escritora Cristina Fernández Cubas, el pasado día 16, tras conocer que había obtenido el Premio Nacional de Narrativa 2016. / Marta Pérez (Efe)

La escritora Cristina Fernández Cubas ha obtenido el Premio Nacional de Narrativa 2016 por La habitación de Nona (Tusquets, 2015) un libro de relatos, en los que la escritora se mueve como pez en el agua, y que ya había sido Premio de la Crítica 2015. Fernández Cubas es maestra del género, nadie lo duda, una escritora que se mantiene fuera de los focos y las alfombras rojas, como si su mundo literario y personal estuvieran demasiado entreligados como para exposiciones. Quizá sea una de las razones por las que el premio ha tardado en llegar. Claro que no ha sido el único. El mejor premio de sus libros: desde Mi hermana Elba (1980) y Los altillos de Brumal (1983) -del que Cristina Andreu hizo la película Brumal (1988)- a este último volumen, es leerlos. El ángulo del horror (1990), Con Agatha en Estambul (1994), Parientes pobres del diablo (2006), relatos que se reunieron en 2008 en Todos los cuentos, con premios diversos. Y también novelas:  El año de Gracia (1985), El columpio (1995), La puerta entreabierta (2013) con el pseudónimo de Fernanda Kubbs. Una obra de teatro: Hermanas de sangre (1998) Una especie de memorias, Cosas que ya no existen, un ensayo sobre su admirada e injustamente tratada Emilia Pardo Bazán, ambos de 2001. Vamos, que no se ha estado callada mucho tiempo, por suerte.

— Cuando leo sus cuentos siento algo del aire que John Huston puso en Los muertos, de Joyce.

— ¡Un gran cumplido!  Gracias.

— ¿Le inspiran los que ya no están, aunque en las viejas fotografías parezcan aún vivos?

“Yo creo que no perdí la infancia del todo, sigue dentro de mí, en letargo”

— Me inspira la estela que pudieron dejar los ausentes. Pero no únicamente. Los cuentos surgen de los estímulos más variados. Los recuerdos, los sueños, un óleo, la conversación que has oído aquella misma mañana, ganas de viajar a lugares desconocidos… O la imaginación pura y dura, no la olvidemos.

— ¿“La realidad es simplemente una ilusión aunque muy persistente”, según Einstein y usted misma?

— Sobre todo según Einstein. A mí su persistencia me desarma.

— Está contemplando algo cotidiano y, de repente, surge lo extraño…

— Eso es lo que me inquieta. La cotidianidad alterada por la irrupción de un elemento extraño que, tanto si desaparece como si permanece, logra que las cosas ya no sean jamás las mismas… Algo se quiebra o transforma en algún lugar.

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Cristina Fernández Cubas, en otra imagen del pasado día 16. / M. P. (Efe)

— La pérdida de la infancia: es algo que vuelve a usted de cuando en cuando, que no se le va de la cabeza

— Yo creo que no la perdí del todo. Sigue dentro de mí, en letargo, pero ahí está. Y en el fondo no me parece que con la edad cambiemos tanto.

— Hay quien ha dicho que es maestra maestra sensei del punto de vista infantil, que lo domina como si tuviera siete años ¿de dónde le viene ese don?

— Vaya , ahora sí que me asusto. ¿O no debería?

— ¡Qué va! Es buenísimo. El cine, la pintura, como la de Cecioni que ilustra La habitación de Nona, le inspiran a escribir y, curiosamente, pasan a ser iluminados por la palabra.

— Me gustan los cuadros con historia secreta. Como el de Cecioni. El reto es desvelarla o inventarla. Por eso suelo ir a los museos sola o con amigos a los que les pase algo parecido.

— Los sueños son buena materia prima para sus cuentos, ha dicho alguna vez.

“Los sueños nos abren las puertas de un mundo en el que todo parece posible”

— Los sueños poseen una lógica especial difícil de reproducir. Tal vez porque nos abren las puertas de un mundo en el que todo parece posible. Son el umbral de “lo otro”. La frontera.

— ¿Cuanto más raro es lo que quiere contar, más verosímil tiene que parecer?

— Naturalmente. El lector tiene que seguirte, entrar en tu propuesta, convertirse en tu cómplice… Si no te cree, malo. No hay nada peor (y ahora hablo también como lectora) que poner en duda lo que se te cuenta. El autor te pierde irremisiblemente.

— ¿Tan grande es, de verdad, el poder de la palabra? (Y qué poco abunda entre tanta abundancia de libros que se publican).

— La palabra crea, destruye, cura, duele, te hace viajar sin moverte de tu casa… un poder inmenso.

— Ha dicho: “Creo en el lector inteligente y creativo… Me gusta creer que el lector se quedará meditando después de leer la palabra fin”. ¿Cree que hay muchos de esos?

— Claro que los hay. Casi todos los lectores de cuentos son así.

— “Un estilo tan luminoso que destaca, por contraste, el motor de la escritura de Fernández Cubas, su aproximación a lo siniestro”, (Carlos Pardo). Creo que acierta de pleno. ¿Cuándo se dio cuenta de que ya había dado con su estilo?

— Supongo que el estilo se va depurando. Pero creo que en lo esencial se apuntaba ya en Mi hermana Elba, un primer libro para mí muy importante. Y el mundo es el mismo. Me interesa el misterio, lo que no comprendo o lo que no se ve… Nona y Elba, aunque les separe la friolera de treinta y seis años, son, en el fondo, primas hermanas.

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